Bando informativo sobre la reina abulense

Hoy se cumplen 575 años del nacimiento de Isabel la Católica en Madrigal de las Altas Torres. Recupero este artículo de Diario de Ávila de diciembre de 2024.

Sepan todos que ayer hizo quinientos cincuenta años de que una abulense fuera proclamada reina en Segovia y se convirtiera en la mayor monarca de la historia de la nación, aunque esta todavía no existiera.

Sepan todos que Isabel I de Castilla, nació en la abulense villa de Madrigal de las Altas Torres en la primavera de de 1451, hija del rey Juan II de Castilla, de la dinastía Trastámara e Isabel de Portugal. Fue desde el momento de su nacimiento infanta de Castilla, pues su hermano mayor Enrique ostentaba ya el título de príncipe de Asturias. Pero la posible infertilidad de él y los rumores más que insistentes de que su única hija, Juana, no era suya sino de Beltrán de la Cueva, hicieron que los hermanos mantuvieran un constante tira y afloja durante la vida de Enrique IV, que desembocó en una guerra civil a la muerte de este.

Sepan todos que salió victoriosa de la guerra con el apoyo de su marido, Fernando de Aragón, que tuvo que entrar disfrazado en Castilla, pues el rey Enrique no quería que se celebrasen estas nupcias e Isabel no pensaba casarse sino con quién ella considerase el mejor candidato para su posición y sus planes de futuro. Tras la guerra, fueron los monarcas quienes gobernaron sobre los reinos y no los nobles, como venía siendo habitual.

Sepan todos que una vez acabaron con los problemas sobre la sucesión, decidieron recuperar el dominio sobre el sur de la península, echando de ella a los musulmanes que aún quedasen y, tras diez años de guerra, la reina entró en la Alhambra culminando su empresa al caminar entre las paredes del monumento mas bello que se alza en la península ibérica. 

Sepan todos que financió los viajes del almirante Cristóbal Colón para llegar a las Indias por una nueva ruta, pero lo que encontró fue un nuevo continente que nos era desconocido hasta la fecha. 

Sepan todos que aprobó el tribunal de la Santa Inquisición, expulsó a los judíos de la península, fue implacable con sus enemigos pero también con sus hijos a los que caso con herederos a la corona de otros reinos de la cristiandad. Que prohibió la exclavitud de los nativos americanos y se repartió el mundo con el rey de Portugal.

Sepan todos que fue una reina consciente de su poder y sin miedo a ejercerlo: tomó muchas decisiones, algunas acertadas y otras no tanto. Las acertadas la engrandecieron, pero las erróneas causaron gran sufrimiento. No obstante, obró cómo creyó conveniente de acuerdo a los principios y valores de hace quinientos cincuenta años.

Sepan todos que murió en Medina del Campo en 1504, a los 53 años de edad, dejando el reino en un estado incierto, tan diferente al de su mandato, por los problemas de sucesión. 

Sepan todos que en esta Ávila nuestra, solo la Universidad Católica se ha acordado de la efeméride y ha organizado unas jornadas para difundir su figura. Otras instituciones y organismos no han celebrado nada.

Sepan todos valorar adecuadamente cada uno de los puntos aquí tratados.

Cuentos de tradición oral

Los cuentos en nuestro país

En el ámbito nacional, la recopilación de cuentos tradicionales ha sido más tardía y dispersa, pero igualmente relevante. Destacan tres momentos: mediados del siglo XIX, con Fernán Caballero (pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber); finales del siglo XIX, con Antonio Machado Álvarez (el padre del poeta); y, a partir de 1920, la corriente folclórico-filológica (Aurelio M. Espinosa, padre e hijo), que realiza un estudio sistemático en el que, entre otras cosas, respeta el lenguaje de las personas que transmiten los cuentos.

Aunque, como hemos dicho, sus temas son universales (por ejemplo, existen más de trescientas versiones de Cenicienta recogidas por todo el mundo), los cuentos tradicionales de nuestro país tienen una serie de características que los diferencian del resto. Cabe destacar que la novela picaresca española es una continuación de los cuentos de tradición oral. En nuestro país, lo más habitual es que:

– El tema central sea el hambre: las historias comienzan porque no hay dinero para alimentar a la familia; en los cuentos de animales está presente quién se come a quién, quién es comido y qué se puede comer, etc.

– El héroe esté dispuesto a hacer el bien sin que haya un contrato mágico.

– La misión aparezca por accidente (relacionado con el hambre).

– Haya mayor realismo, menos violencia y más afición por lo escatológico (en la versión española original de Los tres cerditos, el lobo no sopla: se tira pedos).

– El desparpajo forme parte inherente de los personajes.

– Haya un castigo sin paliativos al agresor.

