Como Cervantes hablaba de la locura, la enfrentaba a la realidad y escribía sobre la identidad, cada autor tiene su tema, ese que trata sin pararse a veces ni a pensar.
Igual que Kafka nos acerca a su angustia existencial y Jane Austen nos explica que toda mujer se ha de casar y lo que opina al respecto de manera singular, todo escritor tiene su tema, en el que le gusta profundizar. Joyce Carol Oates habla de la hipocresía y la violencia en su América natal, mientras Dostoyevsky nos agobia con su culpa y su moral, cada novelista escribe sobre lo que le preocupa más.
Como Almudena Grandes hacía de la memoria histórica su narrativa principal mientras que Haruki Murakami llena su prosa de música para paliar la soledad. Ánzoni Martín parece humor pero es pura crítica social o Nur Ferrante explora cómo la poesía ayuda con la enfermedad. Cada escritor tiene una idea de lo que quiere trasladar.
Mientras Elvira Lindo opta por la cotidianidad, de la infancia y la familia sin el humor olvidar, comparte con Chimamanda Ngozi Adichie el tema del feminismo, pero de una manera nada igual. La nigeriana ahonda en el racismo y la identidad que surge tras el postcolonialismo, son temas que conoce de verdad. Quien escribe vuelve siempre a lo mismo, no lo puede evitar.
Como Irene Vallejo se centra en los libros, su historia y el amor que nos dan, cada ensayista desarrolla su obra en torno a aquello que le importa más. Y Delibes habla del campo, de Castilla y lo rural; hay escritores que hablan siempre de lo mismo pero nunca cansan y siempre quieres más.
¿Cuáles son mis temas recurrentes? me pregunto sin tardar. La respuesta no es difícil, su día acaba de pasar, pues el veintitrés de abril se celebra todo aquello sobre lo que me gusta divagar y que luego acaba escrito en papel, lo llegue o no a publicar. Es Castilla mi elemento, delibesiano y muy extenso, centrado en las tradiciones y son claras las razones, pues no siempre son valoradas tanto como se debería y eso que son pura poesía. Hay lírica en nuestra danza, cabriolas en nuestras canciones, trajes, historias, monumentos y nuestra alma permanece en ellos desde hace generaciones. También me gusta nuestra historia. Fue grandiosa y luego infortunada como pocas, pero sigue siendo nuestra. Cada parte es importante y tenerla presente es de lo más relevante. Dentro de la historia, por los comuneros siento pasión y el veintitrés de abril celebramos su revolución. Los he contado de manera recurrente, desde que a los quince años escribí sobre ellos para un concurso escolar y lo narré todo de manera epistolar. No gané el premio pero sí me llevé mi historia, esa que me gusta contar tanto escrita como de memoria. Y después de tantas letras que se han llevado los comuneros, puedo decir que ya no parafraseo su romance al escribir sobre ellos. Hay otro tema que me fascina y sobre el que escribo aún más: es el mundo de los libros, cuentos, poemas y demás. Y es como decir que me gusta escribir sobre todo, pero eso no es verdad: la palabra escrita y la lectura son otro tema que me es fundamental.
Ahora ya saben qué encontrarán en mi columna, aunque quizá ya lo intuían, porque me leen, por fortuna. Disfruten de nuestra tierra, de la lectura y de todo aquello que el veintitrés de abril se celebra y culmina.
Publicado en Diario de Ávila en abril de 2025
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