San Antonio

Tradición

O lo bonito que es ser de barrio

Un sábado por la mañana salí a comprar el periódico. Era un día de primavera, de los pocos que ha habido este año. El cielo azul anticipaba el buen tiempo y hacía la temperatura ideal para pasear. Bajé mi calle, crucé el puente de la estación y en seguida estaba de vuelta en mi barrio, San Antonio. Hace algunos años que técnicamente no vivo allí, pero no me he ido lejos y, en realidad, sigo sintiéndome y siendo del barrio.

Atravesé el pinar con las agujas crujiendo bajo mis pies. Al otro lado, los niños jugaban en la pista de Seguridad Vial y los padres hablaban en corros, observando a sus hijos de reojo. Puede que una figura solitaria leyera en las gradas mientras los señores jugaban a la calva. Al salir del pinar dejé atrás la parroquia, cogí Virgen de la Portería para luego atajar por la plaza, bajar por Virgen de las Angustias y finalmente subir por la calle Los Charcos, donde dos mujeres hablaban de ventana en ventana sobre lo que hacían sus hijos aquel fin de semana. 

Antes de darme cuenta, había llegado donde el Truji. Primero pasé a ver si me había tocado el Euromillón y era rica por fin (ya les digo que la respuesta siempre es no) y a pagarlo, pues esa semana no había podido ir y, aún así, me lo habían echado. Después pasé donde Luis a por el periódico y el pan. Mientras esperaba, él atendía a sus clientes, llamándolos a todos por su nombre, preguntando por sus familias y otros temas y anticipando lo que iban a pedir sus clientes. A mí misma me tenía varias cosas preparadas, además de una interesante conversación sobre literatura. Entre otras me dijo que tenía un cómic que le podía gustar a mi amigo Javi y antes de irme yo ya le había preguntado y la publicación ya estaba guardada para él. Después me fui, despidiéndome no solo de Luis, también de su madre que estaba sentada tras el mostrador. 

Después pasé por Gimesán, que no se llama así ya, pero en el fondo para muchos siempre será este su nombre y, aunque el interior haya cambiado, podremos evocar la distribución que tenía en los días de infancia. Pasé por delante de Fatima, de casa de Tere, de la joyería Resina, de casa de Rhut, de la de mi citado amigo Javi y por mi antigua casa, donde mis vecinos siempre que me ven me saludan. Durante la ruta de vuelta me encontré con Use y, como siempre, hablamos de la familia. Su hija, Bego, no falla un cumple jamás. También me encontré con Juana y Pedro, aunque era raro que un sábado por la mañana no estuvieran en el pueblo. Del mismo pueblo, Riofrío, también es Jorge. Ni me le encontré ni pasé por delante de su casa, pero no puedo escribir sobre el barrio sin mentarle, entre otras cosas porque me mataría. Podría haberme encontrado con muchas personas más, gente a la que ahora veo menos pero que siguen siendo los primeros que acuden en los momentos de necesidad y estar con ellos es como si el tiempo no hubiera pasado. Algunos siguen siendo parte importante de mi vida, les consulto las decisiones difíciles y son los primeros en conocer las buenas noticias. 

Este es, para mí, el motivo por el cual siempre seré de San Antonio. Sus gentes, su ambiente familiar, la sensación de estar en el lugar al que perteneces. Los barrios son la esencia de la ciudad, los que la hacen estar viva y los que tejen las relaciones de la misma. Esa es la ciudad que merece la pena, la que se debería potenciar. 

El pasado viernes, antes del pregón, di un paseo vespertino. Se sentía el ambiente de fiesta, pues ya estaba todo listo: las banderillas, los puestos de comida y juguetes, el escenario, la barra de bar. Olía a algodón de azúcar y mientras caminaba rememoré años de fiestas del barrio, aunque esa parte no la dejaré por escrito. Y aun con tres días de fiestas por delante solo puedo decir: ¡Felices fiestas de San Antonio!

Publicado en Diario de Ávila en junio de 2022. Felices fiestas de San Antonio a todos las que las celebren en cualquier parte del mundo.

El silencio de un pueblo

El silencio de un pueblo resuena desde septiembre hasta junio. Adormilado, amodorrado bajo el aciago sol castellano o la indiferente gelidez del frío mesetario, espera durmiendo el sueño de los justos a que lleguen tiempos mejores, a que el viento agite las hojas de los árboles en fragante melodía mientras las casas abandonadas vuelvan a cobrar vida. Retornan los sonidos del alborozo: las risas, las carreras y hasta las motocicletas. La campana que repica en la vetusta torre de la iglesia, tiene ahora más público que se acostumbra a ella y la escucha de fondo, o que presta atención cuándo marca la hora de regresar. Los viejos bancos de piedra han dejado de descansar y se convierten en descanso, en confesionarios a cielo abierto, donde los jóvenes ríen y lloran con la emoción de la edad, se descubren los amores y se sueña con lo que vendrá. Arcaicos bancos que escucháis con vuestros oídos de piedra como en el futuro no contáis, pues los planes siempre llevan lejos y no se sabe cuándo regresaran.