– Se centren en dramas reales que se tratan de frente, sin el pudor que caracteriza a los cuentos europeos.

– También suela aparecer el tema de la descendencia (la falta de ella o el exceso de descendencia que no se puede alimentar).

Dentro de los cuentos de tradición oral en España, la figura más destacada es Antonio Rodríguez Almodóvar, clave en la recuperación, estudio y difusión del cuento tradicional en España. Su trabajo se centra especialmente en el folclore andaluz, aunque su alcance es de carácter nacional. A diferencia de otros recopiladores que adaptaban o transformaban los relatos, Almodóvar apuesta por una recogida rigurosa, respetando la estructura, el lenguaje y el sentido original de las narraciones orales. También analiza los cuentos y los estudia partiendo de los estudios del ruso Vladimir Propp.

Sus dos grandes obras son Cuentos al amor de la lumbre, una recopilación para adultos donde se estudian y reúnen por ciclos los cuentos más habituales en nuestro país, y Cuentos de la Media Lunita, varios volúmenes en los que recupera los cuentos tradicionales y los adapta, con cambios mínimos, para el público infantil. Esta colección fue muy popular en los años noventa y aún se sigue usando en los colegios; es ideal para comenzar a compartir con los más pequeños los cuentos de tradición oral. 

Llegados a este punto me veo en la obligación de recordar que son cuentos muy antiguos que se contaban en sociedades distintas a las de hoy en día. Por ello, cuando surge un problema, hay una lucha, un momento escatológico o violento puede resultarnos muy distinto de la literatura infantil que hoy en día se escribe para niños que evita cualquier experiencia violenta o temas que puedan resultar comprometidos (aunque no por ello sean menos necesarios). Una actitud curiosa teniendo en cuenta que, salvo en la literatura, sometemos a los más pequeños a una violencia constante en una sociedad en la cual desde el propio uso del lenguaje está determinado por la ofensa, donde se puede insultar impunemente empezando por las clases dirigentes, pasando por un montón de situaciones cotidianas donde predominan las faltas constantes de respeto. 

Por otra parte, son unos grandes transmisores de valores como la perseverancia, la igualdad, la generosidad, la empatía… a veces de una manera demasiado evidente ya que, las transgresiones y los malos hábitos suelen ser castigados sin paliativos. Son fundamentales también para el pensamiento crítico, al enfrentar a los niños a distintas situaciones vitales pero también morales, presentando distintas soluciones y como transcurren y siempre con el brillo que dan las historias del pasado, en las cuales la magia, aunque no se mencione es la clave fundamental.

Cuando leemos estos cuentos con los niños, evidentemente podemos leerlos, pero la magia surge al contarlos, pues esa es su esencia más viva. Tenerlos en libros nos sirve para no perderlos, pero el encanto que surge de contar una historia es una de las herramientas más potentes para motivar la lectura. Además, crea vínculos y forma parte del tiempo de calidad que podemos pasar con los más pequeños. No importa que no contemos el cuento con las mismas palabras: eso no es lo importante. Con conocer la estructura y lo esencial de la historia, podemos narrarlo, pues esa era la manera en que se hacía en el pasado y la mejor forma que tenemos de honrarlo hoy en día.

Cuentos de tradición oral

Literatura infantil

INTRODUCCIÓN

En este mes tan feliz por todo lo que se celebra en él, he querido dedicar un tiempo a aunar, de alguna manera, la celebración del Día del Libro con la de Castilla y León. En un primer momento pensé en escribir sobre libros ambientados en esta comunidad autónoma para niños, pero pronto desistí al ver que, si en la literatura de adultos apenas aparece, en la infantil no tiene cabida. Por eso he elegido abordar un tema que, evidentemente, nos lleva a la literatura infantil y que puede resultar un gran recurso para motivar y educar a nuestros niños, pero que también los adultos podemos leer y disfrutar, con esa nostalgia del tiempo transcurrido, pero sobre todo con los ojos del adulto que descubre todo lo que se oculta tras un libro que parecía sencillo. Y, para empezar a descubrirlo, aquí dejo un poco de información sobre los cuentos de tradición oral.

Los cuentos tradicionales son un patrimonio inmaterial colectivo configurado por narraciones de transmisión oral que han pasado de generación en generación a lo largo del tiempo. Aunque parece que todos los conocemos, en realidad son unos grandes desconocidos debido a las constantes censuras y adaptaciones que han sufrido desde que se empezaron a recopilar a partir del siglo XVII. Sin embargo, las versiones reales han pervivido hasta hace muy poco y hemos tenido la posibilidad de recopilarlas en el último instante, justo antes de que las últimas personas portadoras de la sabiduría ancestral perecieran y solo nos quedasen las adaptaciones de los libros.

