Club de Lectura. Noche. Sueño. Muerte. Las estrellas. De Joyce Carol Oates

Hola lectores,

Aquí os dejo el video del club de lectura de este mes, justo a tiempo para el fin de semana y para la segunda quincena de vacaciones.

El libro elegido este mes es Noche. Sueño. Muerte. Las estrellas. de Joyce Carol Oates. Es un libro que se sale un poco de los hasta ahora elegidos, en primer lugar por su longitud, que casi llega a las mil páginas, y segundo lugar por la temática. Hasta ahora habíamos leído libros relacionados con libros, más cortos y ligeros. En este caso nos encontramos ante una novela que aborda los temas habituales de la novelista americana, la violencia, la familia, la sociedad estadounidense o el racismo, y lo hace en una novela con muchos personajes que están afrontando un momento muy duro en sus vidas: la muerte de un ser querido, en este caso el patriarca de la familia McLaren. Cada uno a su manera intentará sobrevivir a la pérdida, en una novela dramática pero fácil de leer pese a su extensión, que nos hará reflexionar sobre muchos aspectos de la vida y la sociedad en que vivimos.

Que disfrutéis de esta lectura.

Título: Noche. Sueño. Muerte. Las estrellas.

Autora: Joyce Carol Oates

Traductor: Nuria Molines Galarza

Número de páginas: 902 páginas

Editorial: Alfaguara

Recomendaciones lectoras veraniegas para niños

Como ya hemos dicho anteriormente, los niños tienen que poder elegir que quieren leer. Pero, por si estamos con el modo veraniego activado y nos da pereza tomar decisiones, aquí tenemos unos libros que nunca fallan. Recordad que, cuando hablamos de edad recomendada en un libro infantil, siempre es orientativo.

SI TIENES UN PAPÁ MAGO

Autora: Garbiela Keselman

Ilustradora: Leire Martin

Número de páginas: 56

Editorial: SM. Colección Barco de Vapor, serie blanca

Edad recomendada: a partir de 6 años

Argumento: Los amigos de Chiqui están intrigadísimos. No se explican por qué el niño va siempre tan contento al colegio. ¿Qué misterioso truco puede conseguirlo? Una estupenda historia que muestra la necesidad de tener una buena relación entre padres e hijos.

LA BRUJA MON

Autor: Pilar Mateos

Ilustradora: Ana Gómez

Número de páginas: 72

Editorial: SM. Colección Barco de Vapor, serie blanca

Edad recomendada: a partir de 6 años

Argumento: Otro libro en formato poema que cuenta con cuatro historietas que tienen como protagonista a la bruja Mon. Con su vieja varita y las palabras mágicas se dedica a hacer travesuras. Pero, una y otra vez, intenta fastidiar a los demás y no se da cuenta de que, a veces, las cosas no salen como uno quiere. Un cuento en el que se muestra la importancia de hacerse responsable de los propios actos.

QUERIDA SUSI, QUERIDO PAUL

Autora: Christine Nöstlinger

Ilustrador: Julia Bereciartu

Número de páginas: 64

Editorial: SM. Colección Barco de Vapor, serie azul

Edad recomendada: a partir de 7 años

Argumento: Novela epistolar que, pese a los años que hace que se publico, sigue encantando a los lectores. Paul tiene que marcharse de su ciudad y dejar a su amiga Susi. A través de las cartas que se escriben, ambos irán dibujando la nueva vida que se abre ante ellos. ¿Volverán algún día a estar juntos? Una historia intimista sobre los problemas de adaptación y la importancia de la amistad en la superación de dificultades.

FRAY PERICO Y SU BORRICO

Autor: Juan Muñoz.

Ilustrador: Antonio Tello

Número de páginas: 160

Editorial: SM. Colección Barco de Vapor, serie naranja

Edad recomendada: A partir de 8 años

Argumento: Se trata del primer libo que ganó el premio Barco de Vapor, pero sobre todo, del libro que todos hemos leído y disfrutado. En el siglo XIX, la llegada de fray Perico y su borrico Calcetín va a trastornar la apacible existencia de los veinte frailes de un convento de Salamanca que viven haciendo el bien y repartiendo lo poco que tienen. El convento no tardará en vivir situaciones disparatadas, llenas de humor y alegría, gracias a este simpático personaje.Una divertida historia de aventuras sobre un fraile y su borrico.

