La escultura y el Friso de Beethoven

La escultura de Beethoven

La escultura de Beethoven en la que se basa toda la exposición esta realizada en mármol griego, tela y ónice. Su pedestal esta hecho en mármol pirenaico, ojos de águila, ámbar, garras de águila: y bronce y el trono bronce en cabezas de márfil, bandas de mosaíco, vidrio, ágata, jade , madreperla y pan de oro. Tiene una altura total 310 metros y resalta por su grandiosidad y la majestuosidad con la que se trata la figura del genio de Bohn. Se presenta a Beethoven como una deidad olimpica, de ahí el diseño de la exposición, con el torso al desnudo y rodeado de elementos que remarcan su poder, como el águila o el trono. Esta obra se considera que pese a que la representación del músico es clara, tiene un claro componente abstracto, ya que transforma su música en visible y esta es la pauta que marca la exposición realizada en torno a su figura. En un sentido más practico se puede ver como el uso de elementos decorativos en la escultura puede influir a los artistas secessionistas, muy interesados en la ornamentación, particularmente a Klimt que inicia en esta exposición su periodo dorado.

Por su parte, el Friso de Beethoven es considerado por muchos la obra maestra del Art Noveau europeo y se salvo de la destrucción por aclamación popular. Es una alegoría al sufrimiento humano y como la salvación se encuentra en las artes y el amor. En el mismo momento de su creación, Havesi declaró que será una perdida irreparable y que era la obra maestra de Klimt. Esta afirmación hoy en día es aceptada por muchos. Las tres paredes decoradas por el artista representan el progreso de la humanidad desde el deseo hasta su salvación por medio de las artes. Este mensaje religioso artístico siempre ha sido interpretado como la parte coral de la novena sinfonía de Beethoven con un mensaje de alegría respecto al poder y la naturaleza abstracta de la música, presente en la escultura de Klinger. La obra marca el inicio de su obra más madura. Esta obra, además supone para él una liberación, ya que le da la oportunidad de realizar arte para el dominio público con total libertad, tras las duras críticas recibidas por las pinturas de la universidad.

La obra encuentra su influencia en distintas fuentes como el propio art noveau o la ornamentación bizantina y micénica de la poesía, influencia que desarrollara por completo en el palacio Stoclet, el renacimiento germánico con el caballero o el artista contemporáneo a Klimt, Ferdinand Hodler, al que emula en el simbolismo de su coro de ángeles.

A lo largo de los tres paneles se pueden ver hadas flotando, que son las que guían el recorrido a través del friso. En el primer panel aparecen tres figuras desnudas implorando a un caballero de armadura dorada que mira en otra dirección rodeado de la Compasión y la Ambición. En el panel central nos encontramos las Fuerzas Hostiles, capitaneadas por el gigante Tifeo, y sus tres hijas, las górgonas. También se encuentran en este panel la Enfermedad, la Locura, la Muerte, la Corrupción, la Lascivia, la Gula y el Arrepentimiento mostrado como un gran gemido. En el tercer panel, encontramos el anhelo de la felicidad satisfecho en Poesia, representada por una mujer con un arpa vestida de dorado. Más adelante unas mujeres desnudas que representan las artes dan paso a un coro de angeles, referencia directa a la coral de Beethoven y a una pareja abrazada que representa el amor. Esta obra contiene dos de los elementos clave en la obra inmediatamente anterior de Klimt y posterior; el desnudo y el uso del dorado. En su momento tuvo muchos detractores y muchos seguidores y llegó a ser acusado de pornografía pintada. Sin embargo, su realismo pictórico del desnudo y su realidad a la hora de pintar la masturbación femenina abrió caminos explorados posteriormente por artistas como Egon Shiele y más recientemente la obra gráfica de Jeff Koons Made in Heaven que, si a Klimt le acusaban de pornografía pintada, a este le han acusado directamente de pornografía.

El uso del dorado de Klimt comienza aquí y es lo que le ha granjeado mayor fama, ya que sus obras más conocidas, El Beso y el primer retrato de Adele Bloch-Bauer son famosas por el uso que hace del dorado como elemento decorativo a la par que sagrado, recreando el sagrado femenino famoso en la antigüedad. Klimt fue el artista contemporáneo que reintrodujo el uso del dorado en el arte, desmoralizando y quitándole el contexto eminentemente religioso. Así, algunos años más tarde Monet lo utilizara para el sol sobre su estanque de Giverny o Klein lo contrapondrá a su famoso color Klein. Pero la influencia más clara la tendrá para la fotógrafa austriaca Inge Prader que creara en vivo algunas de las escenas de Klimt, incluido el Friso de Beethoven.