Parece que en verano todo es más perezoso, calma y sosiego para las tardes ahogadas de calor y, sin embargo, en los pueblos todo se acelera: rebrota, renace y revive con el cálido sonido de las carcajadas de los niños, con los timbres de las bicicletas, que son para el verano, con los chapoteos, los balonazos e incluso las discusiones. La siesta tiene ruido del fondo: el silencio de un pueblo ha sido acallado. El café, la partida, el aperitivo, todo vuelve con más fuerza en verano. El reloj del ayuntamiento se convierte en referencia, los caminantes vespertinos o los muy madrugadores se saludan por los senderos. A las figuras del campo recortadas sobre el cielo, las que le dan vida todo el año, les salen espectadores e incluso jóvenes ayudantes.

Son las noches de verano noches a la fresca: de silla en la puerta de casa, de ventanas abiertas a última hora y cortinas ondulando en la noche como fantasmas del frescor inalcanzable. La luna ilumina la plaza, las risas de los jóvenes quedan amortiguadas por los balones que nunca paran. Vuelve la campana a tañer, dando la hora para recogerse. La libertad del estío, es el renacer de los pueblos con las risas en verano. Durante dos meses y medio, el silencio de un pueblo suena a gozo y bienestar.

Párate y te contaré cómo suenan nuestros pueblos. En verano todo es dicha, en invierno todo es frío. Soledad que ha de traer el otoño, no la quiero yo en mi tierra, prefiero el reír de agosto al sendero espectral que surge con las heladas. Hay en el pueblo una calidad perdida, un vivir con la tierra cerca y recordar la naturaleza viva. Quién sabe si esta es nuestra salida: convivir con la esencia del mundo para acabar con la violencia, la desidia y la ansiedad que parece impregnar nuestros días. Quizá es la hora de que volvamos a los pueblos, de que les devolvamos la vida y dejemos que, a cambio ellos, nos enseñen a vivirla. 

Publicado en Diario de Ávila en junio de 2024

NARRAR CASTILLA

Naturaleza

Fue una cálida tarde de verano. La luna se reflejaba sobre el Duero, mientras los chopos se mecían al ritmo del viento nocturno, que aliviaba el ardor estival de la meseta, arrastrando el sonido del agua. Las últimas luces del día se escondían en el horizonte y, antes de retirarme, me giré una vez más para admirar la belleza de la noche sobre el río. El Padre Duero. Desde donde me encontraba, sentía a Machado susurrarle palabras de amor, crear la épica castellana partiendo tan solo del rumor de sus aguas, del calor seco donde el sol se hacía tan presente que el trigo vibraba bajo el fulgor de su luz. Azorín lo narraba. Y sentí la misma evocación bella que la generación del 98 y su visión mística de nuestra tierra. Un lugar donde la gallardía de la historia se hace presente a través de sus monumentales paisajes, tan próximos se hallan el patrimonio cultural y natural aquí, en Castilla. Unamuno lo sabía. Años más tarde, Francisco Umbral diría que Miguel Delibes vino a desnoventaiochizar esa imagen, hablando de la pobreza, del hambre, de las ratas. Nunca he estado de acuerdo, porque, por un lado, Delibes también habla de la belleza de su tierra y, por otro, la realidad queda patente en esta generación de finales del XIX que vino a Castilla.

Lo mismo podríamos decir de la pintura: Sorolla de la Castilla amable, Zuloaga de la miserable. Donde en el valenciano Sorolla prima el color, la fiesta y la tradición, el vasco aposentado en Segovia, optó por esa imagen de la pobreza extrema con que se ha identificado Castilla y León durante mucho tiempo. Una imagen externa, porque una vez más, dejamos que nos narren desde fuera. Mientras tanto, pintores y escritores castellanos permanecen en el anonimato, siendo recordados tan solo puntualmente. Así, pueden ver cuadros de Vela Zanneti en restaurantes, pocos recuerdan a Adelina Labrador; Antonio Veredas, en Ávila, es para la gran mayoría solo una calle. Recitamos versos del Duero de Gerardo Diego o Góngora, pero desconocemos el poema “El Duero” del castellano Luis López Álvarez. La trascendencia de Delibes en este caso, adquiere aún mayor importancia: un castellano reconocido internacionalmente, el hombre que pese a ser tan solo “un señor de Valladolid” (palabras de Sergio del Molino) llegó tan alto que pudo hablar de lo que sentía que era necesario. La narración castellana de Castilla.

