Libros ambientados en librerías

Los libros ambientados en librerías son prácticamente un género literario. En ellos, la librería actúa como refugio, como lugar en el que nos sentimos bien, protegidos y rodeados de amigos. Vamos, como en la vida misma. Como ayer se inauguró la Feria del Libro de Madrid, aprovecho para repasar algunos de mis libros favoritos ambientados en librerías. 

TÍTULO: La curiosa librería

AUTOR: Shinosuke Yoshitake

EDITORIAL: Pastel de Luna

ARGUMENTO: Este álbum ilustrado, como todas las obras de Yoshitake, no es un libro al uso. A través de la palabra y la imagen, el autor nos habla de librerías y libros distintos para hacernos reflexionar sobre la condición humana y la cultura, acercando la filosofía a cualquiera como solo él sabe hacer.

TÍTULO: La librería del señor Livingstone

AUTOR: Mónica Gutiérrez

EDITORIAL: Ediciones B

ARGUMENTO: El universo de Mónica Gutiérrez es un refugio al que recurrir siempre que necesitamos una librería acogedora y una infusión caliente. Sus libros están llenos de librerías maravillosas, pero en esta en concreto la propia librería es protagonista. Un lugar de tránsito, cambio y donde encontrarse a sí mismo para la protagonista, Agnes, acompañada de personajes maravillosos como el señor Livingstone —que es el librero— o el cliente habitual de la tienda, un niño llamado Oliver Twist.

TÍTULO: Libres y libreras. Mujeres del libro en Londres.

AUTOR: Yolanda Morató

EDITORIAL: El Paseo

ARGUMENTO: En este caso hablamos de un ensayo, no de una novela, que, sin embargo, mantiene el ambiente librero como nadie. Desentrañando la historia de las mujeres libreras en Londres nos propone una visión distinta del mundo del libro y de su evolución a raíz de la incorporación de las mujeres a él.

TÍTULO: La mujer de la libreta roja

AUTOR: Antoine Laurain

EDITORIAL: Salamandra

ARGUMENTO:  Este libro corto es pura poesía libresca. Un feliz librero encuentra un día un bolso abandonado del que ha desaparecido casi todo. Sin embargo, queda una libreta roja que llama la atención del librero. Entre sus páginas intenta hallar la identidad de la dueña hasta que, en  un curioso giro de los acontecimientos, cambian las tornas. Todo ello con un personaje secundario de lujo: el escritor parisino Patrick Modiano.

TÍTULO: La librera de El Cairo

AUTOR:  Nadia Wassef

EDITORIAL: Península

ARGUMENTO: La librera Nadia Wassef nos cuenta cómo fue abrir la primera librería que seguía el modelo occidental en Egipto, sus éxitos, sus fracasos, sus emociones y sus sensaciones. Todo ello en el Egipto moderno, ese que no es tan fácil encontrar en la literatura, pero que será el que conozcas si decides viajar al país del Nilo.

Veneno para escritores

Hoy os traigo un libro que se lee rápido, pero se piensa lento. Veneno para escritores, de Nicola Lecca, es una obra corta, pero muy bien escrita, por lo que ambos factores combinados hacen que el libro no dure mucho en manos del lector. Con el envoltorio de una novela negra y un humor muy fino, se trata, sin embargo, de una obra que cuestiona el mundo del libro hoy en día desde una perspectiva global que no deja ningún punto de vista fuera.

La obra empieza con la heroína y villana Antonina Pistuddi, escritora de gran prestigio pero sin apenas ventas, concediendo una entrevista a un peso pesado de la BBC para desmentir los rumores que la acusan de homicidio por la muerte de cuatro jóvenes escritores tras comer un risotto de setas preparado por ella. La obra juega en todo momento con la duda de si ella sabía que las setas eran venenosas o no, y poco a poco vamos descubriendo a los asesinados: un influencer que ha escrito un libro sobre cómo serlo; una joven diputada británica con pasado truculento que ha escrito sus memorias; un modelo-escritor de poesía para Instagram; y una cantante que ha publicado una novela que ni siquiera se ha molestado en leer, no digamos ya en escribir.

El perfil de los asesinados se estudia como posible móvil, en una crítica a los superventas de hoy en día y a la transformación de la literatura en un bien de consumo. Pero no nos equivoquemos: como todo, siempre hay otra versión de los hechos y, según avanza la historia, vemos cómo este tipo de libros también contribuye al mundo del libro, nos guste o no.