Estos cuentos se contaban fundamentalmente en las sociedades rurales y eran el acceso al conocimiento y el medio de educación más habitual. Normalmente se asocian con el final de las largas jornadas laborales, cuando se descansaba junto a las hogueras, tanto en el exterior como en el interior, pero la realidad es que se contaban en cualquier momento del día para aligerar la pesada carga del trabajo. Suelen presentar estructuras sencillas, personajes arquetípicos (héroes, villanos, seres mágicos) y enseñanzas implícitas relacionadas con valores, normas sociales o experiencias universales. Forman parte del patrimonio cultural de los pueblos y constituyen una herramienta educativa de gran valor en todas las etapas del desarrollo infantil y juvenil.

Debido a su origen, son cuentos que suelen centrarse en héroes pobres o de extracción humilde y critican la división social entre poseedores y desposeídos. Potenciaban el pensamiento crítico en las culturas iletradas a través de oposiciones y dicotomías. Los cuentos tienen una articulación binaria: cada cuento tiene su alternativo y complementario. Los alternativos serían por oposición (El gallo Kiriko no trata bien a los demás; Medio pollito, sí: el primero fracasa, el segundo triunfa con la ayuda de los demás) o equivalentes (cada Bella durmiente tenía su príncipe durmiente; cada Cenicienta, su equivalente masculino). Normalmente, las encargadas de la transmisión oral eran las mujeres, lo que explica por qué en sus versiones originales son ellas quienes suelen solucionar los problemas de distintas maneras.

Una de las historias más interesantes relacionadas con la tradición oral es la existencia de las llamadas «personas biblioteca»: una sola persona que conocía muchos cuentos y los guardaba en su interior, transmitiéndolos y enseñándolos a las nuevas generaciones para que no se perdieran.

Estos relatos existen desde tiempos remotos: algunos se sitúan incluso en el Neolítico. En Cuentos populares españoles III, de Aurelio M. Espinosa, se considera que algunos de los cuentos recopilados proceden de tradiciones ibéricas prehistóricas, y Wilhelm Grimm también escribió sobre el tema. Un cuento muy conocido, Pulgarcito en todas sus versiones (como una de sus versiones castellanas recopilada por Joaquín Díaz, Cabecita de ajo), ha sido objeto de estudio de la Royal Society, que sitúa este cuento en el final del Neolítico.

Sin embargo, su recopilación sistemática comienza principalmente entre los siglos XVII y XIX. En este periodo, diversos autores y estudiosos empiezan a recoger por escrito historias que hasta entonces circulaban de forma oral. Este proceso responde tanto a un interés literario como al deseo de preservar la cultura popular ante los cambios sociales derivados de la modernidad o, en el caso de los hermanos Grimm, de fomentar el nacionalismo alemán como contraposición a las invasiones napoleónicas. Sin embargo, como los recopiladores pertenecían a las clases intelectuales altas, excluyeron todos los cuentos que implicaban hombres encantados, mujeres que resolvían problemas y críticas a las clases superiores. Estas versiones son las más extendidas y han llevado a una crítica de género que generaliza al desconocer las versiones reales en lugar de fomentarlas.

Entre los principales recopiladores internacionales más famosos encontramos a Charles Perrault y los hermanos Grimm. Charles Perrault (Francia, siglo XVII), quien adaptó cuentos como Caperucita Roja o La Cenicienta con una clara intención moralizante. Los hermanos Grimm (Alemania, siglo XIX), que recogieron cuentos del folclore germánico. Siempre se ha interpretado que iban por los pueblos recopilando cuentos, pero la realidad es que los obtenían de estudiantes universitarios y de clases intelectuales. Por este motivo son cuentos que pierden el matiz fresco de lo auténtico y estudios sugieren que, debido a ser clases intelectuales, es muy probable que estén influenciados por Perrault y otras versiones escritas. Cabe destacar que, partiendo de la base de que tanto Perrault como los Grimm seleccionan que cuentos transcriben y cuales no, eliminando las historias de hombres salvados por mujeres, los propios hermanos Grimm son los primeros en adaptar, censurar y mejorar la escritura sus textos para llegar a un público infantil que, en principio, no era su objetivo pero que fue el que mejor recibió sus historias.

Es importante saber que Hans Christian Andersen (Dinamarca, siglo XIX) no es recopilador, sino el primer escritor de cuentos infantiles. Aunque algunas de sus historias toman elementos de la tradición oral, sus cuentos no son tradicionales, sino originales (al hablar de ellos, lo correcto sería decir cuentos clásicos, nunca tradicionales, ya que no proceden de ninguna tradición).