Tenemos muchas imágenes de nuestra comunidad, las más conocidas vienen desde fuera, pero también podemos apoyarnos en las de dentro, buscarlas, pues suelen estar escondidas. Todas ellas narran nuestra esencia, nuestra belleza y nuestras tragedias. Ahora el presidente dice que va a invertir mucho dinero en modernizar la comunidad. Habrá que esperar a ver cuál es la realidad de este plan. Y aquí es donde espero criterio, que se guíen por la necesidad y se adecuen a los problemas reales que tenemos. Hablen con las gentes de esta tierra, descubrirán que pedimos poco: tener los mismos servicios que el resto de ciudadanos. Modernicen Castilla y León con cabeza, sabiendo que el progreso no puede hacer desaparecer un pueblo: la renovación tiene que tener en cuenta el carácter propio. Sin perdernos por el camino y pudiendo crear otra vez nuestra propia narrativa.

Publicado en Diario de Ávila en julio de 2020

PRIMAVERA COMUNERA

Primavera castellana, derroche de luz y color: de luz en tus verdes praderas, de color en tu cielo añil con adornos de algodón. Toques rojos de amapola, rosados del árbol en flor, mientras la espiga se espera, vibra el campo embriagador. Los caminos polvorientos que recorren la comunidad, se transitan entre risas, cuando el sol brilla sin apenas calentar. Ya vendrá el verano sofocante a su polvareda machacar mientras nos escondemos a la fresca para poder aguantar. Cuando marzo avanza hacia abril la lluvia arrasa el horizonte plomizo que espera revivir. La Castilla de Agapito, la Castilla del Mester. Suenan las dulzainas y el eco del tamboril: anuncian el renacer del campo, el equinoccio lucido de retoños esmeralda que bailan una jota sin fin. Jota castellana, jota comunera que cada mes de abril, cubres de tradición la campa de cierta villa de Valladolid. 

Primavera comunera, rebeldía y rebelión, resuenan por toda Castilla como un eco sin voz. La desolación no desaparece, se transforma en indolencia, escondida entre los escenarios castellanos, floridos en primavera. Desaparecidos entre los brotes de los almendros, tan delicados que dependen de las heladas, anestesiados entre sus pimpollos rosados y olvidados en la gloria que tuvimos en el pasado. Castilla de Machado, de tristeza y tradición. La más bella y adusta; olvidada, despreciada, se transforma en poesía. ¿Y cómo no hacerlo cuando la belleza es constante a partir de marzo, cuando la luz del sol lo transforma todo, cuando una tormenta engrandece el horizonte?

Poesía castellana, de finura y esplendor, de musical belleza y de espera sin clamor. Retratos de la campiña verde, que espera volverse oro mientras las amapolas lo invaden con su canto sonoro. Poesía comunera, gimen las amapolas que todo ocurrió por aquí: a Castilla le entró el miedo un veintitrés de abril. Los tambores resonaban bajo las aguas mil, los cañones se agotaban sin apenas rugir. Qué sepa toda Castilla que nos perdimos por ser los primeros en pedir lo que hoy ya ni valoramos, lo que abandonamos sin respeto, más pobres de nosotros si lo perdemos. Amapolas comuneras que brotan cada año, luchando contra el olvido pero quedan relegadas al trigal, anécdota de color en los mares mesetarios donde también han perdido su significado. Ababol, como Castilla entera, no eres hoy sino poesía del ayer y del soñado mañana. 

Cuentan que hay quien aún recuerda que la llama de la vida aun late en el trigal y que en el fondo simplemente espera que se aviven los recuerdos y volvamos a perseverar. Cuando abril de paso a mayo, y la rebeldía quede atrás, las lilas y las rosas juntas cantaran que fuimos los que más luchamos y los primeros que quedaron atrás. Más adelante, entrado el estío, verás a los girasoles brillar, intentando alumbrar el camino para volver a despertar, soñando con esa primavera en que dejemos de quedarnos atrás.

Publicado en Diario de Ávila en abril de 2024

Bando informativo sobre la reina abulense

Hoy se cumplen 575 años del nacimiento de Isabel la Católica en Madrigal de las Altas Torres. Recupero este artículo de Diario de Ávila de diciembre de 2024.

Sepan todos que ayer hizo quinientos cincuenta años de que una abulense fuera proclamada reina en Segovia y se convirtiera en la mayor monarca de la historia de la nación, aunque esta todavía no existiera.

Sepan todos que Isabel I de Castilla, nació en la abulense villa de Madrigal de las Altas Torres en la primavera de de 1451, hija del rey Juan II de Castilla, de la dinastía Trastámara e Isabel de Portugal. Fue desde el momento de su nacimiento infanta de Castilla, pues su hermano mayor Enrique ostentaba ya el título de príncipe de Asturias. Pero la posible infertilidad de él y los rumores más que insistentes de que su única hija, Juana, no era suya sino de Beltrán de la Cueva, hicieron que los hermanos mantuvieran un constante tira y afloja durante la vida de Enrique IV, que desembocó en una guerra civil a la muerte de este.