Con mucha ironía e intriga hasta el final, nos sumergimos en un texto sobre el mundo literario que nos dejará pensando sobre lo que leemos.

Cuentos de tradición oral

Los cuentos en nuestro país

En el ámbito nacional, la recopilación de cuentos tradicionales ha sido más tardía y dispersa, pero igualmente relevante. Destacan tres momentos: mediados del siglo XIX, con Fernán Caballero (pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber); finales del siglo XIX, con Antonio Machado Álvarez (el padre del poeta); y, a partir de 1920, la corriente folclórico-filológica (Aurelio M. Espinosa, padre e hijo), que realiza un estudio sistemático en el que, entre otras cosas, respeta el lenguaje de las personas que transmiten los cuentos.

Aunque, como hemos dicho, sus temas son universales (por ejemplo, existen más de trescientas versiones de Cenicienta recogidas por todo el mundo), los cuentos tradicionales de nuestro país tienen una serie de características que los diferencian del resto. Cabe destacar que la novela picaresca española es una continuación de los cuentos de tradición oral. En nuestro país, lo más habitual es que:

– El tema central sea el hambre: las historias comienzan porque no hay dinero para alimentar a la familia; en los cuentos de animales está presente quién se come a quién, quién es comido y qué se puede comer, etc.

– El héroe esté dispuesto a hacer el bien sin que haya un contrato mágico.

– La misión aparezca por accidente (relacionado con el hambre).

– Haya mayor realismo, menos violencia y más afición por lo escatológico (en la versión española original de Los tres cerditos, el lobo no sopla: se tira pedos).

– El desparpajo forme parte inherente de los personajes.

– Haya un castigo sin paliativos al agresor.

– Se centren en dramas reales que se tratan de frente, sin el pudor que caracteriza a los cuentos europeos.

– También suela aparecer el tema de la descendencia (la falta de ella o el exceso de descendencia que no se puede alimentar).

Dentro de los cuentos de tradición oral en España, la figura más destacada es Antonio Rodríguez Almodóvar, clave en la recuperación, estudio y difusión del cuento tradicional en España. Su trabajo se centra especialmente en el folclore andaluz, aunque su alcance es de carácter nacional. A diferencia de otros recopiladores que adaptaban o transformaban los relatos, Almodóvar apuesta por una recogida rigurosa, respetando la estructura, el lenguaje y el sentido original de las narraciones orales. También analiza los cuentos y los estudia partiendo de los estudios del ruso Vladimir Propp.

Sus dos grandes obras son Cuentos al amor de la lumbre, una recopilación para adultos donde se estudian y reúnen por ciclos los cuentos más habituales en nuestro país, y Cuentos de la Media Lunita, varios volúmenes en los que recupera los cuentos tradicionales y los adapta, con cambios mínimos, para el público infantil. Esta colección fue muy popular en los años noventa y aún se sigue usando en los colegios; es ideal para comenzar a compartir con los más pequeños los cuentos de tradición oral. 

Llegados a este punto me veo en la obligación de recordar que son cuentos muy antiguos que se contaban en sociedades distintas a las de hoy en día. Por ello, cuando surge un problema, hay una lucha, un momento escatológico o violento puede resultarnos muy distinto de la literatura infantil que hoy en día se escribe para niños que evita cualquier experiencia violenta o temas que puedan resultar comprometidos (aunque no por ello sean menos necesarios). Una actitud curiosa teniendo en cuenta que, salvo en la literatura, sometemos a los más pequeños a una violencia constante en una sociedad en la cual desde el propio uso del lenguaje está determinado por la ofensa, donde se puede insultar impunemente empezando por las clases dirigentes, pasando por un montón de situaciones cotidianas donde predominan las faltas constantes de respeto. 

Por otra parte, son unos grandes transmisores de valores como la perseverancia, la igualdad, la generosidad, la empatía… a veces de una manera demasiado evidente ya que, las transgresiones y los malos hábitos suelen ser castigados sin paliativos. Son fundamentales también para el pensamiento crítico, al enfrentar a los niños a distintas situaciones vitales pero también morales, presentando distintas soluciones y como transcurren y siempre con el brillo que dan las historias del pasado, en las cuales la magia, aunque no se mencione es la clave fundamental.

Cuando leemos estos cuentos con los niños, evidentemente podemos leerlos, pero la magia surge al contarlos, pues esa es su esencia más viva. Tenerlos en libros nos sirve para no perderlos, pero el encanto que surge de contar una historia es una de las herramientas más potentes para motivar la lectura. Además, crea vínculos y forma parte del tiempo de calidad que podemos pasar con los más pequeños. No importa que no contemos el cuento con las mismas palabras: eso no es lo importante. Con conocer la estructura y lo esencial de la historia, podemos narrarlo, pues esa era la manera en que se hacía en el pasado y la mejor forma que tenemos de honrarlo hoy en día.

