Los otros

Que Virginia Woolf cambió la historia de la literatura es un hecho de sobra conocido por todos. Para sus lectores, lo que nos atrapa es su manera de escribir, su constante evolución y sus formas novedosas: uno nunca sabe qué va a encontrarse en cualquiera de sus libros, pero si sabe que van a ser necesarias (y deseadas) futuras relecturas para captar todo lo que hay en la obra. Leer a Virginia Woolf siempre asombra. Para la gente menos interesada en la literatura, Virginia Woolf es en sí misma una leyenda: por lo que representa para el feminismo y la diversidad. Tan fuerte es su figura que ha sido capaz de eclipsar a quien la quiso en vida. El grupo que se generó en torno a ella y a sus hermanos, Bloomosbury, es conocido. Pero individualmente algunas de sus personas más brillantes solo son recordadas por su relación con la escritora, como su marido, Leonard Woolf, su amante, Vita Sacklville-West, y su hermana, Vanessa Bell.

Leonard Woolf fue un pensador, escritor y político muy relevante: fue una de las mentes detrás de La Sociedad de Naciones, el germen de la ONU. Fue miembro del parlamento y director de numerosas revistas culturales y políticas de la época. Fue la cabeza detrás de Hogarth Press, la editorial que fundó con Virginia con el objetivo de darle una actividad manual que contribuyese a su bienestar, pero que acabó siendo una empresa importante que no solo publicó las obras del matrimonio: Freud, T. S. Eliot y Katherine Mansfield pasaron por sus prensas. También publicó varias novelas y libros de relatos, amén de una autobiografía en varios tomos en la que reflexiona con gran juicio y pensamiento crítico sobre su vida y su labor. El último tomo es el único que se puede leer en castellano y ha sido rebautizado como “La muerte de Virginia” aunque ese no es su título original ni el tema principal.

Vita Sacklville-West formaba parte de la nobleza británica y dedicó su vida a la escritura y al diseño de jardines, como el de su casa familiar, llegando a combinar ambas facetas en el libro “Mis Flores” en el que con una delicadeza sin par describe sus veinticinco flores favoritas sin resultar repetitiva ni cargante, todo un ejercicio de maestría. Sin embargo es en su novela “Los eduardianos” donde se consolida como escritora, una obra en la que retrata el fin del estilo de vida de la nobleza inglesa.

Finalmente su hermana Vanessa tuvo (y sigue teniendo) que lidiar con algo más que ser la hermana de Virginia Woolf: era pintora. Si en literatura era difícil que una mujer se abriera paso, en las bellas artes lo sigue siendo a día de hoy. Sin embargo ella fue la que introdujo el impresionismo en Inglaterra y pasó largas temporadas formándose en París. Pero, pese al aprendizaje en Francia, desarrolló un estilo propio en el que los rostros eran meras insinuaciones y era el entono lo que desarrollaba la psicología del personaje, una suerte de transición entre el impresionismo y el expresionismo. También pintó muebles y frescos en su casa. Sobra decir que sus obras más famosas son los retratos de su hermana y las portadas de sus libros. A día de hoy solo una galería londinense ha hecho una retrospectiva de su obra y solo existe un libro sobre su labor artística.

Y aquí concluye mi pequeño homenaje a estos artistas que fueron eclipsados por Virginia Woolf y de los que podemos disfrutar pese a “solo” ser los otros.

Publicado en Diario de Ávila el 24 de junio de 2023.