Sepan todos que salió victoriosa de la guerra con el apoyo de su marido, Fernando de Aragón, que tuvo que entrar disfrazado en Castilla, pues el rey Enrique no quería que se celebrasen estas nupcias e Isabel no pensaba casarse sino con quién ella considerase el mejor candidato para su posición y sus planes de futuro. Tras la guerra, fueron los monarcas quienes gobernaron sobre los reinos y no los nobles, como venía siendo habitual.

Sepan todos que una vez acabaron con los problemas sobre la sucesión, decidieron recuperar el dominio sobre el sur de la península, echando de ella a los musulmanes que aún quedasen y, tras diez años de guerra, la reina entró en la Alhambra culminando su empresa al caminar entre las paredes del monumento mas bello que se alza en la península ibérica. 

Sepan todos que financió los viajes del almirante Cristóbal Colón para llegar a las Indias por una nueva ruta, pero lo que encontró fue un nuevo continente que nos era desconocido hasta la fecha. 

Sepan todos que aprobó el tribunal de la Santa Inquisición, expulsó a los judíos de la península, fue implacable con sus enemigos pero también con sus hijos a los que caso con herederos a la corona de otros reinos de la cristiandad. Que prohibió la exclavitud de los nativos americanos y se repartió el mundo con el rey de Portugal.

Sepan todos que fue una reina consciente de su poder y sin miedo a ejercerlo: tomó muchas decisiones, algunas acertadas y otras no tanto. Las acertadas la engrandecieron, pero las erróneas causaron gran sufrimiento. No obstante, obró cómo creyó conveniente de acuerdo a los principios y valores de hace quinientos cincuenta años.

Sepan todos que murió en Medina del Campo en 1504, a los 53 años de edad, dejando el reino en un estado incierto, tan diferente al de su mandato, por los problemas de sucesión. 

Sepan todos que en esta Ávila nuestra, solo la Universidad Católica se ha acordado de la efeméride y ha organizado unas jornadas para difundir su figura. Otras instituciones y organismos no han celebrado nada.

Sepan todos valorar adecuadamente cada uno de los puntos aquí tratados.

Cuentos de tradición oral

Los cuentos en nuestro país

En el ámbito nacional, la recopilación de cuentos tradicionales ha sido más tardía y dispersa, pero igualmente relevante. Destacan tres momentos: mediados del siglo XIX, con Fernán Caballero (pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber); finales del siglo XIX, con Antonio Machado Álvarez (el padre del poeta); y, a partir de 1920, la corriente folclórico-filológica (Aurelio M. Espinosa, padre e hijo), que realiza un estudio sistemático en el que, entre otras cosas, respeta el lenguaje de las personas que transmiten los cuentos.

Aunque, como hemos dicho, sus temas son universales (por ejemplo, existen más de trescientas versiones de Cenicienta recogidas por todo el mundo), los cuentos tradicionales de nuestro país tienen una serie de características que los diferencian del resto. Cabe destacar que la novela picaresca española es una continuación de los cuentos de tradición oral. En nuestro país, lo más habitual es que:

– El tema central sea el hambre: las historias comienzan porque no hay dinero para alimentar a la familia; en los cuentos de animales está presente quién se come a quién, quién es comido y qué se puede comer, etc.

– El héroe esté dispuesto a hacer el bien sin que haya un contrato mágico.

– La misión aparezca por accidente (relacionado con el hambre).

– Haya mayor realismo, menos violencia y más afición por lo escatológico (en la versión española original de Los tres cerditos, el lobo no sopla: se tira pedos).

– El desparpajo forme parte inherente de los personajes.

– Haya un castigo sin paliativos al agresor.

– Se centren en dramas reales que se tratan de frente, sin el pudor que caracteriza a los cuentos europeos.

– También suela aparecer el tema de la descendencia (la falta de ella o el exceso de descendencia que no se puede alimentar).

Dentro de los cuentos de tradición oral en España, la figura más destacada es Antonio Rodríguez Almodóvar, clave en la recuperación, estudio y difusión del cuento tradicional en España. Su trabajo se centra especialmente en el folclore andaluz, aunque su alcance es de carácter nacional. A diferencia de otros recopiladores que adaptaban o transformaban los relatos, Almodóvar apuesta por una recogida rigurosa, respetando la estructura, el lenguaje y el sentido original de las narraciones orales. También analiza los cuentos y los estudia partiendo de los estudios del ruso Vladimir Propp.

