Tierra del alma

Naturaleza

¿Cuándo fue la última vez que te tomaste un rato para mirar el atardecer? ¿Cuándo levantaste la mirada de lo que estabas haciendo y descubriste las nubes teñidas de rosa mientras el cielo se tornaba morado o el naranja llenaba de ascuas el final del día como si te encontrases en un sueño de Monet?

¿Cuánto hace que no alzas la vista y te emocionas con las montañas recortadas en el horizonte? Que te fijas en la silueta de Gredos, percibes sus cambios y colores, que te emociona la suerte de verla cada día. 

¿Has notado últimamente los cambios en los árboles? Muchos empiezan a estar repletos de brotes, de vida en suspenso a punto de emerger. Las flores van saliendo. ¿Te has dado cuenta de que ya hay pétalos en las aceras, que se puede caminar sobre ellos? ¿Recordaste a Van Gogh al pasar bajo un almendro? ¿Has visto los narcisos, los iris adelantados que ya tienen algún capullo listo para estallar? Las caléndulas van brotando, las margaritas llenan los prados y pronto podremos oler las rosas.

¿Has sentido la luz del sol en tu piel? ¿Has notado cómo se intenta abrir paso su calor, cómo te recarga lentamente? ¿Cuánto hace que no miras la luna? Que la observas en el cielo azul de la tarde, lista para salir a jugar o que te guía en la noche con su brillo. ¿Has visto que hay veces que, incluso en cuarto creciente, baña de luz cuanto te rodea con su brillo blanco? ¿Sueñas con ella? ¿Sueñas bajo ella? ¿Dejas que las estrellas iluminen esos sueños?

¿Cuándo ha sido la última vez que has escuchado piar a los pájaros? Qué te has fijado  en los distintos trinos y tonos. Que has buscado de dónde venía su música y has intentando distinguir sus colores. Los has observado aprender a volar, has seguido su aleteo con la mirada. 

¿Has espiado a las lagartijas que corrían cerca de ti, buscando un lugar donde plantarse al sol para absorber sus rayos sin prisa, con quietud? ¿Te has parado a escuchar zumbar un abejorro? ¿Has visto bailar una pareja de mariposas por un parque? ¿Se te ha posado una mariquita en la mano?

¿Hace mucho que el viento no te empuja tan fuerte que crees que te vas a caer? ¿Lo has escuchado gemir recientemente? ¿Has descubierto sus colores?

¿Cuánto hace que no prestas atención? ¿Qué no dejas que la belleza del instante presente sea el bálsamo para lo que te preocupa en la actualidad, te hiere del pasado o te atemoriza del futuro? Cuando solo estás tú, en el presente, con la belleza de la naturaleza, lo demás desaparece. En ese momento estás vivo y puedes sentir qué hay más allá.

¿Te has preguntado últimamente por qué cuánto más nos empeñamos los humanos en colorear el paisaje de monstruosidad, la Tierra nos devuelve la hermosura inalterable? ¿Has anhelado participar de lo sublime de nuestro mundo, que habla claro, es constante y siempre nos manda el mismo mensaje? ¿Cuándo fue la última vez que fundiste tu espíritu con la belleza eterna de la naturaleza?

La pausa

Hoy se cuela el sol por la ventana e ilumina un ramo de tulipanes. Morados, blancos, rosas tan claros que se funden a crema. Ya ha llegado ese momento del año en el que ha pasado lo más crudo del invierno y empiezan a aparecer bellas señales, pequeñas pero capaces de crecer en tu interior, de que la primavera está a punto de llegar. Una primavera —un particularmente bonito mes de abril—, comenzaba la andadura de este espacio con un texto que decía así:

En Japón, en el mes de abril, florecen los cerezos. Es el momento en el que los habitantes del país nipón dedican a los comienzos: comienza el curso escolar, la universidad, se abren nuevas etapas y proyectos. Por eso esta primavera, en la que los cerezos han adelantado su floración, en este mes de abril que es el mes del libro por excelencia, he decidido empezar con este blog dedicado a ello: a la literatura, a la belleza, al bienestar que solo las cosas pequeñas son capaces de regalarnos. Pasen y lean. Y, sobre todo, disfruten.

Pero apenas acabó el verano, parecía que el blog había sido abandonado. Sin publicaciones nuevas, sin comentarios: nada de nada. La realidad, sin embargo, era otra. No estaba abandonado, no más que mi propia vida que fue puesta en espera por una sorpresa un tanto inesperada. El covid persistente hacía acto de presencia, silencioso pero certero, atenazando cada parte de mi cuerpo, dejándolo exhausto, sin fuerzas y con dolor, mucho dolor. También mi cabeza parecía pagar las consecuencias. Vagaba a la deriva, se quedaba en blanco, cualquier pensamiento era fruto de un esfuerzo continuado. 