Continuará…

DÍAS SIN LIBRO

Lectura

En abril de 2024 salió este artículo publicado en Diario de Ávila hablando de uno de los efectos de La Pausa. Ahora la situación a mejorado notablemente: ya me concentro para leer y puedo hacerlo. Incluso he podido arriesgar con algún libro largo. No obstante, todavía hay tardes e incluso temporadas donde vuelvo a encontrarme en los días sin libro.

No se pueden imaginar cómo celebré el 23 de abril el año pasado. Como si tuviera que recuperar tiempo perdido (que lo tenia), extendí las celebraciones durante prácticamente una semana en la que disfruté de los amigos, la primavera, la literatura y Castilla todo lo que pude. Tampoco podrán imaginar el vacío que siento este año al pensar que se acerca esa fecha y no poder apenas leer. La literatura siempre ha sido una forma de vida para mí y ahora que se ha vuelto esquiva, no acabo de saber ni cómo disfrutarla ni cómo celebrarla. Antes podía pasar, y pasaba, las tardes libres enteras leyendo, absorbida por la narración. Ahora el día que llega la noche y he leído un par de páginas es un buen día. Quiero leer libros que no puedo: los veo, los toco y se me hace un nudo al pensar que no es el momento, que exceden mi capacidad. Como si el desierto hubiera barrido mis estanterías, condicionando la travesía con algún pequeño oasis ocasional que evita que desfallezca. Añoro enfrascarme en una historia, meterme en ella tanto que me cueste salir y que, cuando lo haga, algo haya cambiado. Sueño con tardes desaparecida entre las páginas de un libro. Anhelo poder leer lo que anhele en cada momento. Fantaseo con volver a tatuar mi vida con letra impresa. Y, sin embargo, siento que la literatura sigue ahí para mí, que no se ha ido a ninguna parte y que me ampara de una manera nueva, más abierta y distendida. 

No se explicarlo, ahí está. Aunque me cuesta acceder a sus mundos, afortunadamente, aún puedo olerlos. Sumergir la nariz entre las páginas de cualquier volumen y aspirar su esencia a tinta quijotesca, cargada de aventuras soñadas o vividas que algún día volverán a mí. Acariciar una portada, sentir en las yemas de los dedos como cada libro tiene una textura diferente en el exterior y sin embargo por dentro todas son similares. Dejar que el papel me acaricie a mí con el potencial de un relato magistralmente hilado que algún día regresará. Logró admirar cada libro como un objeto único, valioso y diferente al resto, con su propia historia que me espera constante, pese a no saber cuándo acudiré a ella. Veo su identidad singular aún cuando paso tiempo ensimismada mirando los libros en su conjunto, en armoniosa distribución. Los colores de mi estantería son la primavera que observo desde mi atalaya de cojines, formando un paisaje que no puedo penetrar en las tardes eternas, sempiternas e infinitas pero que al menos puedo contemplar como una promesa de futuro, de floración para el alma que llegará para sumergirme entre sus margaritas y sus dientes de león impresos. Puedo escuchar su música, el murmullo de sus voces entre sus hojas, esperando para declamar a voz en grito los relatos que esconden para sorprenderme en un futuro de páginas regaladas y de cuentos concedidos ante el regocijo de la lectora paciente, que ha esperado soñando la vuelta a sus brazos impresos. Pero no se preocupen. No voy a chuparlos. El sentido del gusto aquí queda descartado. O no, que siempre he leído libros exquisitos. Y con mucho sentido. Casi siempre.

Libros tan inspiradores como la primavera

Cuando llega la primavera el cuerpo me pide leer libros tan hermosos como el paisaje.

No sé qué ocurre cuando llega la primavera que un cierto tipo de libro me reclama. Lo busco en mis estantes y en librerías, en bibliotecas y en el paisaje. Tal vez se trate de que la belleza lo impregna todo y no dejo de mirar a mi alrededor, y que entre brotes y flores, con los lirios surgiendo hasta en las cunetas y las lilas en el horizonte, la misma hermosura tiene que transmitirme el libro para que baje la vista del panorama. 

Me paso toda la primavera buscando un libro que me traslade al campo, que me haga sentir en la naturaleza, pero con una palabra escrita que imite su belleza. Sí, sé que nunca la igualará, pero solo con una sombra de lo que es me sirve para disfrutar. Pese a que busco y no cejo en mi empeño hay varios libros primaverales que me acompañan y siempre en estas fechas leo. Voy a dejarlos por aquí… si os ocurre alguno que pueda gustarme, no me lo dejes de decir.

CAMPOS DE CASTILLA

AUTOR: Antonio Machado

EDITORIAL: Le tienen muchas editoriales, el mío es el mismo Cátedra que leí en el colegio, con hojas de los álamos del Duero entre sus páginas.