Sus dos grandes obras son Cuentos al amor de la lumbre, una recopilación para adultos donde se estudian y reúnen por ciclos los cuentos más habituales en nuestro país, y Cuentos de la Media Lunita, varios volúmenes en los que recupera los cuentos tradicionales y los adapta, con cambios mínimos, para el público infantil. Esta colección fue muy popular en los años noventa y aún se sigue usando en los colegios; es ideal para comenzar a compartir con los más pequeños los cuentos de tradición oral. 

Llegados a este punto me veo en la obligación de recordar que son cuentos muy antiguos que se contaban en sociedades distintas a las de hoy en día. Por ello, cuando surge un problema, hay una lucha, un momento escatológico o violento puede resultarnos muy distinto de la literatura infantil que hoy en día se escribe para niños que evita cualquier experiencia violenta o temas que puedan resultar comprometidos (aunque no por ello sean menos necesarios). Una actitud curiosa teniendo en cuenta que, salvo en la literatura, sometemos a los más pequeños a una violencia constante en una sociedad en la cual desde el propio uso del lenguaje está determinado por la ofensa, donde se puede insultar impunemente empezando por las clases dirigentes, pasando por un montón de situaciones cotidianas donde predominan las faltas constantes de respeto. 

Por otra parte, son unos grandes transmisores de valores como la perseverancia, la igualdad, la generosidad, la empatía… a veces de una manera demasiado evidente ya que, las transgresiones y los malos hábitos suelen ser castigados sin paliativos. Son fundamentales también para el pensamiento crítico, al enfrentar a los niños a distintas situaciones vitales pero también morales, presentando distintas soluciones y como transcurren y siempre con el brillo que dan las historias del pasado, en las cuales la magia, aunque no se mencione es la clave fundamental.

Cuando leemos estos cuentos con los niños, evidentemente podemos leerlos, pero la magia surge al contarlos, pues esa es su esencia más viva. Tenerlos en libros nos sirve para no perderlos, pero el encanto que surge de contar una historia es una de las herramientas más potentes para motivar la lectura. Además, crea vínculos y forma parte del tiempo de calidad que podemos pasar con los más pequeños. No importa que no contemos el cuento con las mismas palabras: eso no es lo importante. Con conocer la estructura y lo esencial de la historia, podemos narrarlo, pues esa era la manera en que se hacía en el pasado y la mejor forma que tenemos de honrarlo hoy en día.

Cuentos de tradición oral

Literatura infantil

INTRODUCCIÓN

En este mes tan feliz por todo lo que se celebra en él, he querido dedicar un tiempo a aunar, de alguna manera, la celebración del Día del Libro con la de Castilla y León. En un primer momento pensé en escribir sobre libros ambientados en esta comunidad autónoma para niños, pero pronto desistí al ver que, si en la literatura de adultos apenas aparece, en la infantil no tiene cabida. Por eso he elegido abordar un tema que, evidentemente, nos lleva a la literatura infantil y que puede resultar un gran recurso para motivar y educar a nuestros niños, pero que también los adultos podemos leer y disfrutar, con esa nostalgia del tiempo transcurrido, pero sobre todo con los ojos del adulto que descubre todo lo que se oculta tras un libro que parecía sencillo. Y, para empezar a descubrirlo, aquí dejo un poco de información sobre los cuentos de tradición oral.

Los cuentos tradicionales son un patrimonio inmaterial colectivo configurado por narraciones de transmisión oral que han pasado de generación en generación a lo largo del tiempo. Aunque parece que todos los conocemos, en realidad son unos grandes desconocidos debido a las constantes censuras y adaptaciones que han sufrido desde que se empezaron a recopilar a partir del siglo XVII. Sin embargo, las versiones reales han pervivido hasta hace muy poco y hemos tenido la posibilidad de recopilarlas en el último instante, justo antes de que las últimas personas portadoras de la sabiduría ancestral perecieran y solo nos quedasen las adaptaciones de los libros.

Estos cuentos se contaban fundamentalmente en las sociedades rurales y eran el acceso al conocimiento y el medio de educación más habitual. Normalmente se asocian con el final de las largas jornadas laborales, cuando se descansaba junto a las hogueras, tanto en el exterior como en el interior, pero la realidad es que se contaban en cualquier momento del día para aligerar la pesada carga del trabajo. Suelen presentar estructuras sencillas, personajes arquetípicos (héroes, villanos, seres mágicos) y enseñanzas implícitas relacionadas con valores, normas sociales o experiencias universales. Forman parte del patrimonio cultural de los pueblos y constituyen una herramienta educativa de gran valor en todas las etapas del desarrollo infantil y juvenil.