Visión del Friso y la escultura durante la exposición.

La mujer que hizo a Van Gogh inmortal

Vincent Van Gogh es uno de los pintores más admirados y reconocidos de nuestro tiempo. Sus anécdotas son muy conocidas, como su oreja cercenada, su estancia en el psiquiátrico o su suicidio. Pero, dejando aparte las historias que cuentan sus cuadros, hay una en particular que me encanta y pese a ser muy interesante, es la gran desconocida.

Durante su vida, el pintor holandés fue rechazado por su personal estilo y solo vendió dos cuadros. Sin embargo, de la noche a la mañana se volvió uno de los artistas más cotizados del mundo. Cualquiera podría pensar que el mundo, de repente, vio la genialidad de su obra y entró en razón, pero esto no fue así. Hay un artífice de este milagro artístico: Johanna Van Gogh-Bonger.

La historia de Johanna es, por sí misma, apasionante. Nacida en Ámsterdam en 1862, fue la quinta de siete hijos, estudió hasta alcanzar el equivalente actual a un grado, hablaba varios idiomas, tocaba el piano, escribía ensayos y trabajó en Museo Británico antes de conocer al que sería su primer marido, Theo Van Gogh. Durante el poco tiempo que estuvieron casados vivieron con la sombra del problemático hermano de su marido: Vincent. Tal fue la unión de los hermanos que Theo murió apenas seis meses después del supuesto suicidio del pintor.

Con 28 años, Johanna se quedó viuda con un hijo de un año, cerca de 900 cuadros de su cuñado que nadie quería y todas las cartas que Vincent le había escrito a Theo. Lejos de amilanarse, esta luchadora comenzó a leer las cartas, descubriendo la intensidad del hermano predilecto de su marido, al que solo había visto en dos ocasiones. Con buen tino, paciencia y persistencia, empezó a prestar obras a exposiciones, organizar retrospectivas con la obra de Van Gogh e incluso vendió algunos cuadros, tanto a coleccionistas privados como a museos. Durante todo este tiempo también fue seleccionando, editando y traduciendo las cartas que escribió a su hermano, elaborando los tres volúmenes que configuran la conocida obra “Cartas a Theo”, permitiéndonos conocer mejor al torturado artista. Las cartas fueron el detonante de la fama del holandés que, unido a sus coloridos cuadros, calaron hondo en la conciencia general del público. En él encontraron un genio, complicado y en ocasiones incluso violento, pero un genio al fin y al cabo, que desarrolló un estilo artístico propio y fácilmente reconocible. Pese a sus segundas nupcias, Johanna nunca dejó de trabajar en el legado de Vincent Van Gogh.

La vida de Johanna, una mujer fuerte e inteligente, ha quedado prácticamente olvidada por la historia. Van Gogh fue un pintor entregado y original, pero sin la intervención de su cuñada sus cuadros seguramente hubieran sido destruidos en su casa de París, como pedían los vecinos. Con toda probabilidad, sin Johanna Van Gogh-Bonger no conoceríamos ni admiraríamos la belleza de la obra del holandés, que se habría sumido en el olvido en lugar de convertir a su pintor en inmortal.

A veces olvidamos lo importantes que pueden llegar a ser las personas que nos rodean y lo mucho que influyen en nuestras vidas. Nunca se sabe quién te va a cambiar la vida. O, en este caso, la eternidad.

Publicado en Diario de Ávila en enero de 2019.

Impresión invisible

Berthe Morisot fue una de las figuras claves del impresionismo francés. Sin embargo, la historia del arte la ha relegado al segundo plano denominado “pintoras femeninas”. Aunque ahora se intenta recuperar su obra y se reivindica su figura, la triste realidad es que su importancia sigue siendo más orientada a su relación con los demás pintores que a su arte propiamente dicho. Ser cuñada de Édouard Manet e íntima amiga de Monet, Renoir o Degas parece más importante que ser mujer y artista en el siglo XIX. Morisot es más reconocida como modelo de Manet que como pintora, hasta tal punto que la biografía de la artista en la web del Museo Thyssen se centra en quién conoció y no en qué pintó. De hecho, la única obra que aparece mencionada en esta biografía es “El Balcón” de Manet.