POR QUÉ: Porque Antonio Machado es la belleza, el que más cerca ha estado de equiparar la belleza de la palabra escrita con la de la naturaleza y porque no concibo ni la vida ni la primavera sin la esperanza que me dan solo dos versos: Mi corazón espera, también hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.

PLATERO Y YO

AUTOR: Juan Ramón Jiménez

EDITORIAL: El mío es Austral

POR QUÉ: Este libro tiene tres cosas que me vuelven loca: los burros, el campo y la prosa poética. Platero es la ternura y la belleza, es la naturaleza misma convertida en palabra escrita. Es un libro de esos que te llena por dentro de tal manera que no cabe nada más, solo su perfección. 

LAS COSAS DEL CAMPO

AUTOR: José Antonio Muñoz Rojas

EDITORIAL: Renacimiento

POR QUÉ: El título sencillo contrasta con la prosa poética que te transporta. Describe momentos del campo que son cotidianos con la precisión exacta para dotarlos de la trascendencia que a veces se nos olvida que tiene la naturaleza.

SI UNA MAÑANA DE VERANO, UN VIAJERO

AUTOR: José Carlos Llop

EDITORIAL: Alfagura

POR QUÉ: Pese a estar ambientado en verano, tiene un equilibrio entre naturaleza, escritura y delicadeza que lo hace perfecto para esta época del año.

PAISAJES DEL ALMA 

AUTOR: Miguel de Unamuno

EDITORIAL: Austral

POR QUÉ:  El título lo dice todo; es capaz de hablar del paisaje con esa plenitud que yo asocio con la primavera.

UN JARDÍN AMADO DONDE DESCANSAR

AUTOR: María Ángeles Álvarez

EDITORIAL: Cuadernos del laberinto

POR QUÉ:  Porque te hace sentir todo lo que importa de la naturaleza. Los olores, los colores, las sensaciones. Un jardín que no por estar delimitado deja de ser infinito sobre todo por todo lo que te puede ofrecer. 

Estos son mis libros para esta época del año, pero siempre ando buscando otros que incorporar. Este año, por ejemplo, llevo guardando desde verano Impresiones y paisajes de Federico García Lorca, porque creo que será una lectura primaveral. Cuando leo estos libros no es algo que me apetezca, sino un anhelo del alma. ¿Se te ocurre algún otro que me pueda gustar? Si es así, dímelo en comentarios, por favor.

MUSAS DE PRIMAVERA, DRÍADES PINTORAS

Mural De Lara Rubin de Celix en Navalosa. Representa una niña con los elementos fundamentales de los Cucurrumachos, la mascarada del pueblo, portando un ramo de piorno en flor.

Para los griegos, el mundo volvió a florecer cuando Perséfone regresó de los infiernos un amanecer. En Cantabria son las anjanas quienes traen la primavera; sus mantos cubren todo a su paso de flores duraderas. Mas no se dejen por mitologías engañar, hoy traigo en mi artículo del esplendor de estos meses la verdad. Son las musas quienes nos regalan la primavera, en forma de versos, bailes y música hechicera. Pero las inspiran las dríades y ninfas que, con sus pinceles,  todo lo invaden.

Son ellas las que perfilan los brotes que florecen cada año. Y son ellas a quienes los más afamados, con su obra, han inspirado. Está la dríade de Van Gogh, con su cabello trenzado con flores, rosado es su color. La de Antonio de Ávila pinta sobre fondo blanco y con relieve sobre el cristal. Su hijo Albano ha hecho de la primavera su color, y su musa le lleva a los campos de Castilla, sobre los que Machado se explayó, cuando el trigo aún es verde y se espera lo mejor. Es el hada de Klimt la más cariñosa, pues da igual que vaya vestida de flores, de todo tipo y condición, o que solo lleve los capullos en el pelo; va repartiendo abrazos y besos para que sientas tu valor. Dríade de Millais, dríade shakespereana, pues reposa en un río, repleto de matorrales, cual Ofelia ya calmada. Es la de Adelina Labrador una ninfa abulense, pues pinta nuestros pardos y ríos y los arbustos de frente. Y luego está la de William Morris, que debía de ser de las que cuidan el hogar, pues llena de vegetación los muebles y paredes, para que también sientas la naturaleza cuando a casa puedes regresar. La dríade de Monet bajó por el camino de Sonsoles y lo llenó todo de amapolas sobre campos de centeno, pero esta ninfa inquieta le llevó por el mundo entero. Rosales en arco, nenúfares en un lago, todas las flores y los colores pasaron por la paleta de Monet, porque dio con un hada que sabía componer. Era hermana de la de Caillebotte, que además de restos de pintura entre las manos, las tenían manchadas de tierra, pues pintaban y cultivaban, eran hijos de la primavera. La dríade de Velázquez era tímida y disimulada y solo los que le aman saben encontrarla: está escondida entre los vestidos y los peinados; de las Meninas, sí, pero también de los caballos. Nada que ver con la de Joan Mitchell, un hada juguetona que siente esta temporada con pura emoción, impregna de pigmento sus brochazos para causar conmoción. La de Berthe Morisot es la ninfa de la ternura, hace ramos en parques y jardines y se los regala a una niña. La de Raoul Dufy se refleja a manchazos como un dibujo acuarelado. La de Pejac es una Anjana y se encuentra casi en la puerta de su casa, le pide aire y naturaleza, llévala a cárceles, hospitales o a lugares donde haya pobreza. Y ya metidos en murales llega la dríade de Lara Rubin de Celix; de Garoza hasta Gredos, lo llena todo de tradición, sola o acompañada, danzas, oficios y hasta piornos en flor.