Debido a su origen, son cuentos que suelen centrarse en héroes pobres o de extracción humilde y critican la división social entre poseedores y desposeídos. Potenciaban el pensamiento crítico en las culturas iletradas a través de oposiciones y dicotomías. Los cuentos tienen una articulación binaria: cada cuento tiene su alternativo y complementario. Los alternativos serían por oposición (El gallo Kiriko no trata bien a los demás; Medio pollito, sí: el primero fracasa, el segundo triunfa con la ayuda de los demás) o equivalentes (cada Bella durmiente tenía su príncipe durmiente; cada Cenicienta, su equivalente masculino). Normalmente, las encargadas de la transmisión oral eran las mujeres, lo que explica por qué en sus versiones originales son ellas quienes suelen solucionar los problemas de distintas maneras.

Una de las historias más interesantes relacionadas con la tradición oral es la existencia de las llamadas «personas biblioteca»: una sola persona que conocía muchos cuentos y los guardaba en su interior, transmitiéndolos y enseñándolos a las nuevas generaciones para que no se perdieran.

Estos relatos existen desde tiempos remotos: algunos se sitúan incluso en el Neolítico. En Cuentos populares españoles III, de Aurelio M. Espinosa, se considera que algunos de los cuentos recopilados proceden de tradiciones ibéricas prehistóricas, y Wilhelm Grimm también escribió sobre el tema. Un cuento muy conocido, Pulgarcito en todas sus versiones (como una de sus versiones castellanas recopilada por Joaquín Díaz, Cabecita de ajo), ha sido objeto de estudio de la Royal Society, que sitúa este cuento en el final del Neolítico.

Sin embargo, su recopilación sistemática comienza principalmente entre los siglos XVII y XIX. En este periodo, diversos autores y estudiosos empiezan a recoger por escrito historias que hasta entonces circulaban de forma oral. Este proceso responde tanto a un interés literario como al deseo de preservar la cultura popular ante los cambios sociales derivados de la modernidad o, en el caso de los hermanos Grimm, de fomentar el nacionalismo alemán como contraposición a las invasiones napoleónicas. Sin embargo, como los recopiladores pertenecían a las clases intelectuales altas, excluyeron todos los cuentos que implicaban hombres encantados, mujeres que resolvían problemas y críticas a las clases superiores. Estas versiones son las más extendidas y han llevado a una crítica de género que generaliza al desconocer las versiones reales en lugar de fomentarlas.

Entre los principales recopiladores internacionales más famosos encontramos a Charles Perrault y los hermanos Grimm. Charles Perrault (Francia, siglo XVII), quien adaptó cuentos como Caperucita Roja o La Cenicienta con una clara intención moralizante. Los hermanos Grimm (Alemania, siglo XIX), que recogieron cuentos del folclore germánico. Siempre se ha interpretado que iban por los pueblos recopilando cuentos, pero la realidad es que los obtenían de estudiantes universitarios y de clases intelectuales. Por este motivo son cuentos que pierden el matiz fresco de lo auténtico y estudios sugieren que, debido a ser clases intelectuales, es muy probable que estén influenciados por Perrault y otras versiones escritas. Cabe destacar que, partiendo de la base de que tanto Perrault como los Grimm seleccionan que cuentos transcriben y cuales no, eliminando las historias de hombres salvados por mujeres, los propios hermanos Grimm son los primeros en adaptar, censurar y mejorar la escritura sus textos para llegar a un público infantil que, en principio, no era su objetivo pero que fue el que mejor recibió sus historias.

Es importante saber que Hans Christian Andersen (Dinamarca, siglo XIX) no es recopilador, sino el primer escritor de cuentos infantiles. Aunque algunas de sus historias toman elementos de la tradición oral, sus cuentos no son tradicionales, sino originales (al hablar de ellos, lo correcto sería decir cuentos clásicos, nunca tradicionales, ya que no proceden de ninguna tradición).

Continuará…

Libros tan inspiradores como la primavera

Cuando llega la primavera el cuerpo me pide leer libros tan hermosos como el paisaje.

No sé qué ocurre cuando llega la primavera que un cierto tipo de libro me reclama. Lo busco en mis estantes y en librerías, en bibliotecas y en el paisaje. Tal vez se trate de que la belleza lo impregna todo y no dejo de mirar a mi alrededor, y que entre brotes y flores, con los lirios surgiendo hasta en las cunetas y las lilas en el horizonte, la misma hermosura tiene que transmitirme el libro para que baje la vista del panorama. 

Me paso toda la primavera buscando un libro que me traslade al campo, que me haga sentir en la naturaleza, pero con una palabra escrita que imite su belleza. Sí, sé que nunca la igualará, pero solo con una sombra de lo que es me sirve para disfrutar. Pese a que busco y no cejo en mi empeño hay varios libros primaverales que me acompañan y siempre en estas fechas leo. Voy a dejarlos por aquí… si os ocurre alguno que pueda gustarme, no me lo dejes de decir.