Berthe Morisot estudió con un pintor de renombre, Corot y, pintando, conoció a Édouard Manet, quién la retrató en varias ocasiones y siempre con la presencia de terceros. El cuadro más conocido de estos posados es el mencionado “El Balcón”, una escena influenciada por Goya en la que una joven Morisot vestida de blanco y con gesto indolente mira a través de un balcón. Esta imagen desató todo tipo de rumores que llegan hasta nuestros días e incluso han llevado a realizar una película que no se centra en la figura de la francesa, sino en su posible relación con Manet. Años más tarde, Morisot se casó con el hermano del artista, y esto parece también más importante que la influencia real que los Manet tuvieron en ella: una relación directa con el arte más moderno de la época. Poca gente sabe, por ejemplo, que Morisot fue una de las fundadoras del impresionismo, ya que expuso en la primera exposición del grupo en 1874, junto a Degas, Cézanne o Monet.

¿Qué hace que hayamos relegado a Morisot? Pues que fue mujer y que su obra se interpreta (o juzga) centrándose en ello. A Berthe Morisot siempre se le ha acusado de pintar escenas de carácter doméstico, poco interesantes. Igual que todos los impresionistas. Solo que si Monet pinta su jardín, todo el mundo se fija en cómo sus pinceladas cortas y rápidas captan la luz, dando sensación de fugacidad. Si lo hace ella es una mujer pintando flores. Si Monet pinta a su mujer leyendo un libro, hace un retrato. Si ella hace lo mismo con su marido, es poco menos que un recuerdo. Si Renoir pinta unas jóvenes tocando el piano, ese cuadro aparecerá en todos los libros de música del mundo. Si Morisot pinta un cuadro similar, puede que ni aparezca en los libros sobre las “mujeres impresionistas”.

La pintura de Berthe Morisot ahondaba en los mismos temas que los demás impresionistas: mostrar lo que estaba sucediendo. Desgraciadamente para ella, ni su pincelada veloz, ni su temática moderna centrada en lo cotidiano como tema pictórico —una auténtica revolución para su época— se salvan de la etiqueta de “mujer”. Quizá los cuadros de Morisot tengan la suerte de ir firmados, algo en lo que también fue de las primeras, pero el drama de la artista es que cuando miramos su obra, no vemos su arte, tan solo a quiénes la rodearon, convirtiéndola de un modo cruel en invisible.

Lo peor es que en el siglo XXI sigue ocurriendo. Y, sino me creen, otro día hablaremos de Siri Hustvedt.

Publicado en Diario de Ávila en mayo de 2019

Sobre el álbum ilustrado, el arte y la literatura

La literatura infantil y juvenil suele ser estudiada desde puntos de vista didácticos pero es la gran olvidada en los círculos literarios y artísticos, pasando por alto que es el primer contacto que tenemos los seres humanos con la palabra escrita y en algunos casos con el arte. Parte del problema reside en que la literatura infantil y juvenil tradicionalmente ha sido considerada un género menor, pese a que algunas de las obras que dieron lugar a este género, como Alicia en el País de las Maravillas, sigan siendo leídas a día de hoy y estudiadas en el mundo entero.

Hace siete años hice un estudio sobre el tema y la falta de bibliografía era apabullante. Desde entonces parece que el género está más tenido en cuenta pero, como siempre que hablamos de literatura infantil, no llega a tener el interés y el prestigio artístico que tienen cuando se habla del mismo tema enfocado para adultos. El estudio que se hace de este tipo de literatura queda relegado a las corrientes pedagógicas porque es un recurso muy utilizado por los maestros y los padres: sobre este aspecto, hay numerosos estudios. Sin embargo, muchas veces son obviados como las verdaderas obras de arte que algunos pueden llegar a ser, en un ámbito interartístico ya que lo que los hace verdaderamente especiales es la combinación de las artes verbales y las artes plásticas.

Las imágenes que encontramos en estos álbumes sirven, en primer término para completar la información que aparece por escrito, sin embargo, su utilidad va más allá, pues sirve para dotar a los niños de una cultura visual y gusto por la belleza. Al haber tal variedad de estilos de ilustración también trabaja el criterio propio, pues se ven obligados a elegir cuales les gustan más. A ciertas edades, la elección se va a basar en la imagen, no en el texto. El álbum ilustrado no solo es un género literario en sí, sino que, desde la perspectiva plástica podría ser considerado una forma artística innovadora, ya que ha abierto un nuevo mundo de posibilidades estéticas y de representación que se rinden a la belleza de estas pequeñas obras de arte. Por estos motivos, las ilustraciones también están avanzando, adaptándose a los tiempos, sin desdeñar las formas clásicas de ilustración. Respecto al ámbito literario, hay historias y narrativas para todos los gustos. Además de las historias que tienen tintes pedagógicos, podemos encontrar obras con marcado carácter poético, fantástico u onírico. Se cuidan las formas y las palabras, buscando la transmisión de mucho con poco y el goce de los sentidos desde muy temprana edad.