Mural de Kasandra en Garganta del Villar. Muestra dos de sus típicas ninfas rodeadas de piorno en flor en la Piedra Jorcá del pueblo.

Las ninfas pintan la primavera, con sus pinceles y una linda canción, pero no saben que a todas ellas también pintan con primor. Desde el Tiétar, tras un paseo por el valle encantador, Kasandra las pinta con la magia de su inspiración.

Que disfruten ustedes de la primavera, de su hechizo y su color.

Publicado en Diario de Ávila en marzo de 2025

Elegía en prosa a un juglar castellano

Al acabar el año pasado, nos dejó Luis, el del Mester. Está fue mi manera de rendirle homenaje.

¡Que ondeen a media asta los pendones comuneros! ¡Que giman las dulzainas y toquen a muerto los tamboriles! ¡Que resuenen las bandurrias al ritmo de nuestro corazón! Colgad crespones negros en el acueducto y en el Alcázar de Segovia, en las murallas de Ávila y en las plazas mayores de Salamanca y Valladolid, en las catedrales de Zamora y Burgos, en San Saturio, en Soria, en el Cristo del Otero, en Palencia y hasta en León, mientras se tiñen de duelo todas las plazas de los pueblos de nuestra región. Sacad los manteos de luto y poned un brazalete negro a la estatua de Juan Bravo, pues nos ha dejado un gran juglar castellano. 

Esto no es un obituario, sino una elegía para expresar lo que muchos hemos sentido cuando ha dejado de sonar su música. Nos ha dejado Luis Martín, Luis el del Mester, y el vacío que deja es tan grande que no lo llenan las palabras que nos recuerdan quién fue. Tal vez porque los hechos se desvanecen y siempre quedan atrás, pero el sentimiento permanece fuerte y es lo que nos hace recordar. Luis, como sus compañeros del Mester, era una persona del pueblo, cercana y con quien podías hablar, siempre dispuesto a ayudar. Su voz de timbre suave era perfecta para cantar, pero también para narrar. La conmoción por la pérdida de su persona está claramente descompensada al tiempo que pude conocerle o hablar con él en persona, pero estaba presente en mi día a día, de la misma manera en que en mi vida es patente su influencia. No lamentamos solo la pérdida personal, es un dolor colectivo que va mucho más allá. Algo ha cambiado irremediablemente, aunque sigamos disfrutando de su música y bailando jotas en los conciertos, su ausencia será notable.

En este caso, al menos, muchos de los que hemos penado le conocíamos en realidad, pero a veces pasa por gente con la que nunca charlarás. La pena que nos invade cuando muere una persona que nos ha tocado a través de la cultura en nuestra vida es un fenómeno curioso. Es muy habitual y en la época de las redes sociales se hace más que patente en las publicaciones cuando desaparece alguien que ha influido en quiénes somos. Y, sin embargo, al no ser personas de nuestro entorno, la tristeza se torna extraña, casi como una extravagancia caprichosa sin razón real de ser. Pero no nos equivoquemos. Hay personas que forman parte de nuestra vida y dejan una huella importante en quiénes somos, aunque no lleguemos a acceder a ellos sino a través de sus medios de expresión.

¿Volverá a tañer la bandurria cuando a los árboles retorne la flor? Y ¿al llegar el mes de abril, quién me hablará desde Torrelobatón?, ¿volverán las lágrimas como las amapolas al trigal? ¿Cuándo volverán a brillar los secanos bajo el sol? ¿Y al pasar el cartel de Mojados? ¿o cuando me arrizca de frío al pasar el Puerto el Pico? Una cosa es cierta: pasará más de un año para volvernos a ver. Pero no para escuchar, celebrar, ni bailar. Porque lo importante ha quedado y aunque pase el tiempo, persistirá.