Cuentos de tradición oral

Literatura infantil

INTRODUCCIÓN

En este mes tan feliz por todo lo que se celebra en él, he querido dedicar un tiempo a aunar, de alguna manera, la celebración del Día del Libro con la de Castilla y León. En un primer momento pensé en escribir sobre libros ambientados en esta comunidad autónoma para niños, pero pronto desistí al ver que, si en la literatura de adultos apenas aparece, en la infantil no tiene cabida. Por eso he elegido abordar un tema que, evidentemente, nos lleva a la literatura infantil y que puede resultar un gran recurso para motivar y educar a nuestros niños, pero que también los adultos podemos leer y disfrutar, con esa nostalgia del tiempo transcurrido, pero sobre todo con los ojos del adulto que descubre todo lo que se oculta tras un libro que parecía sencillo. Y, para empezar a descubrirlo, aquí dejo un poco de información sobre los cuentos de tradición oral.

Los cuentos tradicionales son un patrimonio inmaterial colectivo configurado por narraciones de transmisión oral que han pasado de generación en generación a lo largo del tiempo. Aunque parece que todos los conocemos, en realidad son unos grandes desconocidos debido a las constantes censuras y adaptaciones que han sufrido desde que se empezaron a recopilar a partir del siglo XVII. Sin embargo, las versiones reales han pervivido hasta hace muy poco y hemos tenido la posibilidad de recopilarlas en el último instante, justo antes de que las últimas personas portadoras de la sabiduría ancestral perecieran y solo nos quedasen las adaptaciones de los libros.

Estos cuentos se contaban fundamentalmente en las sociedades rurales y eran el acceso al conocimiento y el medio de educación más habitual. Normalmente se asocian con el final de las largas jornadas laborales, cuando se descansaba junto a las hogueras, tanto en el exterior como en el interior, pero la realidad es que se contaban en cualquier momento del día para aligerar la pesada carga del trabajo. Suelen presentar estructuras sencillas, personajes arquetípicos (héroes, villanos, seres mágicos) y enseñanzas implícitas relacionadas con valores, normas sociales o experiencias universales. Forman parte del patrimonio cultural de los pueblos y constituyen una herramienta educativa de gran valor en todas las etapas del desarrollo infantil y juvenil.

Debido a su origen, son cuentos que suelen centrarse en héroes pobres o de extracción humilde y critican la división social entre poseedores y desposeídos. Potenciaban el pensamiento crítico en las culturas iletradas a través de oposiciones y dicotomías. Los cuentos tienen una articulación binaria: cada cuento tiene su alternativo y complementario. Los alternativos serían por oposición (El gallo Kiriko no trata bien a los demás; Medio pollito, sí: el primero fracasa, el segundo triunfa con la ayuda de los demás) o equivalentes (cada Bella durmiente tenía su príncipe durmiente; cada Cenicienta, su equivalente masculino). Normalmente, las encargadas de la transmisión oral eran las mujeres, lo que explica por qué en sus versiones originales son ellas quienes suelen solucionar los problemas de distintas maneras.

Una de las historias más interesantes relacionadas con la tradición oral es la existencia de las llamadas «personas biblioteca»: una sola persona que conocía muchos cuentos y los guardaba en su interior, transmitiéndolos y enseñándolos a las nuevas generaciones para que no se perdieran.

Estos relatos existen desde tiempos remotos: algunos se sitúan incluso en el Neolítico. En Cuentos populares españoles III, de Aurelio M. Espinosa, se considera que algunos de los cuentos recopilados proceden de tradiciones ibéricas prehistóricas, y Wilhelm Grimm también escribió sobre el tema. Un cuento muy conocido, Pulgarcito en todas sus versiones (como una de sus versiones castellanas recopilada por Joaquín Díaz, Cabecita de ajo), ha sido objeto de estudio de la Royal Society, que sitúa este cuento en el final del Neolítico.

