Párate y te contaré veinticinco pueblecillos, empezando por Arévalo y acabando por El Fresno: empezando por Arévalo y acabando por El Fresno.
Arévalo es la capital del mudéjar de esta tierra. En su castillo vivió la reina que nos lleva hasta Madrigal. Esta villa de Altas Torres vio nacer a Isabel, reina de los castellanos, la Católica, nombrada por un papa valenciano. Seguimos hacia Fontiveros, otro pueblo de alta cuna. Allí nació San Juan de la Cruz, abulense pese a su segoviana sepultura. Y si seguimos el camino, aparece nuestra Santa Teresa y su palomarcito en Gotarrendura.
En Benuy-Salienro hay un dolmen calcolítico, con piedras muy bien plantadas y rodeadas de vacas. Siguiendo hasta Riofrío, después de curvas muy cerradas, podrás nadar en la balsa, entre sus gélidas aguas. Y hablando de aguas dulces, pasa el Alberche por Navaluenga. Ya camino de El Barraco, con sus quesos y cervezas, se te hará la boca agua.
En Cebreros llamas a la ESA y te saludan astronautas; dales un poco de vino y cantarán a la democracia. Si sigues camino de El Tiemblo, saluda a Carlos Reviejo. Luego podrás pasear por su castañar. Y si sigues hasta Casavieja, el valle del Tiétar atraviesas: allí podrás escuchar las rondas de los pastores en Navidad. Para llegar hasta Candeleda hay que pasar por el Balcón del Tiétar: en Pedro Bernardo, las mantas y alforjas de lana y los Machurreros son tradiciones bien recordadas. Y llegando muy al sur, limitando con La Vera, Candeleda sube al Almanzor desde la ermita de Nuestra Señora de Chilla. Siguiendo esos caminos llegarás hasta Arenas de San Pedro, con su castillo, su puente y las Cuevas del Águila al lado. Si quieres volver hacia el norte, atraviesa las Cinco Villas; cuando llegues a Cuevas del Valle, el Puerto del Pico cruza.
Una vez que lo has cruzado, tras recuperar oxígeno, el Pinar de Hoyocasero te aguarda en un desvío. Esta joya botánica es distinta en flora y fauna; puedes ir a pasar el día y buscar muy raras plantas. Por caminos cubiertos de piorno, al llegar junio, llegarás a Hoyos del Espino: podrás ver cabras en escultura y trotando por las peñas. Si continúas hasta El Barco de Ávila, un buen plato de judías te aguarda; bájalas en Piedrahíta si bailas con sus señoritas. Piedrahíta Goyesca frente al Palacio del Duque de Alba. Sigue hasta Bonilla de la Sierra, con su Procesión de los Negros en Semana Santa.
Más cerca de la capital, en Muñana, los quintos siguen celebrando el Carnaval. En Muñogalindo está Ibarrola, en la Dehesa de Garoza. Ambos son buenos lugares si te gusta la carne. Por una estrecha carretera llegas hasta Solosancho: Ulaca es, de los vetones, el hogar más conocido. Al lado, en Sotalbo, hay buenas vistas del castillo de Manqueospese, aunque pertenezca a Mironcillo. Y con esto voy acabando, pues ya voy llegando a El Fresno, donde oirás los cencerros de las Toras a principios de enero.
Este artículo, que es casi un listado, puede parecer fácil, pero me ha costado elegir, pues hay cuatrocientas sesenta y nueve localidades en la provincia y todas tienen su belleza, sus tradiciones y su magia. Pero la tonada que cantaba el Mester y hoy replico a veinticinco lo limitaba.
Párate y te contaré veinticinco pueblecillos, empezando por Arévalo y acabando por El Fresno: empezando por Arévalo y acabando por El Fresno.
Publicado en Diario de Ávila en junio de 2025