Tierra del alma

Naturaleza

¿Cuándo fue la última vez que te tomaste un rato para mirar el atardecer? ¿Cuándo levantaste la mirada de lo que estabas haciendo y descubriste las nubes teñidas de rosa mientras el cielo se tornaba morado o el naranja llenaba de ascuas el final del día como si te encontrases en un sueño de Monet?

¿Cuánto hace que no alzas la vista y te emocionas con las montañas recortadas en el horizonte? Que te fijas en la silueta de Gredos, percibes sus cambios y colores, que te emociona la suerte de verla cada día. 

¿Has notado últimamente los cambios en los árboles? Muchos empiezan a estar repletos de brotes, de vida en suspenso a punto de emerger. Las flores van saliendo. ¿Te has dado cuenta de que ya hay pétalos en las aceras, que se puede caminar sobre ellos? ¿Recordaste a Van Gogh al pasar bajo un almendro? ¿Has visto los narcisos, los iris adelantados que ya tienen algún capullo listo para estallar? Las caléndulas van brotando, las margaritas llenan los prados y pronto podremos oler las rosas.

¿Has sentido la luz del sol en tu piel? ¿Has notado cómo se intenta abrir paso su calor, cómo te recarga lentamente? ¿Cuánto hace que no miras la luna? Que la observas en el cielo azul de la tarde, lista para salir a jugar o que te guía en la noche con su brillo. ¿Has visto que hay veces que, incluso en cuarto creciente, baña de luz cuanto te rodea con su brillo blanco? ¿Sueñas con ella? ¿Sueñas bajo ella? ¿Dejas que las estrellas iluminen esos sueños?

¿Cuándo ha sido la última vez que has escuchado piar a los pájaros? Qué te has fijado  en los distintos trinos y tonos. Que has buscado de dónde venía su música y has intentando distinguir sus colores. Los has observado aprender a volar, has seguido su aleteo con la mirada. 

¿Has espiado a las lagartijas que corrían cerca de ti, buscando un lugar donde plantarse al sol para absorber sus rayos sin prisa, con quietud? ¿Te has parado a escuchar zumbar un abejorro? ¿Has visto bailar una pareja de mariposas por un parque? ¿Se te ha posado una mariquita en la mano?

¿Hace mucho que el viento no te empuja tan fuerte que crees que te vas a caer? ¿Lo has escuchado gemir recientemente? ¿Has descubierto sus colores?

¿Cuánto hace que no prestas atención? ¿Qué no dejas que la belleza del instante presente sea el bálsamo para lo que te preocupa en la actualidad, te hiere del pasado o te atemoriza del futuro? Cuando solo estás tú, en el presente, con la belleza de la naturaleza, lo demás desaparece. En ese momento estás vivo y puedes sentir qué hay más allá.

¿Te has preguntado últimamente por qué cuánto más nos empeñamos los humanos en colorear el paisaje de monstruosidad, la Tierra nos devuelve la hermosura inalterable? ¿Has anhelado participar de lo sublime de nuestro mundo, que habla claro, es constante y siempre nos manda el mismo mensaje? ¿Cuándo fue la última vez que fundiste tu espíritu con la belleza eterna de la naturaleza?

Jota de la Santa

Ilustración de Kasandra

Jota castellana para Santa Teresa de Jesús.

Tal día como hoy, un 28 de marzo, nació Santa Teresa de Jesús en Ávila. Por eso, rescato esta jota que le escribí para el pasado día de la Santa.

Por todos es sabido que hay dos cosas en nuestra ciudad que son reconocidas como muy importantes por toda la humanidad. Una son las murallas y otra es la Santa, y con motivo de sus fiestas me he parado a pensar que, si las murallas tienen su jota, a Santa Teresa no la cantamos con acervo popular y me he propuesto solucionarlo con una tonada que se pueda cantar. Aquí está el resultado: la pueden aprovechar, eleven sus voces contentos para disfrutar de esta novedad. Solo les pido clemencia por los errores, pues es mi primera jota; pero he disfrutado componiéndola, ha sido una experiencia natural y maravillosa. Aprovecho para tener un recuerdo para la Virgen de la Soterraña que ya era nuestra patrona en tiempos de la Santa, pero que tras la vida de esta, fue perdiendo lustre y aunque conserva el título de patrona, Santa Teresa ha ocupado su sitio por aclamación popular. Sin más preámbulos aquí va, la Jota de la Santa: pueden cantarla y también bailarla, para eso está.

Jota de la Santa

La Santa no es la patrona,

la Santa no es la patrona.

Pero es tan grande su historia,

que le dimos la corona

y cuando media octubre,

la adora la muchedumbre.

La Santa no es la patrona.

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡A la Santa cantamos,

esta jota en su honor!

Santa Teresa, escritora,

Santa Teresa, mujer,

monja y reformadora.

De la Iglesia su doctora.

¿Qué más se puede ser?