Sin embargo, su recopilación sistemática comienza principalmente entre los siglos XVII y XIX. En este periodo, diversos autores y estudiosos empiezan a recoger por escrito historias que hasta entonces circulaban de forma oral. Este proceso responde tanto a un interés literario como al deseo de preservar la cultura popular ante los cambios sociales derivados de la modernidad o, en el caso de los hermanos Grimm, de fomentar el nacionalismo alemán como contraposición a las invasiones napoleónicas. Sin embargo, como los recopiladores pertenecían a las clases intelectuales altas, excluyeron todos los cuentos que implicaban hombres encantados, mujeres que resolvían problemas y críticas a las clases superiores. Estas versiones son las más extendidas y han llevado a una crítica de género que generaliza al desconocer las versiones reales en lugar de fomentarlas.

Entre los principales recopiladores internacionales más famosos encontramos a Charles Perrault y los hermanos Grimm. Charles Perrault (Francia, siglo XVII), quien adaptó cuentos como Caperucita Roja o La Cenicienta con una clara intención moralizante. Los hermanos Grimm (Alemania, siglo XIX), que recogieron cuentos del folclore germánico. Siempre se ha interpretado que iban por los pueblos recopilando cuentos, pero la realidad es que los obtenían de estudiantes universitarios y de clases intelectuales. Por este motivo son cuentos que pierden el matiz fresco de lo auténtico y estudios sugieren que, debido a ser clases intelectuales, es muy probable que estén influenciados por Perrault y otras versiones escritas. Cabe destacar que, partiendo de la base de que tanto Perrault como los Grimm seleccionan que cuentos transcriben y cuales no, eliminando las historias de hombres salvados por mujeres, los propios hermanos Grimm son los primeros en adaptar, censurar y mejorar la escritura sus textos para llegar a un público infantil que, en principio, no era su objetivo pero que fue el que mejor recibió sus historias.

Es importante saber que Hans Christian Andersen (Dinamarca, siglo XIX) no es recopilador, sino el primer escritor de cuentos infantiles. Aunque algunas de sus historias toman elementos de la tradición oral, sus cuentos no son tradicionales, sino originales (al hablar de ellos, lo correcto sería decir cuentos clásicos, nunca tradicionales, ya que no proceden de ninguna tradición).

Continuará…

Libros tan inspiradores como la primavera

Cuando llega la primavera el cuerpo me pide leer libros tan hermosos como el paisaje.

No sé qué ocurre cuando llega la primavera que un cierto tipo de libro me reclama. Lo busco en mis estantes y en librerías, en bibliotecas y en el paisaje. Tal vez se trate de que la belleza lo impregna todo y no dejo de mirar a mi alrededor, y que entre brotes y flores, con los lirios surgiendo hasta en las cunetas y las lilas en el horizonte, la misma hermosura tiene que transmitirme el libro para que baje la vista del panorama. 

Me paso toda la primavera buscando un libro que me traslade al campo, que me haga sentir en la naturaleza, pero con una palabra escrita que imite su belleza. Sí, sé que nunca la igualará, pero solo con una sombra de lo que es me sirve para disfrutar. Pese a que busco y no cejo en mi empeño hay varios libros primaverales que me acompañan y siempre en estas fechas leo. Voy a dejarlos por aquí… si os ocurre alguno que pueda gustarme, no me lo dejes de decir.

CAMPOS DE CASTILLA

AUTOR: Antonio Machado

EDITORIAL: Le tienen muchas editoriales, el mío es el mismo Cátedra que leí en el colegio, con hojas de los álamos del Duero entre sus páginas.

POR QUÉ: Porque Antonio Machado es la belleza, el que más cerca ha estado de equiparar la belleza de la palabra escrita con la de la naturaleza y porque no concibo ni la vida ni la primavera sin la esperanza que me dan solo dos versos: Mi corazón espera, también hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.

PLATERO Y YO

AUTOR: Juan Ramón Jiménez

EDITORIAL: El mío es Austral

POR QUÉ: Este libro tiene tres cosas que me vuelven loca: los burros, el campo y la prosa poética. Platero es la ternura y la belleza, es la naturaleza misma convertida en palabra escrita. Es un libro de esos que te llena por dentro de tal manera que no cabe nada más, solo su perfección. 

LAS COSAS DEL CAMPO

AUTOR: José Antonio Muñoz Rojas

EDITORIAL: Renacimiento

POR QUÉ: El título sencillo contrasta con la prosa poética que te transporta. Describe momentos del campo que son cotidianos con la precisión exacta para dotarlos de la trascendencia que a veces se nos olvida que tiene la naturaleza.

SI UNA MAÑANA DE VERANO, UN VIAJERO

AUTOR: José Carlos Llop

EDITORIAL: Alfagura

POR QUÉ: Pese a estar ambientado en verano, tiene un equilibrio entre naturaleza, escritura y delicadeza que lo hace perfecto para esta época del año.

