
El pasado mes de octubre uno de los libros más famosos de Roald Dahl, Matilda, cumplió 30 años. Este libro es muy especial para mí, porque fue el primer libro “gordo” que leí y el primero del autor, uno de mis favoritos. Las celebraciones literarias son algo muy bonito y si el libro o el autor son especiales para ti, puede ser una delicia casi equiparable a leer la obra por primera vez.
Todavía conservo mi ejemplar original de Matilda y lo guardo como oro en paño. En la portadilla, una Carolina de 9 años dejó registrado a qué edad y en qué época del año lo leyó. Aunque no necesito este escrito para recordar cómo fue aquello. El libro me parecía gordísimo y sus 230 páginas (sin apenas más ilustraciones que algún bosquejo de Quentin Blake, ilustrador habitual de Roald Dahl) eran un reto que, tras haber visto la película, estaba dispuesta a superar. Aquellas navidades en casa de mis abuelos pasé prácticamente tres días pegada al libro, soltándolo lo mínimo posible. Estaba absorbida por la historía de una niña ignorada y maltratada por su familia, que encuentra en los libros la magia necesaria para salvarse. Este fue el preludio de otras historias, pero en aquel momento aún no acababa de entender dónde me había metido ni qué había cambiado, aunque sí sabía cuál era la palabra clave: magia.
Este 30 aniversario ha estado lleno de bonitos momentos que te hacen reconectar con el libro, como los marcapáginas conmemorativos y los post de twitter sobre el aniversario, con sus propios hashtags creados para la ocasión (#Matilda30 #YoLeíMatilda). La primera vez que vi las nuevas ilustraciones en las que Quentin Blake nos ha mostrado como es la protagonista de la historía al entrar en la treintena, el Matilda Challenge (reto viral en internet en el que se recrea la escena de la película en la que niña descubre sus poderes), los videos de gente explicando qué significa para ellos y qué creen que ha sido de ella o releer el libro el día de su aniversario. Este tipo de cosas, además, te hacen ver la trascendencia de esta obra literaria y su importancia en las vidas de las personas. Personas que, como yo, deben en gran medida lo que son a uno (o varios) libros y que se emocionan con ellos. Personas que celebran los libros.
Publicado en Diario de Ávila en noviembre de 2018
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