LA JIRAFA, EL PELÍCANO Y EL MONO

Autor: Roald Dahl

Ilustrador: Quentin Blake

Número de páginas: 88

Editorial: Santillana. Loqueleo

Edad recomendada: A partir de 8 años

Argumento: La Jirafa, el Pelícano y el Mono son los mejores Limpiaventanas Desescalerados del mundo, y desean vivir contigo las más disparatadas aventuras. Para ello, contarán con la ayuda de un niño que sueña con tener una pastelería, de un excéntrico duque, una riquísima duquesa y un terrible bandido conocido como «El Cobra».

LA MÚSICA DE MOZART

Autor: Eliseo García

Ilustradora: Kasandra

Número de páginas: 32

Editorial: Susaeta

Edad recomendada: a partir de 5 años

Argumento: Los genios de la música también fueron niños una vez. Acompaña al pequeño Wolfgang Amadeus Mozart y a su hermana Nannerl en este mágico viaje guiado por la música, la imaginación y las estrellas. Disfruta de esta historia y descubre, al mismo tiempo, cómo suenan los instrumentos, pulsando el botón que encontrarás en cada página del libro.

DESCUBRE LA ARQUITECTURA

Autora: Berta Martí i Milá

Ilustrador: Eduard Altarribia

Número de páginas: 48

Editorial: Editorial Juventud

Edad recomendada: Para leerle de manera independiente, a partir de los 9 años. Pero pueden leer fragmentos acompañados o mirar las ilustraciones desde mucho antes.

Argumento: En la antigüedad los seres humanos construían sus refugios con todo aquello que tenían a mano, como ramas, hojas o pieles de animales, o bien se refugiaban en cuevas. Con el tiempo, estos simples refugios se transformaron en casas, que a su vez se convirtieron en asentamientos y poblados. Así, la arquitectura se convierte en algo que va más allá del espacio familiar, pasa a ser un asunto de la comunidad. De la casa se pasa a las construcciones comunes (templos, baños, teatros, etc.) y la necesidad de pensar y ordenar los espacios públicos (calles, plazas, mercados, etc.). Desde entonces, la mayor parte de la existencia humana se ha desarrollado rodeada de arquitectura. Este libro es un viaje a través de las formas en que las civilizaciones han abordado la construcción a lo largo de la historia. ¿Quién construyó las primeras casas? ¿Qué diferencia hay entre un arco y un arquitrabe? ¿Cómo se mantiene una cúpula? ¿Desde cuándo se utiliza el hormigón? ¿Se puede construir una casa con papel? Si quieres saber más sobre los edificios que nos rodean, esta entretenida guía ilustrada es una introducción perfecta a la arquitectura en todo el mundo. Desde las cabañas de barro de la historia antigua hasta los imponentes edificios actuales, podrás explorar edificios icónicos y obtener más información sobre las personas que los crearon. También descubrirás el desarrollo de diferentes materiales de construcción, desde el barro y la paja hasta el acero o el hormigón armado.

2. El verano es para descansar…¡y leer!

Por otra parte, preparar las vacaciones familiares es una gran alternativa para animar a la lectura y pasar tiempo de calidad en familia. Algunas editoriales tienen guías infantiles de distintos destinos para que los niños puedan conocer el lugar al que van a viajar, pero se puede utilizar esta actividad para aprender mucho más. Internet ofrece muchos recursos y la organización de un viaje es la excusa ideal para aprender a utilizar un buscador de internet y a seleccionar la información.

Además, se puede aprovechar para conocer la literatura del lugar de destino. Muchos son los títulos que se traducen hoy en día por lo que, si el destino está en el extranjero, el idioma no tiene porque ser una narrar, pero también se pueden buscar libros ambientados en el sitio que se va a visitar. Por otra parte, no tiene porque ser necesariamente una población específica, también se puede buscar por tipo de paisaje. También tenemos que tener en cuenta que a los niños les gustan distintos tipos de libros: unos prefieren la ficción mientras que otros se decantan por la no ficción y, en este aspecto, la organización de las vacaciones puede explorar los dos tipos de obras. Esto no lleva a otro asunto fundamental en la motivación a leer: la elección de los libros.

Este aspecto, como todos los aquí tratados hay que tenerlos en mente durante todo el año, pero el tiempo disponible hace que en verano podamos dedicarle más tiempo. Que sean los niños quienes eligen que leer no solo resulta motivado, sino que fomenta la capacidad de elección y el pensamiento critico. Por ello hay que dejar que observen y manipulen los libros. Que lean la contraportada, examinen las páginas interiores y miren la cubierta. Darles tiempo para elegir, pero también la seguridad y la satisfacción de saber que se pueden equivocar y, si lo hacen, no pasa nada. Saber que si eligen un libro que no les gusta no tienen la obligación de acabárselo y esto también es un aprendizaje. Sobre todo de si mismos, de sus gustos y su elecciones, pero también de que de las equivocaciones también se aprende.