PAISAJES DEL ALMA 

AUTOR: Miguel de Unamuno

EDITORIAL: Austral

POR QUÉ:  El título lo dice todo; es capaz de hablar del paisaje con esa plenitud que yo asocio con la primavera.

UN JARDÍN AMADO DONDE DESCANSAR

AUTOR: María Ángeles Álvarez

EDITORIAL: Cuadernos del laberinto

POR QUÉ:  Porque te hace sentir todo lo que importa de la naturaleza. Los olores, los colores, las sensaciones. Un jardín que no por estar delimitado deja de ser infinito sobre todo por todo lo que te puede ofrecer. 

Estos son mis libros para esta época del año, pero siempre ando buscando otros que incorporar. Este año, por ejemplo, llevo guardando desde verano Impresiones y paisajes de Federico García Lorca, porque creo que será una lectura primaveral. Cuando leo estos libros no es algo que me apetezca, sino un anhelo del alma. ¿Se te ocurre algún otro que me pueda gustar? Si es así, dímelo en comentarios, por favor.

Libros sobre escribir

Una selección para aquellos que amen tanto la lectura que quieran saber más sobre el proceso de escritura y para aquellos que quieran escribir y no sepan por dónde empezar.

Escribir y leer. Dos caras de la misma moneda. Encuentro y huida, fantasía o realidad: dos maneras de articular el mundo y comprender la existencia que asociamos con la felicidad. Hay un tipo de libros del que hoy os voy a hablar. Los que hablan sobre la escritura, los que nos mueven a sentarnos a narrar o cómo hacerlo si queremos comenzar. Hay quien tiene miedo al papel en blanco, que piensa que no debe hacerlo, que es para unos pocos iniciados. Pero escribir es una magia singular, puede hacerlo cualquiera, solo es cuestión de empezar. No se trata de que seamos Cervantes, Virginia Woolf o Calderón de la Barca, lo importante es que disfrutes mientras deslizas el bolígrafo por la página. O tal vez solo escribas para sanar o lleves un diario que más adelante te sirva para recordar. Cuanto más practiques, como todo en la vida, mejor lo harás, y con algunos de estos libros, algo aprenderás que a buen seguro te ayudará. Disfruta de la palabra escrita en todas sus facetas; es fantástico si lo intentas.

LA ENFERMEDAD DE ESCRIBIR

AUTOR: Charles Bukowski

EDITORIAL: Anagrama

ARGUMENTO: En este volumen se recogen los fragmentos de los diarios del escritor en los cuales habla sobre escribir. Traslada muy bien la belleza y la lucha que se experimenta al relacionarse íntimamente con la palabra escrita.

PROUST. ESCRIBIR

AUTOR: Marcel Proust

EDITORIAL: Páginas de Espuma

ARGUMENTO: Este libro recoge los fragmentos de la obra de Proust en los que habla sobre arte y literatura. Es un buen compendio, ya que su obra está plagada de este tipo de reflexiones.

MANIFIESTO: SOBRE CÓMO NO RENDIRSE

AUTOR: Bernardine Evaristo

EDITORIAL: AdN

ARGUMENTO: En este libro la autora inglesa retrata su vida como novelista, exponiendo lo duro que es, el trabajo que lleva pero cómo si persistes puedes llegar adonde quieras.

DIARIOS DE VIRGINIA WOOLF

AUTOR: Virginia Woolf

EDITORIAL: Tres Hermanas

ARGUMENTO: Los diarios completos de la autora nos muestran una imagen de su día a día única. Y en ellos, aparte de comprar guantes y cenar con amigos, se puede ver el proceso completo de una obra, desde los primeros pensamientos hasta el lanzamiento, pasando por los primeros borradores, las primeras lecturas, la revisión y también la labor de imprenta que llevaban a cabo en su propia casa.

ESCRIBIR FICCIÓN

AUTOR: Gotham’s Writers Workshop

EDITORIAL: Alba

ARGUMENTO: Este libro es una guía muy completa sobre todo lo que es necesario saber para manejarse por los mundos de la ficción y con ejercicios para comenzar a escribir. Además usan un mismo relato corto —Catedral, de Raymond Carver— a lo largo de todo el libro para poder ilustrar lo que explican.

