La pausa

Hoy se cuela el sol por la ventana e ilumina un ramo de tulipanes. Morados, blancos, rosas tan claros que se funden a crema. Ya ha llegado ese momento del año en el que ha pasado lo más crudo del invierno y empiezan a aparecer bellas señales, pequeñas pero capaces de crecer en tu interior, de que la primavera está a punto de llegar. Una primavera —un particularmente bonito mes de abril—, comenzaba la andadura de este espacio con un texto que decía así:

En Japón, en el mes de abril, florecen los cerezos. Es el momento en el que los habitantes del país nipón dedican a los comienzos: comienza el curso escolar, la universidad, se abren nuevas etapas y proyectos. Por eso esta primavera, en la que los cerezos han adelantado su floración, en este mes de abril que es el mes del libro por excelencia, he decidido empezar con este blog dedicado a ello: a la literatura, a la belleza, al bienestar que solo las cosas pequeñas son capaces de regalarnos. Pasen y lean. Y, sobre todo, disfruten.

Pero apenas acabó el verano, parecía que el blog había sido abandonado. Sin publicaciones nuevas, sin comentarios: nada de nada. La realidad, sin embargo, era otra. No estaba abandonado, no más que mi propia vida que fue puesta en espera por una sorpresa un tanto inesperada. El covid persistente hacía acto de presencia, silencioso pero certero, atenazando cada parte de mi cuerpo, dejándolo exhausto, sin fuerzas y con dolor, mucho dolor. También mi cabeza parecía pagar las consecuencias. Vagaba a la deriva, se quedaba en blanco, cualquier pensamiento era fruto de un esfuerzo continuado. 

Con gran dificultad fui consciente de esta nueva realidad, todo quedaba en suspenso, la pausa era una realidad. Lentamente voy mejorando. Me comparo con la situación en que estaba hace tres largos años y es mucho lo que he avanzado. La vida sigue sin ser completa, pero ya no está tan parada. Llevo una existencia a tiempo parcial en la que cada momento bueno que tengo hay que aprovecharlo, sabiendo que entre medias tendré que parar a recuperarme o que tal vez un brote vuelva a ponerme en pausa y mientras tanto, una jornada parcial vivida es mejor que seguir esperando. También he aprendido mucho en estos últimos años. A vivir a un ritmo lento, que me ha venido obligado, a escuchar a mí cuerpo y saber qué necesita y que solo depende de mi dárselo. Uno no es consciente hasta que se ve obligado a echarlo todo de menos de cuánto hacía al cabo del día. Cuántos proyectos tenía en marcha, cuántas cosas mi atención merecían. He hecho un cursillo intensivo de lo que es importante de verdad y, aunque aún no esté bien (si de repente desaparezco, no se sorprendan; puede pasar), este espacio vuelve a recomenzar: a paso lento, los vídeos igual aún tardan en volver, pero no olvidaré, iré poco a poco, a mi nuevo ritmo, hoy me conformo con reaparecer. La belleza, el lenguaje escogido quiero recuperar. Espero que vuelvan a acompañarme, en este camino de palabra escrita: antes hablaba de libros y de cosas pequeñas y ese seguirá siendo el tema. Pero desde una perspectiva algo distinta, aunque no desencantada, en la vida hay que afrontar las adversidades y quién sabe si aquello que te enseñan, podrás transformarlo en arte. Como hace el sol que ilumina los tulipanes: lo lleva al siguiente nivel con una belleza que puede embargarte.


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