Todos sabemos que los ligares más habituales para elegir libros son las bibliotecas y las librerías, a la que vayamos habitualmente o las que pueda haber en nuestro destino de viaje, que además pueden hacer de los libros allí comprados un bonito recuerdo, que es una experiencia agradable más que sumar a la motivación lectora. Pero el verano puede abrir una opción que genera muchos vínculos importantes: nuestros libros del pasado.

Quien más y quien menos guarda sus libros favoritos de la infancia y muchos de nosotros lo hacemos en lugares que no siempre son de fácil acceso, dado que no los necesitamos, o en las casas de los pueblos, de nuestros padres o de nuestros abuelos. En verano podemos aprovechar el tiempo que se nos brinda para compartir con los más pequeños esas lecturas que nos marcaron y que fueron importantes para nosotros. Podemos leerlos con ellos o permitirles que los descubran por su cuenta. Pero lo mágico, aquello que creara la verdadera experiencia lectora que recordaran, es compartir, que ellos sientan lo mismo que pudisteis sentir vosotros al descubrir el libro por primera vez, volver a vivir la experiencia de su mano y la conversación que esto puede generar. Se trata de esta preparados para dialogar con ellos, creando tiempo de calidad.

Finalmente, y antes de concluir estos consejo de lectura veraniegos, no queda un último aspecto fundamental. El ejemplo. Una imagen vale más que mil palabras y sacar un rato para leer en verano no solo motivará a vuestros hijos a leer. También será un rato de relajación y desconexión para vosotros: un momento fundamental de descanso y autocuidado, fundamentales para el bienestar y uno de los grandes objetivos del verano. Para todos.

1. El verano es para descansar… ¡y leer!

Todos estamos de acuerdo: las vacaciones son para descansar. Descansar, no tiene porque ser reposar, que también, y es que a veces el descanso simplemente consiste en desconectar y pensar en cosas distintas. Y esta máxima se aplica tanto para adultos como para niños. Y esta máxima aplica tanto para adultos como para niños.

Después de diez meses de largo invierno, que poco a poco la primavera diluye hasta que llega el verano y con él las ansiadas vacaciones, lo primero que tienen que hacer los más pequeños de la casa es disfrutar, descansar y desconectar de todo. Pasarlo bien: bañarse en la piscina o en la playa, jugar, reír, estar con la familia, conocer lugares nuevos o disfrutar de los ya conocidos. Si para los adultos las vacaciones sirven para reponerse del estrés de día a día y del trabajo, para los niños se aplica a la misma máxima, aunque con alguna salvedad. En primer lugar porque los niños tienen más tiempo para disfrutar del verano y en segundo porque la neurociencia ha demostrado que una desconexión absoluta durante los dos meses y medio de vacaciones tiene consecuencias negativas para el aprendizaje. La palabra clave para evitar esto es muy sencilla: lectura.

A día de hoy la lectura sigue siendo la base del sistema educativo y muchas de las consecuencias anteriormente citadas afectan directamente a las habilidades lectoras de los niños, con la carga que eso supone para las demás asignaturas, y podrían ser solventadas si mantenemos cierta rutina lectora. Es ahí donde entra el elemento clave que tenemos que inculcar a los niños desde pequeños. Leer, aunque es fundamental para su formación y el principal vehículo de aprendizaje, tiene que ser una actividad que disfrutemos y que relacionemos con nuestro tiempo libre. Y esto incluye el verano.

Para empezar, cabe destacar que la lectura puede colaborar al establecimiento de rutinas veraniegas. Al igual que los adultos, los niños agranden las rutinas pues entre otras cosas determinan para ellos tiempo y su transcurrir, además de ayudar a establecerse en el día a día y saber que esperar. Además hacen valorar la ruptura de las mismas. Aunque muchas veces entendemos el verano como esta ruptura, no es así. El periodo estival establece nuevas rutinas, distintas y más distendidas, pero rutinas a fin de cuentas. Además las vacaciones suelen traer consigo el inevitable aburrimiento, que tan beneficioso nos resulta a los seres humanos, del que ya he hablado anteriormente.

Además de que haya que dejarles aburrirse, sin máquinas ni pantallas, parte de las horas más tediosas del día se pueden dedicar a establecer una rutina de lectura. Estas horas suelen ser después de levantarse y, sobre todo, de comer, que coincide con las horas de más calor del día y en las que, además, no debemos bañarnos- Encontrar ahí un rato para la lectura puede jugar a nuestro favor, aunque ha de ser cada uno el que elija el momento que mejor le va para leer.