GUÍAS DE LA ESCUELA DE ESCRITORES

AUTOR: diversos autores de la escuela como Chiki Fábregat, Mariana Torres, Juan Gómez Bárcena, Javier Fonseca, José Ovejero…

EDITORIAL: Páginas de Espuma

ARGUMENTO: Desde Escuela de Escritores, que tiene muchos cursos de escritura, van llevando a cabo distintas guías para aprender a escribir. Cada libro es distinto, porque varían los autores. Yo he leído el de Infantil, que sí me gustó y el de Fantástico, que me resultó denso. Hasta la fecha hay publicados: Novela, Cuento, Infantil y Juvenil, Fantástico y Poesía.

GUÍAS DE ESCRITURA DE ALBA

AUTOR: Diversos autores, siendo la más frecuente Silvia Adela Kohan

EDITORIAL: Alba

ARGUMENTO: Guías para escribir distintos temas que van desde autoficción, escritura terapéutica, gramática, puntuación, estilo, reescritura, errores… 

Así que si os gusta escribir, dejad de buscar excusas y disfrutad con la pluma, tecleando o aprendiendo. No os diré que disfrutéis también de la fase de corrección, porque es más aburrida. Pero el aburrimiento forma parte de la vida.

Y tú, ¿te atreves a escribir? ¿tienes algún libro que te ayudase?

PIEDRAS DESCRIBIENDO PALABRAS

Hoy se falla el premio de la crítica de Castilla y León y quiero aprovechar para compartir con vosotros un artículo que escribí sobre una de las obras nominadas, El dolmen de María Ángeles Álvarez. (Actualización: ganó el premio de la crítica). No negaré la emoción que me embargó al describir su nominación primero por la amistad que me une a ella, pero también porque fuera con este poemario tan especial. Durante el proceso de escritura hizo algo inaudito en ella: nos fue leyendo versos de tan feliz que fue durante el proceso de creación. Además, tras varias vicisitudes, cuando la obra fue presentada quien acompañó a María Ángeles en la mesa fue mi madre. A ella no le gusta la poesía, pero ha encontrado en esta obra un texto que apela a sus más profundas emociones como arqueóloga y lo ha leído varias veces, lo ha recomendado e incluso regalado. Finalmente, me gustaría añadir que esta obra es la más representativa de su autora. Todo lo que es está ahí: la poesía, la arqueología, la naturaleza, la espiritualidad, el dolor… todo se conjuga en este maravilloso poemario que os recomiendo encarecidamente. Y la crítica de Castilla y León también. 

Quien convive con un arqueólogo conoce dos grandes verdades: es un oficio que consiste en pasar calor en verano y frío en invierno, y el resultado, por mucho que parezca que solo encuentran joyas y tesoros, no suele ir más allá de un puñado de huesos y muchas, muchas piedras. Pero también tenemos una certeza: les encanta. Revolver en la tierra y encontrar algo que tienen que descifrar, rastrear con los conocimientos que ya existen, hallar su lugar exacto en la historia. Muchas veces, sus hallazgos no harán más que complementar los datos del pasado que ya existen, otras les sirve para confirmar sus propias hipótesis; pero también hay momentos en los que encuentran pruebas que cambian las teorías y la historia que conocemos.

Aunque desde bien pequeña he tenido claro que era un oficio duro y no exento de riesgos, al que no quería dedicarme en absoluto, también he conocido la emoción del descubrimiento, la dicha por lo hallado, la excitación por la revelación. Sin embargo, hay algo que no comprendía hasta que tuve la suerte de escuchar a mi amiga, poeta y arqueóloga, entre otras cosas, María Ángeles Álvarez leernos los primeros versos de su poemario El dolmen —que sale a la venta el lunes—, y es la espiritualidad inherente a la excavación arqueológica. 

La poesía no es, ni de lejos, mi especialidad, pero encuentro en este poemario esa esencia poética asentada en el hablar de una cosa para comunicar otra. En este caso, no hablo de metáforas, porque sí, habla del dolmen de Bernuy, de su descubrimiento y su excavación, pero en esa relación con lo descubierto que lleva a una búsqueda superior a lo meramente humano, se comparte otra experiencia mucho más íntima y profunda: la del dolor. De la experiencia vital que supone convivir con ello y de un enfoque de exploración constante de significado, de sentido y desahogo que quizá solo puede llegar a través de la palabra escrita. 

En esta ocasión, la poeta deja atrás la belleza del campo y la naturaleza habituales en ella para entregarnos a la cara más amarga y dura del paisaje, al rigor de los elementos, a lo agreste propio de la prehistoria que descubrió, que excavó y que nos habla de un mundo indómito al que necesitamos encontrarle sentido. Piedras describiendo palabras, reza un verso, explicando en realidad qué supone este poemario para ella, qué podemos encontrar en él.