Con gran dificultad fui consciente de esta nueva realidad, todo quedaba en suspenso, la pausa era una realidad. Lentamente voy mejorando. Me comparo con la situación en que estaba hace tres largos años y es mucho lo que he avanzado. La vida sigue sin ser completa, pero ya no está tan parada. Llevo una existencia a tiempo parcial en la que cada momento bueno que tengo hay que aprovecharlo, sabiendo que entre medias tendré que parar a recuperarme o que tal vez un brote vuelva a ponerme en pausa y mientras tanto, una jornada parcial vivida es mejor que seguir esperando. También he aprendido mucho en estos últimos años. A vivir a un ritmo lento, que me ha venido obligado, a escuchar a mí cuerpo y saber qué necesita y que solo depende de mi dárselo. Uno no es consciente hasta que se ve obligado a echarlo todo de menos de cuánto hacía al cabo del día. Cuántos proyectos tenía en marcha, cuántas cosas mi atención merecían. He hecho un cursillo intensivo de lo que es importante de verdad y, aunque aún no esté bien (si de repente desaparezco, no se sorprendan; puede pasar), este espacio vuelve a recomenzar: a paso lento, los vídeos igual aún tardan en volver, pero no olvidaré, iré poco a poco, a mi nuevo ritmo, hoy me conformo con reaparecer. La belleza, el lenguaje escogido quiero recuperar. Espero que vuelvan a acompañarme, en este camino de palabra escrita: antes hablaba de libros y de cosas pequeñas y ese seguirá siendo el tema. Pero desde una perspectiva algo distinta, aunque no desencantada, en la vida hay que afrontar las adversidades y quién sabe si aquello que te enseñan, podrás transformarlo en arte. Como hace el sol que ilumina los tulipanes: lo lleva al siguiente nivel con una belleza que puede embargarte.

Celebremos lo que somos

Imagínense en el cine. Un cubo de palomitas en el regazo, su olor inunda la sala. En pantalla Sean Bean (más conocido como Boromir en El Señor de los Anillos o Ned Stark en Juego de Tronos). Como de costumbre, se encuentra frente al cadalso. Se adelanta y exclama “¡Cumplid pronto la sentencia! ¡Pero llamarnos traidores, nadie puede en esta tierra! ¡Mientes tú, vil pregonero, y aquel a quien obedezcas!” Otro hombre (igual Liam Neeson, Oskar Shindler en la Lista de Shindler) le apoya la mano en el hombro y responde: “Ayer era día de pelear como caballeros, señor Bravo, hoy es día de morir como cristianos”. Sean Bean se vuelve al público congregado, mirándolos uno a uno. Después se dirige al verdugo y le pide que le mate a él primero, pues no quiere ver la muerte del hombre más noble de Castilla. Fundido a negro. En letras blancas se cuenta que, tras la Batalla de Villalar, Toledo resiste sublevada seis meses más, dirigida por María Pacheco, viuda de Padilla, que se exiliará en Portugal. Sin embargo, Castilla acabará siendo el centro del gobierno de Carlos V, que aprenderá castellano y cumplirá con algunas de las reclamaciones de los comuneros.


Los castellanos a menudo decimos que el día de nuestra fiesta regional es una derrota, pero celebramos lo que para algunos historiadores fue la primera revolución liberal de la historia, igual que los franceses celebran la revolución francesa, que desembocó en la dictadura de Napoleón. Fueron los primeros en alzarse contra lo que creían injusto. Y eso, en el contexto del siglo XVI es un avance enorme, pero nos empeñamos en ver esa historia con los ojos del siglo XXI. Los historiadores que me rodean siempre repiten que la historia hay que verla en el contexto en que ocurrió, no en el de nuestra época, pero el 23 de abril algunos lo reivindican como propio, otros lo relegan, la mayoría no tenemos donde vernos reflejados y así olvidamos uno de los capítulos más épicos de nuestra historia, que parece “made in Hollywood”. Igual que no politizamos la batalla de Lepanto o la toma de Granada, celebremos lo que somos, como una comunidad unida que se respeta, sin política, con jotas y hornazo. No olvidemos que somos la comunidad de Isabel la Católica, Suarez, Delibes y otros tantos. La que presume de Campos de Castilla, del Duero y los girasoles. La del Nuevo Mester de Juglaría. ¡Qué bonito sería que en Ávila se hiciera algún acto por este día! Tirando de los de casa y sacando la tradición a la calle, Urdimbre bailando y Trebejo tocando.

El 23 de abril es también el día del libro. Un día para festejar lo que somos, lo que nuestra tierra y libros han hecho de nosotros. Párense un momento y piénsenlo, ¿serían ustedes los mismos si no hubieran crecido o vivido aquí? ¿No nos han dejado huella nuestras costumbres, nuestros paisajes, nuestro clima? ¿Nada nos han aportado, para bien o para mal, los libros que hemos tenido que leer y los que no? ¡Levantemos la cabeza y celebremos quienes somos! Y acabo con la pregunta que, entre las muchas páginas que se han escrito sobre nuestra tierra, nos hizo un poeta paseando por nuestros campos: Castilla, ¿espera, duerme o sueña?

Publicado en Diario de Ávila en abril de 2019

Bienvenidos

En Japón, en el mes de abril, florecen los cerezos. Es el momento en el que los habitantes del país Nipón dedican a los comienzos: comienza el curso escolar, la universidad, se abren nuevas etapas y proyectos. Por eso esta primavera, en la que los cerezos han adelantado su floración, en este mes de abril que es el mes del libro por excelencia, he decidido empezar con este blog dedicado a ello: a la literatura, a la belleza, al bienestar que solo las cosas pequeñas son capaces de regalarnos. Pasen y lean. Y, sobre todo, disfruten.