Celebremos lo que somos

Imagínense en el cine. Un cubo de palomitas en el regazo, su olor inunda la sala. En pantalla Sean Bean (más conocido como Boromir en El Señor de los Anillos o Ned Stark en Juego de Tronos). Como de costumbre, se encuentra frente al cadalso. Se adelanta y exclama “¡Cumplid pronto la sentencia! ¡Pero llamarnos traidores, nadie puede en esta tierra! ¡Mientes tú, vil pregonero, y aquel a quien obedezcas!” Otro hombre (igual Liam Neeson, Oskar Shindler en la Lista de Shindler) le apoya la mano en el hombro y responde: “Ayer era día de pelear como caballeros, señor Bravo, hoy es día de morir como cristianos”. Sean Bean se vuelve al público congregado, mirándolos uno a uno. Después se dirige al verdugo y le pide que le mate a él primero, pues no quiere ver la muerte del hombre más noble de Castilla. Fundido a negro. En letras blancas se cuenta que, tras la Batalla de Villalar, Toledo resiste sublevada seis meses más, dirigida por María Pacheco, viuda de Padilla, que se exiliará en Portugal. Sin embargo, Castilla acabará siendo el centro del gobierno de Carlos V, que aprenderá castellano y cumplirá con algunas de las reclamaciones de los comuneros.


Los castellanos a menudo decimos que el día de nuestra fiesta regional es una derrota, pero celebramos lo que para algunos historiadores fue la primera revolución liberal de la historia, igual que los franceses celebran la revolución francesa, que desembocó en la dictadura de Napoleón. Fueron los primeros en alzarse contra lo que creían injusto. Y eso, en el contexto del siglo XVI es un avance enorme, pero nos empeñamos en ver esa historia con los ojos del siglo XXI. Los historiadores que me rodean siempre repiten que la historia hay que verla en el contexto en que ocurrió, no en el de nuestra época, pero el 23 de abril algunos lo reivindican como propio, otros lo relegan, la mayoría no tenemos donde vernos reflejados y así olvidamos uno de los capítulos más épicos de nuestra historia, que parece “made in Hollywood”. Igual que no politizamos la batalla de Lepanto o la toma de Granada, celebremos lo que somos, como una comunidad unida que se respeta, sin política, con jotas y hornazo. No olvidemos que somos la comunidad de Isabel la Católica, Suarez, Delibes y otros tantos. La que presume de Campos de Castilla, del Duero y los girasoles. La del Nuevo Mester de Juglaría. ¡Qué bonito sería que en Ávila se hiciera algún acto por este día! Tirando de los de casa y sacando la tradición a la calle, Urdimbre bailando y Trebejo tocando.

El 23 de abril es también el día del libro. Un día para festejar lo que somos, lo que nuestra tierra y libros han hecho de nosotros. Párense un momento y piénsenlo, ¿serían ustedes los mismos si no hubieran crecido o vivido aquí? ¿No nos han dejado huella nuestras costumbres, nuestros paisajes, nuestro clima? ¿Nada nos han aportado, para bien o para mal, los libros que hemos tenido que leer y los que no? ¡Levantemos la cabeza y celebremos quienes somos! Y acabo con la pregunta que, entre las muchas páginas que se han escrito sobre nuestra tierra, nos hizo un poeta paseando por nuestros campos: Castilla, ¿espera, duerme o sueña?

Publicado en Diario de Ávila en abril de 2019

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