Viena negro sobre blanco

Que la literatura puede llevarnos de viaje es algo de lo que ya he hablado en este blog. Por ello, poco a poco, iré seleccionando distintos lugares y recomendando las lecturas que a mi me han ayudado a conocerlo mejor. Tanto si vas a viajar en persona, si te apetece rememorar un viaje o conocer un lugar nuevo, esta es tu sección. Debido a la temática vienesa que ha imperado en las últimas entradas, y para clausurar el tema, al menos de momento, comenzaré con la ciudad imperial: Viena. Pasen, lean y viajen.

Título: El Beso

Autora: Elizabeth Hickey

Traductor: Paz Pruneda Gálvez

Número de páginas: 384

Editorial: Punto de lectura

Es una novela histórica muy bien escrita y amable, que sirve para meternos de lleno en el mundo de Klimt, tan presente en la ciudad austríaca. En él Emilie Flöge, diseñadora de principios de siglo, creadora de los vestidos reforma e introductora de las modas parisinas en la capital vienesa, nos narra su relación con el famoso pintor. A día de hoy la figura de Flöge se está empezando a reivindicar, pero sigue pesando en exceso su relación con Klimt. Relación que a día de hoy desconocemos de que tipo era, pero si sabemos que lo último que el artista dijo antes de morir fue Emile. Por otra parte, todo el mundo cultural vienés aparece en sus páginas y es una introducción perfecta para la ciudad.

Título: Primavera de café: un libro de lecturas vienesas.

Autor: Josep Roth

Traductor: Carlos Fortea

Número de páginas: 185

Editorial: Acantilado

Este libro es un compendio de artículos periodísticos del autor vienés escritos tras el final de la I Guerra Mundial, donde se nos desentraña el día a día de los habitantes de la capital, abriéndonos las puertas al alma de la ciudad.

Título: La marcha Radezky

Autor: Joseph Roth

Traductor: Arturo Quintana

Número de páginas: 576

Editorial: Edasha

Esta obra nos narra através de una misma familia, el final del Imperio Autrohúngaro. El título, que hace referencia a la marcha más famosa de Joseph Strauss padre, es una ironía que refleja el final de una sociedad en decadencia.

Aunque solo haya seleccionado estas dos obras de Joseph Roth, el autor muchas de sus obras están ambientandas en Viena y sus lecturas son muy recomendables.

Título: La era del inconsciente. La exploración del inconsciente en el arte, la mente y el cerebro. Desde la Viena de 1900 hasta nuestros días.

Autor: Eric Kandel

Traductores: Genís Sánchez Barberán e Ignacio Villaro Gumpert

Número de páginas:703

Editorial: Paidós

Este libro no es una novela, es un ensayo del premio Nobel en medicina, Eric Kandel, explicando los mecanismos que subyace a la percepción del arte en nuestro cerebro. Pero es interesante desde el punto de vista que nos interesa, porque los primeros pintores que tuvieron esto en cuenta fueron los secesionistas, principalmente Gustav Klimt. En el ensayo se explica el desarrollo de la formación a nivel médico del artista, narrando con mucho detalle y gran vividez como era el ambiente en los salones de la época y lo que eso supuso para el arte, además de cómo fue aplicado.

Título: Mendel el de los libros

Autor: Stefan Zweig

Traductor: Berta Vias Mahou

Número de páginas: 57

Editorial: Acantilado

Al igual que Joseph Roth, solo he elegido esta obra del que seguramente sea el gran autor austriaco, pero se pueden elegir más de sus obras, como Carta de una desconocida. En Mendel el de los libros, Zweig se sienta en un café recordando al personaje que da titulo a su obra y, a través de la vida del librero, nos cuenta la situación de Viena en aquella época.

Título: Beethoven

Autor: Donald Francis Tovey

Traductor: Juan Lucas

Número de páginas: 260

Editorial: Acantilado

Este libro es, ni más ni menos, una biografía de Beethoven. No obstante está tan bien escrita que se hace accesible a los que quieran conocer por primera vez al genio de Bonn, como para sus más fervientes seguidores. Y para nota, añado una obra más: La nueve sinfonías de Beethoven de Marta Vela, que analiza una a una las composiciones del autor para orquesta.

Título: Alma Mahler, la novia del viento.

Autora: Susanne Keegan

Traductor: Luís Romero Haces

Número de páginas: 360

Editorial: Paidós

Otra biografía. En este caso nos narra la vida de Alma Mahler, mujer del prestigioso compositor austríaco, que después contrajo nupcias con el arquitecto Walter Gropious y finalmente con el novelistas Franz Werfel, pero fue amante de muchos grandes hombres de la época, permitiéndonos ver la evolución del arte a través de los tiempos, pero también como su carrera artística se vio influida no solo por su relación con ellos, sino también por su condición de mujer.

