No sé qué tiene la primavera

No sé qué tiene la primavera que, cuando llega, la noto en el pecho: no es alergia, sino alegría; prácticamente la misma palabra, pero menuda diferencia al sentirla. Es como una llama que lo inflama y lo eleva, casi como si flotase, como las pelusillas primaverales que llenan el aire de vida. Puede que sean los colores, que llenan de alborozo las calles y los caminos con sus morados, sus lilas, sus rosas y sus pigmentos brillantes. Tal vez sea la luz del sol que, cuando sale entre las nubes, empieza a darnos calor. O el olor de los brotes que se abren, que encantan nuestros sentidos con sus aromas florales. Tal vez sea el viento que canta en su melodía que los días son más largos y la vida es más vivida. O tal vez sea la música que empiezo a oír en abril, que habla de esperanza, de sueño, de igualdad afín. No sé qué tiene la primavera, que, cuando llega, noto algo en el pecho. Quizá sea la felicidad y se trate solo de eso.


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