Y es ahí donde surge el espacio místico, la espiritualidad inherente a la persona que nos habla de comunión con el pasado al excavar, de la trascendencia de conectar con unas piedras que fueron tumbas y que nos remiten a que lo más básico, el dolor, la muerte, lo íntimo, profundo y sustancial no entienden de diferencias, ni siquiera temporales. La raíz es la misma. Esa raíz de la que María Ángeles ha hecho vida. Ya aparece en el segundo verso y es que las raíces son su especialidad: de plantas e históricas, todas la remiten a la más profunda de todas, la de el espíritu, en la que conectamos con nosotros mismos. Y el final nos llega, como no podía ser de otra manera, cargado de luz: la de las semillas, las de las plantas, la raíz primordial que nos permite respirar. Ven y vive, dice el poemario. Pero, en realidad, dice mucho más. Ven, siente, asimila, busca y encuentra. Y, con todo lo que te vas a encontrar, vive.

TÍTULO: El dolmén

AUTORA: María Ángeles Álvarez

EDITORIAL: Cuadernos del Laberinto. Anaquel de poesía.

Reflexiones sobre un poema de Machado

(O una machadiana llamada de la primavera)

Siento debilidad por un poema de Antonio Machado. Bueno, siento debilidad por toda su obra en general, y algunos poemas me resuenan más que otros, pero cuando llega esta época del año, sale el sol y la naturaleza empieza a avisar que la primavera está cerca, no puedo evitar oír en mi cabeza (en la voz de Pedro Casablanc, que lo recita como nadie en el documental Los días azules) estos versos:

El limonero lánguido suspende 

una pálida rama polvorienta, 

sobre el encanto de la fuente limpia, 

y allá en el fondo sueñan 

los frutos de oro… 

Es una tarde clara, 

casi de primavera, 

tibia tarde de marzo 

que el hálito de abril cercano lleva; 

y estoy solo, en el patio silencioso, 

buscando una ilusión cándida y vieja: 

alguna sombra sobre el blanco muro, 

algún recuerdo, en el pretil de piedra 

de la fuente dormido, o, en el aire, 

algún vagar de túnica ligera. 

En el ambiente de la tarde flota 

ese aroma de ausencia, 

que dice al alma luminosa: nunca, 

y al corazón: espera. 

Ese aroma que evoca los fantasmas 

de las fragancias vírgenes y muertas. 

Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara, 

casi de primavera 

tarde sin flores, cuando me traías 

el buen perfume de la hierbabuena, 

y de la buena albahaca, 

que tenía mi madre en sus macetas. 

Que tú me viste hundir mis manos puras 

en el agua serena, 

para alcanzar los frutos encantados 

que hoy en el fondo de la fuente sueñan… 

Sí, te conozco tarde alegre y clara, 

casi de primavera.

Al leerlos, siento una trascendencia física que irradia del centro de mi pecho hacia afuera y me traslada bajo mi limonero personal, a esas horas que algunos dirían perdidas —pero que son disfrutadas— en las que mirar y apreciar el entorno, el verde de las hojas, el cielo azul y, sí, el olor de la albahaca es lo único que cuenta. Mi piel puede sentir casi el calor del sol mientras, en mi mente, se producen esas imágenes con una nitidez tan real que solo pueden adquirir aquellas cosas que viven en ti, que forman parte de lo que eres. Prácticamente siento la música del viento, el ritmo de mi esquina favorita del mundo, bajo un plátano y un haya, que me traen la armonía de esa conexión natural que todos necesitamos y muchas veces perdemos. 

Machado sabe cómo nadie escoger la palabra exacta para que se quede en ti, despertando lo que más necesitas. Ese limonero lánguido, esos frutos que sueñan, ese hálito de abril y ese corazón que espera no es más que el alma que está hibernando o lo intenta: que descansa y se oculta cuando el frío arrecia y que recibe la llamada a la vida, a volver a brotar y a florecer, cuando sus palabras te atraviesan. Esa tarde alegre y clara, casi de primavera, que empieza a despertar con los primeros indicios de una nueva vida natural, tiene la esencia de la magdalena de Proust años antes de que él probase un bocado. La fuente clara, el blanco muro, el patio silencioso o la hierbabuena son nuestros pasaportes al recuerdo de las primaveras pasadas pero, por encima de todo, son un reclamo a las primaveras futuras. Sobre todo a esa que está cerca y que nos traerá la vida de vuelta.