Título: Sissi

Autora: Ana Polo Alonso

Número de páginas: 418

Editorial: La esfera de libros

No podíamos pasar por alto a una de las figuras más fascinantes relacionadas con Viena. En esta biografía se explora el complejo carácter de la emperatriz más allá del mito y de la leyenda y, por supuesto, de las películas que la hicieron famosa.

Título: Mi maravillosa libreria

Autora: Petra Hartlieb

Traductor: Manuel Laguillo

Número de páginas: 170

Editorial: Periferica

Este libro nos aleja del centro de Viena y nos lleva a un barrio, donde Hartlieb dedició abrir su propia librería y contar la experiencia. Con ella, nieve o haga sol, disfrutaremos de un lugar en Viena en el que los libros son el núcleo de la comunidad.

Otros libros ambientados en Viena, que yo no he leído todavía pero que suelen aparecer vinculados a la ciudad son: El día que Nietzsche lloró de Irving D. Yalom, Sobre Pareja de John Irving, Juventud en Viena de Arthur Schnitzler o Una letra femenina de Franz Werfel.

Beethoven

El pasado miércoles se celebró el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven y después de un año pensando en escribir sobre él, le consagro este último artículo de 2020. Como no tengo formación musical, me van a permitir que escriba sobre él desde mi relación con su música. Y para ello, me gustaría volver con ustedes al 1 de enero. Para mí el nuevo año no empieza hasta el concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena y el último lo vi con mi amiga Barbarita, chelista de profesión y mi gran educadora en materia musical. Juntas disfrutamos de las melodías de la familia Strauss, del interludio dedicado al genio de Bonn y miramos los conciertos que iban a dar por toda Europa en homenaje al músico y que ya tenían las entradas agotadas. Para cuando mi amiga se fue a comer con su familia, mi propósito de Año Nuevo era oír en directo la Novena Sinfonía. Con este plan en mente, me puse el disco cuando me quedé sola tras la comilona y acabé en un maravilloso estado de sopor, con los ojos cerrados, a veces dormida, a veces despierta, pero acunada por la expresividad de la sinfonía más poética del compositor, arrullada por esa conocida melodía que alude a lo mejor de la humanidad. Recuerdo que para cuando volví a estar despierta del todo pensé que un año que comenzaba así, tenía que ser bueno a la fuerza.

A estas alturas ya se podrán imaginar que no he cumplido mi propósito de Año Nuevo, pero Beethoven no se ha separado de mí durante todo este tiempo. Y también que fue él quien me llevó de nuevo a un auditorio a comprobar que la cultura se ha adaptado extraordinariamente y es segura, y quien me hizo sentir el peso de todo el año. No fue la Novena, como yo quería, sino la Quinta. Quizá fuera el destino con el que muchas veces se ha asociado esta sinfonía, el que me llevó a un patio de butacas a escuchar esas cuatro notas que todos conocemos y sobre las que tanto se ha especulado, el destino llamando a tu puerta que dicen algunos. Pero allí, sentada, no pude dejar de encontrar una hermosa poética a estar oyendo la narración del descenso a los infiernos de Beethoven al notar que se quedaba sordo, como reencuentro con los escenarios, mientras recordaba con cariño aquel Año Nuevo que les he narrado y como los planes que ese día hice se desbarataron en una situación que, pese a los avisos, no vimos venir y cambió nuestro mundo para siempre.

Pero Beethoven siempre tiene espacio para algo más y el final de la composición poco tiene que ver con el principio. Esa misma obra llega a un momento de “calma tras la tormenta” que dijo Proust, y que el propio compositor debió de sentir gracias al arte que escribió que fue su salvación, pues de la intensidad dramática de la Quinta, fue transitando por las bellísimas Sexta, Séptima y Octava Sinfonías hasta esa oda a la Humanidad que es la Novena. Ese canto de esperanza, de amor al mundo, de optimismo. La obra de un hombre de mal carácter y sordo, que nunca pudo oírla y que aún así siempre me hace pensar en las cosas tan maravillosas de las que somos capaces los seres humanos. Cómo podemos encontrar la melodía en el silencio, la luz en la oscuridad. Doscientos cincuenta años después seguimos necesitando a Beethoven más que nunca.

Publicado en Diario de Ávila en diciembre de 2020