
Aprender de leer es uno de los procesos más complicados a los que se enfrentan los niños a lo largo de su vida. Leer no solo implica identificar símbolos, también implica comprenderlos y para poder llevar a cabo este aprendizaje es fundamental estar listos para hacerlo y esta preparación no siempre es tenida en cuenta por los programas educativos.
La adquisición de la lectura supone la integración de procesos lingüísticos y visuales, así como el empleo de mecanismos de asociación con representaciones previamente instaladas en el cerebro. En un primer momento el ojo capta la imagen visual y, a través de un neurotransmisor pasa a cerebro, que desentraña el signo escrito y lo dota de significado. Leer consiste en un complejo conjunto de procesos cognitivos. Cuanto más compleja es la lectura, más zonas del cerebro participan en su elaboración. Los procesos cognitivos implicados en la escritura se corresponden y complementan con los de la lectura.
Habitualmente los niños llegan a la educación primaria sabiendo leer y escribir, aunque no es obligatorio, pues el nivel de maduración cerebral en los niños es desigual. Esta madurez no es más que el nivel de mielinización de las neuronas. Esta mielinización es el proceso por el cual se crea la mielina, una capa aislante alrededor del nervio, que favorece que los impulsos nerviosos ganen en velocidad y se produzca una mayor sincronización en las neuronas para llevar a cabo el proceso de comunicación de mensajes. Este proceso comienza durante la gestación y tiene su periodo de mayor desarrollo en los dos primeros años, disminuyendo progresivamente a medida que nos vamos haciendo mayores, pero estando presente hasta los 20 años. El aprendizaje de la lectoescritura es distinto en cada niño ya que depende del estado de este proceso por un lado, pero también de la adquisición de diversas destrezas. El momento más habitual suele ser en torno a los cinco o seis años, pero hay niños en que aparece antes y en otros después. Un adelanto o retraso en este proceso no tiene porque tener relevancia a nivel cognitivo. O dicho de otra manera, que aparezca antes no tiene porque significar que el niño tenga altas capacidades y que aparezca después no tiene porque significar dificultades, aunque en ambos casos se pueda dar la situación.
Para comenzar con éxito la enseñanza de la lectoescritura, se requiere que el sujeto posea una serie de capacidades y habilidades que hacen que una persona pueda aprender con facilidad a traducir oralmente el signo escrito. Muchas veces no nos paramos a pensar todo lo que implica aprender a leer y a escribir, pero son procesos mentales complejos y con la adquisición de la misma alcanzamos una serie de funciones mentales que nos acompañaran toda la vida. Algunas de estas son: transformar el grafismo en su equivalente sonoro, atribuir significado al grafismo o desarrollar el pensamiento propio. Tampoco nos paramos a pensar en todas las destrezas que son necesarias para poder enfrentarse a este aprendizaje. Para poder hacerlo con éxito el niño debe haber adquirido factores como la agudeza y discriminación visual y auditiva; la habilidad fono articulatoria, conocimiento del esquema corporal o la localización y la orientación espacial y
temporal. Por no hablar de lo fundamental que es el desarrollo de la motricidad fina y la coordinación visomotriz,
Por todo ello, el aprendizaje de la lectoescritura tiene que tener siempre muy presente el desarrollo del niño. ¿Cuál es el problema? Que desde que los alumnos pasan a primaria el sistema educativo está basado en que sepan leer sin respetar estos plazos. Es cierto que lo normal es que durante primero se pongan al día, pero el hecho de que tarde un poco más suele generar ansiedad en los adultos que, a su vez, se lo trasladan a los niños. Aunque se puede acompañar y estimular, y por supuesto hay que estar atentos a que no haya más señales que puedan significar dificultades que necesiten un diagnostico específico, además de dar un apoyo constante si la lectoescritura se retrasa, no debemos olvidar todo lo que lleva detrás este proceso.