El disputado voto del señor Cayo

En estos días, en que los castellanos estamos llamados de nuevo a votar, no dejo de pensar en el libro de Miguel Delibes El disputado voto del señor Cayo. Se trata de una obra corta, incluso para el autor, que se puede leer tranquilamente en una tarde, pero no por ello se trata de un texto sencillo. Posee esa maestría delibesiana para adaptarse a los tonos y discursos de diferentes sectores de la población, dando a cada palabra el peso justo para que funcione y, aunque se lea rápido, el mensaje permanezca dejando una profunda impresión en el lector que lo lleva a una parte fundamental de la lectura, la reflexión.

En la novela, seguimos a tres militantes de un partido que una tarde salen a recorrer algunos pueblos de la zona para hacer campaña electoral. En un principio los vemos en la sede del partido, gestionando la agenda, la propaganda, la prensa y todo aquello a lo que tienen que prestar atención. Pero después parten en coche y llegan hasta un pequeño pueblo en el que solo viven dos vecinos que no se hablan entre ellos. Allí les recibe el señor Cayo, un viejo campesino al que no pueden ofrecer nada, porque no han pensado en gente como él al preparar su proyecto político, pero con su sabiduría ancestral sobre la tierra y la naturaleza, su manera de hablar tranquila, herencia sin duda de la tradición oral, y su vida adaptada a los ciclos del campo, dejará una fuerte impresión en los políticos.

A un par de años de hacer los cincuenta, la obra, que se enmarca en las primeras elecciones democráticas en nuestro país desde la perspectiva de los pueblos abandonados y la Castilla más olvidada, es un emblema de la dejadez que el medio rural sufre desde hace tanto tiempo que no recordamos cuándo comenzó. Un tema en el que Delibes era un maestro y que siempre supo narrar como nadie. Pero, como siempre hacía el vallisoletano, la crítica sirve de denuncia de lo que no es visible al gran público, a la par que nos mueve a pensar y reflexionar. Leer a Delibes es plantearnos quiénes somos, en qué punto estamos, qué necesitamos y qué queremos para el futuro. En los tiempos que corren, tan alejados del señor Cayo que asusta, donde la naturaleza está al servicio del hombre, la lentitud es desdeñada y el discurso lejos de ser tranquilo es violento, inconsistente e hipócrita, la novela alcanza su significado más pleno y las enseñanzas de este hombre sencillo pueden suponer una diferencia. 

Pero, ojo, la novela no idealiza el campo ni la vida del señor Cayo, que se presenta tan dura como son las condiciones en muchos pueblos. El entorno rural tranquilo y olvidado se muestra en toda su crudeza, con todas las trabas que existen. En esto, Delibes siempre lo tuvo claro, defendió el campo sin poetizarlo, como sí podemos encontrar en otros autores que vieron la heroicidad en las miserias campesinas (y que a mí, personalmente, no por ello me gustan menos). Sin embargo, el eco de las enseñanzas del protagonista y su importancia resuenan por toda la novela. 

Con la degeneración política y social que vivimos en la actualidad, se hace patente la desconexión entre los que mandan y el pueblo, que lejos de sentir que piensan en él y en sus problemas, solo ve peleas para aferrarse al sillón. En una sociedad donde el gobierno no es ya un servicio al pueblo sino un reclamo del ego al cual se accede no a través de las propuestas, de la colaboración y del pensamiento en el bien común, sino de la violencia verbal que filtra a las capas más vulnerables de la población que ve cómo, en política, cuanto más se insulta y degrada al rival, más lejos se llega. Personas agresivas y furiosas que no buscan cooperar sino agitar y generan desconfianza y tristeza en la población. No hay opciones respetuosas ni una conciencia real de los problemas, distintos en cada lugar, ni proyectos reales de futuro, más allá de humillar al rival. La escucha, ignorada; el diálogo, inexistente: la reflexión y la autocrítica, canceladas. Como le pasa al señor Cayo, tengo la sensación de que ningún partido tiene ya nada que ofrecerme y sé que no estoy sola en este sentimiento. 

En un mundo en el que todo parece provisional, con segundas intenciones, volátil y diseñado para tirarse al poco tiempo de ser utilizado, esta lectura tranquila, profunda e intensa es un oasis en el que pararnos a reflexionar. Y encontrar en el señor Cayo un punto de referencia basado en un planteamiento sencillo de vida donde lo central no es el hombre, sino la naturaleza y, partiendo de ella, todo parece más profundo.

(Por cosas como esta, Quiero escribir como la generación del 98)