CAMPOS DE CASTILLA

AUTOR: Antonio Machado

EDITORIAL: Le tienen muchas editoriales, el mío es el mismo Cátedra que leí en el colegio, con hojas de los álamos del Duero entre sus páginas.

POR QUÉ: Porque Antonio Machado es la belleza, el que más cerca ha estado de equiparar la belleza de la palabra escrita con la de la naturaleza y porque no concibo ni la vida ni la primavera sin la esperanza que me dan solo dos versos: Mi corazón espera, también hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.

PLATERO Y YO

AUTOR: Juan Ramón Jiménez

EDITORIAL: El mío es Austral

POR QUÉ: Este libro tiene tres cosas que me vuelven loca: los burros, el campo y la prosa poética. Platero es la ternura y la belleza, es la naturaleza misma convertida en palabra escrita. Es un libro de esos que te llena por dentro de tal manera que no cabe nada más, solo su perfección. 

LAS COSAS DEL CAMPO

AUTOR: José Antonio Muñoz Rojas

EDITORIAL: Renacimiento

POR QUÉ: El título sencillo contrasta con la prosa poética que te transporta. Describe momentos del campo que son cotidianos con la precisión exacta para dotarlos de la trascendencia que a veces se nos olvida que tiene la naturaleza.

SI UNA MAÑANA DE VERANO, UN VIAJERO

AUTOR: José Carlos Llop

EDITORIAL: Alfagura

POR QUÉ: Pese a estar ambientado en verano, tiene un equilibrio entre naturaleza, escritura y delicadeza que lo hace perfecto para esta época del año.

PAISAJES DEL ALMA 

AUTOR: Miguel de Unamuno

EDITORIAL: Austral

POR QUÉ:  El título lo dice todo; es capaz de hablar del paisaje con esa plenitud que yo asocio con la primavera.

UN JARDÍN AMADO DONDE DESCANSAR

AUTOR: María Ángeles Álvarez

EDITORIAL: Cuadernos del laberinto

POR QUÉ:  Porque te hace sentir todo lo que importa de la naturaleza. Los olores, los colores, las sensaciones. Un jardín que no por estar delimitado deja de ser infinito sobre todo por todo lo que te puede ofrecer. 

Estos son mis libros para esta época del año, pero siempre ando buscando otros que incorporar. Este año, por ejemplo, llevo guardando desde verano Impresiones y paisajes de Federico García Lorca, porque creo que será una lectura primaveral. Cuando leo estos libros no es algo que me apetezca, sino un anhelo del alma. ¿Se te ocurre algún otro que me pueda gustar? Si es así, dímelo en comentarios, por favor.

MUSAS DE PRIMAVERA, DRÍADES PINTORAS

Mural De Lara Rubin de Celix en Navalosa. Representa una niña con los elementos fundamentales de los Cucurrumachos, la mascarada del pueblo, portando un ramo de piorno en flor.

Para los griegos, el mundo volvió a florecer cuando Perséfone regresó de los infiernos un amanecer. En Cantabria son las anjanas quienes traen la primavera; sus mantos cubren todo a su paso de flores duraderas. Mas no se dejen por mitologías engañar, hoy traigo en mi artículo del esplendor de estos meses la verdad. Son las musas quienes nos regalan la primavera, en forma de versos, bailes y música hechicera. Pero las inspiran las dríades y ninfas que, con sus pinceles,  todo lo invaden.

Son ellas las que perfilan los brotes que florecen cada año. Y son ellas a quienes los más afamados, con su obra, han inspirado. Está la dríade de Van Gogh, con su cabello trenzado con flores, rosado es su color. La de Antonio de Ávila pinta sobre fondo blanco y con relieve sobre el cristal. Su hijo Albano ha hecho de la primavera su color, y su musa le lleva a los campos de Castilla, sobre los que Machado se explayó, cuando el trigo aún es verde y se espera lo mejor. Es el hada de Klimt la más cariñosa, pues da igual que vaya vestida de flores, de todo tipo y condición, o que solo lleve los capullos en el pelo; va repartiendo abrazos y besos para que sientas tu valor. Dríade de Millais, dríade shakespereana, pues reposa en un río, repleto de matorrales, cual Ofelia ya calmada. Es la de Adelina Labrador una ninfa abulense, pues pinta nuestros pardos y ríos y los arbustos de frente. Y luego está la de William Morris, que debía de ser de las que cuidan el hogar, pues llena de vegetación los muebles y paredes, para que también sientas la naturaleza cuando a casa puedes regresar. La dríade de Monet bajó por el camino de Sonsoles y lo llenó todo de amapolas sobre campos de centeno, pero esta ninfa inquieta le llevó por el mundo entero. Rosales en arco, nenúfares en un lago, todas las flores y los colores pasaron por la paleta de Monet, porque dio con un hada que sabía componer. Era hermana de la de Caillebotte, que además de restos de pintura entre las manos, las tenían manchadas de tierra, pues pintaban y cultivaban, eran hijos de la primavera. La dríade de Velázquez era tímida y disimulada y solo los que le aman saben encontrarla: está escondida entre los vestidos y los peinados; de las Meninas, sí, pero también de los caballos. Nada que ver con la de Joan Mitchell, un hada juguetona que siente esta temporada con pura emoción, impregna de pigmento sus brochazos para causar conmoción. La de Berthe Morisot es la ninfa de la ternura, hace ramos en parques y jardines y se los regala a una niña. La de Raoul Dufy se refleja a manchazos como un dibujo acuarelado. La de Pejac es una Anjana y se encuentra casi en la puerta de su casa, le pide aire y naturaleza, llévala a cárceles, hospitales o a lugares donde haya pobreza. Y ya metidos en murales llega la dríade de Lara Rubin de Celix; de Garoza hasta Gredos, lo llena todo de tradición, sola o acompañada, danzas, oficios y hasta piornos en flor.