Pues también era abulense,

Santa Teresa, escritora.

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡A la Santa cantamos,

esta jota en su honor!

¡Ay, qué suerte que tenemos!

Con esta mujer errante,

¡ay, qué suerte que tenemos!

Andariega caminaba,

y conventos reformaba.

Andariega caminaba,

¡Ay, qué suerte que tenemos!

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡A la Santa cantamos,

esta jota en su honor!

Escribía y escribía,

Santa Teresa leía,

Escribía y escribía:

la llamaban letraherida, 

un placer es su poesía,

Santa Teresa leía,

¡Escribía y escribía!

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡A la Santa cantamos,

esta jota en su honor!

Ya nos vamos levitando,

y con la lengua hecha pedazos

ya nos vamos levitando.

Que tan grande es nuestro amor,

que es difícil explicarlo,

que es difícil explicarlo.

Ya nos vamos levitando.

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡A la Santa cantamos,

esta jota en su honor!

Y aquí acaba esta jotilla,

para cantarle a la Santa,

y aquí acaba esta jotilla

vistámonos elegantes

y con nuestros manteos,

bailemos en plena calle.

¡Que aquí acaba esta jotilla!

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡Esta jota en su honor,

a la Santa Cantamos!

Publicado en Diario de Ávila en octubre de 2025.

La ilustración es de la genial Kasandra

El canto del narciso

Cuenta Ovidio que la ninfa Eco se enamoró del apuesto joven Narciso. Como ella no podía más que repetir la última palabra de lo que él decía, quedó intrigado y la buscó pero, cuando la tuvo ante él, la rechazó, volviéndola tan solitaria que aún hoy cuesta encontrarla. Némesis, la venganza, decidió tomar cartas en el asunto y consiguió que el joven contemplase su reflejo en un río. Narciso quedó tan prendado de si mismo que en algunas versiones se ahogó intentando alcanzarse y en otras se dejó morir a la orilla del arroyo contemplando su reflejo. Sea como fuere, de los restos del joven más bello de la mitología, surgió una flor amarilla, con una alegre trompeta que, curiosamente, en nuestros días no representa el egoísmo y la vanidad, sino el resurgir, los nuevos comienzos y la esperanza. 

Como un fénix vegetal, esta planta bulbosa aparece al final de invierno, en ese momento de cansancio generalizado, cuando se aleja la motivación y parece que la temporada fría nunca tendrá fin. Los tres primeros meses del año suelen ser particularmente duros: las fiestas navideñas concluyen y ante nosotros solo se haya la perspectiva de los días cortos, fríos y desnudos. Sin apenas color, sin floración, solo un ir y venir de cotidianidad desangelada que parece no acabar jamás. Estos meses pueden ser de gran desánimo, pero todo cambia cuando aparecen las trompetas gualdas de los narcisos devolviendo color a la tierra yerma. Casi se les puede oír cantar, entonar una invocación a la primavera que escucharán otros bulbos, como iris, jacintos o tulipanes, que correrán a su encuentro y que despertará a los árboles de hoja caduca, que regresarán de su sueño con un manto de color que volverá a llenarnos de calor el corazón. Pronto los días volverán a ser bellos, el calor del sol volverá a hacerse notar y las lluvias intermitentes llenaran de vida los campos, haciendo del invierno un sueño del pasado. Nos precipitaremos hacia el estío, hacia los días en los que nuestros cuerpos, como las hojas de una planta, buscan la luz del sol para nutrirse y llenar de savia nuestras existencias.

Todo ello surge de algo tan pequeño como el cornetín de una planta amarilla que no vive más de veinte días y que, sin el frío de las heladas invernales, no florecería. Una vez al año brotarán de la tierra escarchada y durante poco más de un mes podremos ver cómo cubren los prados que aún visten de luz gélida con manto gualdo macbethiano que grita “no hay noche tan larga que no termine en día”. Tristemente, salvo que los cultives en casa, no es tan fácil ver este anuncio primaveral en un paseo por el campo. Su floración se limita a hogares y jardines privados y tan solo se puede apreciar en lugares específicos. Uno de ellos es la Fuente de los Narcisos, en La Granja de San Ildefonso. Pero no se dejen engañar por el nombre, no es más que un bebedero que una vez al año queda rodeado de flores amarillas. No obstante, esa es parte de su magia, ya que, en un pilón en un lugar que todos reconocemos por la magnificencia de sus fuentes, en el momento en el que el jardín está más yermo, con las ramas vacías, las hojas marchitas y la tierra escarchada, una vez al año se produce el anuncio más deseado. El invierno se acaba, la primavera está cerca. Qué renazca la esperanza que ha surgido de la misma tierra helada. O más bien que ha surgido porque la tierra ha estado helada.