Una bebida caliente

En Japón tomar el té es una ceremonia, un ritual importante dentro de su cultura, donde todo se observa con cuidado y dedicación. Tanto es así que el ceremonial se recogió en el año 764 d. C. en La Sutra del Té, y son numerosos los textos posteriores que reflexionan sobre el tema. Estos datos contextualizan la importancia que la bebida tiene en la cultura nipona y el hecho de que sea un ritual le confiere un aspecto místico que eleva el acto de beber té hasta más allá de lo fisiológico para alcanzar un valor simbólico asociado al respeto y al bienestar. 

​Sin embargo yo no pienso hablar de todo eso. En lugar de indagar en la milenaria sabiduría japonesa desarrollada en torno a la bebida, voy a llevar a cabo un ejercicio de egocentrismo supremo y voy a hablar de mi propia cultura en materia de infusiones.

Las bebidas calientes nos reconfortan. Pueden ser la solución perfecta para un día gris en cualquier sentido. Armonizan nuestro espíritu con la belleza del entorno y nos hacen ver las cosas de una manera distinta. Y es aquí donde el carácter ritual de toda una cultura se traspasa a la experiencia personal: en la búsqueda consciente de la delicadeza y la hermosura en el día a día, en la práctica sensorial que produce preparar y degustar una infusión.

​Oler las distintas opciones para elegir cuál tomar, decidir la vajilla para ello, buscando que se adecue al día. Preparar el hervidor y escuchar el silbido que avisa de que el agua está caliente. Sentir ese calor traspasar la porcelana y llegar hasta tus manos mientras la preparas, para transcurridos unos minutos notar por fin el sabor en tu boca. Y, por supuesto, la posibilidad de llevar a cabo este pequeño rito cada día, añadiendo algo de solemnidad y de celebración a la cotidianidad. Mientras bebes la infusión, solo haces eso. Es un buen momento para parar tras las obligaciones de la jornada y ajustar tu ritmo a una vida más calmada. Para reflexionar, desconectar y cambiar de tercio.

​La experiencia cotidiana, además, puede ser completada con momentos de elección puntuales: ir a una tienda de infusiones y olerlas, descubrir nuevas bebidas y probarlas por primera vez. Comprar teteras y tazas (podría escribir sin parar sobre este tema).

Pero, además de este ritual cotidiano, hay algo aún mejor: compartirlo con amigos. Quedar con nuestros seres queridossiempre es una manera de disfrute y conexión, pero distintas situaciones producen distintas emociones y las charlas que se tienen al tomar el té no son iguales que las que tienes cuando vas de cañas. Disfrutar de la bebida caliente mientras se conversa, además de reconfortante, puede ser tan revitalizador como unas vacaciones. La buena noticia es que para ello solo hacen falta dos cosas: una infusión placentera y la compañía adecuada. Y es que a veces es más sencillo de lo que creemos encontrar momentos de bienestar en el día a día.

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