Cabe destacar que el auge del álbum ilustrado es tal, que en los últimos años las editoriales están llevando a cabo publicaciones de este tipo para adultos, con relatos cortos, poemas e incluso grandes novelas de autores muy conocidos. En estos casos se buscan ilustradores de renombre, que den al álbum un valor artístico añadido y como tal lo venden. Mientras tanto, el álbum ilustrado infantil, como toda la literatura orientada a la juventud, sigue considerándose menor y siendo tratada en un segundo plano por los círculos académicos. Quizás esto solo sea un síntoma más de la importancia que le damos al arte, la cultura y la infancia.

Publicado en Diario de Ávila en junio de 2023

Arte

Arte desde que el hombre es hombre, desde que tiene espacios para crear, desde que tenemos conciencia de nuestra existencia. Arte como medio de expresión, para comunicar las ideas más elevadas del ser humano. Para demostrar que una parte de nosotros trasciende el tiempo, el lugar y la experiencia, que formamos parte de lo universal, que estamos unidos por un vínculo superior a cualquier otro. Un jarrón de girasoles, una cabeza de mujer sobre un cuerpo de león, una sinfonía romántica, una escultura que acaba de vencer a un gigante o un tutú blanco.

Arte para celebrar, esa expresión que sirve también para divertirnos y disfrutar del tiempo que pasamos en la tierra. Para recordarnos de dónde venimos y quiénes somos, para entender nuestras vivencias, para crear sentimiento de pertenencia y comunidad. Unir a un pueblo no es fácil, pero es la experiencia artística, en sus distintas variables la que puede crear mejor que nadie momentos de comunión. Un vestido colorido, el sonido de una pandereta, un mantón bordado con infinitos flecos o un tacón golpeado contra el suelo.

Arte para denunciar, para expresar la situación humana y la necesidad de algo mejor. Una manera distinta de intentar cambiar la realidad, de soñar con mundos distintos de aportar tu granito de arena al cambio. Arte para desahogarse, para sentirse comprendido. Para comprender que la realidad no nos satisface, que la condición humana flaquea, arte para justificar que los humanos somos capaces de hacer cosas buenas. Un cuadro sobre un bombardeo en blanco y negro que tardó años en llegar al lugar al que pertenece, un grafiti en un muro de Irán que muestra a unos niños jugando cuyas sombras ya son unos soldados que se disparan, un poema que habla de la muerte de un poeta o mil páginas sobre las distintas maneras de ser miserable.

Arte para crecer y evolucionar, para dejar atrás lo que forma parte del pasado y ver el mundo de manera diferente. Para encontrar nuevas formas de expresión para nuevas formas de sentir. Para soñar con lo que vendrá, para adaptarnos al entorno mientras creamos una mirada nueva. La evolución de un caballo ruso, el vestido imposible que desfila por la pasarela, la impresión de unos jóvenes en barco huyendo hacia el amanecer, el movimiento que toma elementos de danzas anteriores pero con ellas crea nuevas experiencias, esa canción que su autor afirma haber tardado ocho años en componer, pero en su diario escribe que han sido más, las olas que golpean las palabras con su cadencia y cambian la historia de la literatura.

Arte para agradecer y homenajear, para celebrar a los que han sido y son, para recordar el lugar del que vienes y, en la distancia, crear un recuerdo constante. Arte para sacar a relucir nuestros buenos sentimientos. Las figuras sobre la pared de un hospital que recuerdan a otros artistas para reconocer la labor de los que allí trabajan, ese cuadro verde que recuerda los prados de Castilla en primavera o el libro de poemas que recuerda a la amada fallecida y su enfermedad.

Arte para olvidar. Arte para descender a los límites de lo humano cuando no se puede más. Arte para redimirte cuando vuelves a empezar. Arte para luchar, Arte para callar y para hablar. Arte para amar. Arte para llenar el mundo de belleza y trascender. Arte para comprender que hay más. Arte para ser, Arte para vivir. Feliz día mundial del Arte.

Publicado ayer en Diario de Ávila.