
Pero el compás cada vez se hacía más persistente y más llevadero. Cuanto más dura era la amenaza, cuanto más tristeza rondaba el ambiente, cuanto más imposible parecía seguir adelante, aquel ritmo tiraba con más fuerza. Las hadas siguieron avanzando a través de un tornado y en seguida volvieron a girar la esquina. Y allí estaba ella. Vestida de oro, con una corona de flores doradas, tañía su lira, como si de una de ellas, otra hada más se tratase. “¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?” El vestido vaporoso parecía tener vida propia, y cubría sus pies, que, seguramente se hallaban atados por un cordón plateado. “Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros” Allí estaba ella, “Yo voy soñando caminos de la tarde” Poesía. “Huye luna, luna, luna” Poesía recordaba al mundo las cosas bellas. “Entenderás ya que significan las Ítacas” Poesía guiaba a la humanidad de vuelta al camino de la felicidad. “¡Qué alegría más alta vivir en los pronombres!”
Las hadas siguieron su camino con una nueva energía. Parecía que Poesía había cogido lo peor de la humanidad y lo había transformado. A veces era triste, melancólica, otras aventurera y hasta romántica, pero sabía sacar belleza hasta de las situaciones nefastas. De repente todo cambió. Las hadas sabían que desde poesía habían topado con lo más alto de la expresión humana. Lo más puro, lo más bello, lo mejor del hombre: se habían encontrado con las artes. Estaban juntas en un halo dorado, todas ellas tan parecidas, con su abundante cabellera castaña con algunos cabellos rubios y otros morenos, y sus hermosas caras y sus cuerpos estilizados, unidas por un cordel plateado, pero tan distintas. Allí estaba Música “ Hey Jude, don’t make it bad…” con una sonrisa por bandera, llevando el ritmo con la mano. “Dan las seis, sintonizo a los Stones” Curaba las penas. Nos recordaba quiénes éramos y de donde veníamos “Por el puente de Aranda se tiró, se tiró”. Animaba las fiestas. “Bailando, me paso el día bailando”. Proporcionaba el consuelo que nuestro cerebro y nuestra alma necesitaban.Muchas veces sin letra, llegaba incluso más adentro del alma, pero aún así de podría cantar “Ta, ta, ta, taaaaaaan”. Se decía que música tenía más poderes curativos que nadie en el mundo. “Anyway the wind blows…” Encima de ella flotaba Pintura, soñando con una Noche Estrellada, con un Beso, con una Virgen de las Rocas, con un bello Estanque de Nenúfares, con las ruinas del bombardeo de Guernica, con unos relojes derretidos que mostraban La persistencia de la Memoria… Encima suya Escultura se apoyaba en un señor Pensador, se dejaba moldear el pelo con un Peine del Viento, observaba a David que miraba a un sinfín de Soldados de Terracota… A continuación Teatro jugaba con mascaras con distintas emociones, cambiaba su expresión de la tristeza, a la felicidad, al terror, a la sorpresa… Teatro representaba la realidad de la humanidad y ahondaba en lo más profundo de nuestro ser. Seguía en la fila Danza, Arquitectura, Ópera y todas las artes que redimían al ser humano.
Las artes purificaron a las hadas que llegaron al final de su viaje. Allí estaba Amor. Sobre un césped plagado de flores, un coro de ángeles, vestidos con túnicas rosas con adornos dorados, con arpas, guitarras, bandurrias, panderetas tocaba, armonizaba y acompañaba a una pareja que se besaba, en medio de un halo dorado provocado por el sol, que brillaba con fuerza sobre ellos y en sus corazones. Esta era la mayor bendición de la humanidad. Amor estaba presente en la vida de todos. Padres, madres, hijos, amigos, novios, novias… Todos nacían con la bendición del Amor y podían distribuirlo como quisieran. Las Fuerzas Hostiles intentaban destruirlo, pero a veces no hacían sino reforzarlo. Las artes lo llenaban, lo idealizaban, lo elevaban a lo más alto. Pero, por encima de todo, el Amor llenaba las almas de los hombres, hacían que la vida valiera la pena. Las artes purificaban la esencia de los seres humanos, contrarrestaba el mal y abría los corazones para Amor.
Las hadas miraron la escena y sonrieron. Habían llegado al final de su camino y había merecido la pena. Habían aprendido a sobrevivir con la desesperanza, a convivir con las fuerzas del mal, habían reforzado su esencia a través de las artes y habían conocido el amor. Las ninfas, flotando, observaron por última vez a la pareja. El hombre era más alto que ella, que le rodeaba el cuello con los brazos. Él la estrechaba entre sus brazos y ambos ofrecían su beso a todo el mundo, recordando todas las emociones y las esperanzas acumuladas de la humanidad. Las hadas se dispusieron a proseguir su camino, pero se dieron cuenta de algo. A aquella pareja, fundida en el amor no se les veían los pies. Desde sus pantorrillas, hasta sus pies, un cordel plateado los unía, ¿solo el uno al otro?
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