Mural de Kasandra en Garganta del Villar. Muestra dos de sus típicas ninfas rodeadas de piorno en flor en la Piedra Jorcá del pueblo.

Las ninfas pintan la primavera, con sus pinceles y una linda canción, pero no saben que a todas ellas también pintan con primor. Desde el Tiétar, tras un paseo por el valle encantador, Kasandra las pinta con la magia de su inspiración.

Que disfruten ustedes de la primavera, de su hechizo y su color.

Publicado en Diario de Ávila en marzo de 2025

Jota de la Santa

Ilustración de Kasandra

Jota castellana para Santa Teresa de Jesús.

Tal día como hoy, un 28 de marzo, nació Santa Teresa de Jesús en Ávila. Por eso, rescato esta jota que le escribí para el pasado día de la Santa.

Por todos es sabido que hay dos cosas en nuestra ciudad que son reconocidas como muy importantes por toda la humanidad. Una son las murallas y otra es la Santa, y con motivo de sus fiestas me he parado a pensar que, si las murallas tienen su jota, a Santa Teresa no la cantamos con acervo popular y me he propuesto solucionarlo con una tonada que se pueda cantar. Aquí está el resultado: la pueden aprovechar, eleven sus voces contentos para disfrutar de esta novedad. Solo les pido clemencia por los errores, pues es mi primera jota; pero he disfrutado componiéndola, ha sido una experiencia natural y maravillosa. Aprovecho para tener un recuerdo para la Virgen de la Soterraña que ya era nuestra patrona en tiempos de la Santa, pero que tras la vida de esta, fue perdiendo lustre y aunque conserva el título de patrona, Santa Teresa ha ocupado su sitio por aclamación popular. Sin más preámbulos aquí va, la Jota de la Santa: pueden cantarla y también bailarla, para eso está.

Jota de la Santa

La Santa no es la patrona,

la Santa no es la patrona.

Pero es tan grande su historia,

que le dimos la corona

y cuando media octubre,

la adora la muchedumbre.

La Santa no es la patrona.

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡A la Santa cantamos,

esta jota en su honor!

Santa Teresa, escritora,

Santa Teresa, mujer,

monja y reformadora.

De la Iglesia su doctora.

¿Qué más se puede ser?

Pues también era abulense,

Santa Teresa, escritora.

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡A la Santa cantamos,

esta jota en su honor!

¡Ay, qué suerte que tenemos!

Con esta mujer errante,

¡ay, qué suerte que tenemos!

Andariega caminaba,

y conventos reformaba.

Andariega caminaba,

¡Ay, qué suerte que tenemos!

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡A la Santa cantamos,

esta jota en su honor!

Escribía y escribía,

Santa Teresa leía,

Escribía y escribía:

la llamaban letraherida, 

un placer es su poesía,

Santa Teresa leía,

¡Escribía y escribía!

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡A la Santa cantamos,

esta jota en su honor!

Ya nos vamos levitando,

y con la lengua hecha pedazos

ya nos vamos levitando.

Que tan grande es nuestro amor,

que es difícil explicarlo,

que es difícil explicarlo.

Ya nos vamos levitando.

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡A la Santa cantamos,

esta jota en su honor!

Y aquí acaba esta jotilla,

para cantarle a la Santa,

y aquí acaba esta jotilla

vistámonos elegantes

y con nuestros manteos,

bailemos en plena calle.

¡Que aquí acaba esta jotilla!

A la Santa cantamos,

esta jota en su honor,

porque los abulenses

la adoramos con fervor,

la bailamos con pasión, 

la adoramos con fervor.

¡Esta jota en su honor,

a la Santa Cantamos!

Publicado en Diario de Ávila en octubre de 2025.

La ilustración es de la genial Kasandra