Aprovecho aquí para recordar que, por mucho que les gusten y les tengan entretenidos, las pantallas no son beneficiosas para el desarrollo cerebral de los niños, sino que perjudican al mismo. Por este motivo, su uso debe estar restringido y nunca superar las dos horas. Cuando hablamos de pantallas no solo se incluye el móvil o la tablet. También los videojuegos y la televisión. La tentación de incrementar este tiempo durante el verano es grande, pero preferible un ocio saludable al aire libre.

Continuará…

Quiero escribir como la Generación del 98

Quiero escribir como la generación del 98 como respuesta al lenguaje soez que abunda en nuestros días, como búsqueda de la elegancia y belleza que parecen olvidadas, como principio vital por el que rechazo la constante violencia y enfrentamiento al que nos vemos sometidos miremos por donde miremos. Todo vale, pero luego nos llevamos las manos a la cabeza, fingimos no comprender y exigimos responsabilidades por lo que estamos creando entre todos.

​Quiero escribir como la generación del 98 porque yo también me siento desencantada con la sociedad que me ha tocado vivir, para poder sobrevivir a los tiempos de crisis que imperan en nuestro días, no económica, que también, sino moral y social. Cada vez son más las personas que sufren, por distintos motivos y de diferentes maneras, pero somos incapaces de atajar este problema y parece que realmente no nos importa. Porque estamos perdiendo los valores humanos que hacen avanzar a la sociedad y sin ellos nos precipitamos al vacío, un vacío donde necesitaremos un lenguaje bello que nos rescate, unas reflexiones pausadas que, aún cargadas de pesimismo, puedan guiarnos de nuevo hacia la humanidad que subyace en nosotros y que es la clave de la regeneración social. 

​Quiero escribir como la generación del 98 porque esta también es consecuencia de una revolución pedagógica, porque si sus autores, pese a sus gran variedad y sus distinciones, llegaron a conclusiones comunes y características representativas, fue por su relación con la Institución Libre de Enseñanza, que cambió los paradigmas pedagógicos y demostró la importancia de la educación y su funcionamiento al margen de la política y los planes de aprendizaje oficiales, como respuesta a los límites de la educación formal.

​Quiero escribir como la generación del 98 porque además de belleza, en ella se desarrolló toda la cultura de su tiempo. Los valores filosóficos que se expandían por Europa llegaron de su mano a nuestro país, mientras que el impresionismo que surgía en París apareció en España en su lenguaje sencillo y sus frases cortas; en su predilección por el habla del pueblo y de la literatura hermosa que todos pueden comprender y por su interés en que aquellos que no sabían leer pudieran hacerlo.

​Quiero escribir como la generación del 98 porque, pese a su pesimismo implícito, captaron la belleza castellana como nadie lo ha vuelto hacer: vieron en sus paisajes el rigor de la historia, la hermosura del vacío, la expresión del color. Porque comprendieron la tragedia de una tierra venida a menos que amparada en el pasado no evoluciona y se pierde por momentos, que encarna una nueva acepción de lo miserable y que, desde sus tiempos, no ha ido a mejor.  Revitalizaron el romance para hablar del amor que sentían por Castilla. Intentaron modernizarla sin perder su esencia, y en los lugares donde llevaron a cabo sus planes educativos aún se nota el valor de la cultura, pero también intentaron castellanizar el resto del país.

Quiero escribir como la generación del 98 porque, aunque al volver la vista atrás se vea la senda que nunca se ha de volver a pisar, todo se repite y siempre recorremos la misma ruta. Por ello, para los tiempos de crisis, necesitamos un espacio seguro para la expresión y la reflexión que pueda volver a llevarnos al camino que se hace al andar. Ese lugar ha sido siempre el arte y la cultura, pero hasta estos a veces parecen afectados por la crisis de nuestros días. ¡Oh, angustia! Pesa y duele el corazón… Quiero escribir como la generación del 98 para dar salida a la frustración que supone la realidad que nos ha tocado vivir.

Publicado en Diario de Ávila el 27 de mayo de 2023

Los otros

Que Virginia Woolf cambió la historia de la literatura es un hecho de sobra conocido por todos. Para sus lectores, lo que nos atrapa es su manera de escribir, su constante evolución y sus formas novedosas: uno nunca sabe qué va a encontrarse en cualquiera de sus libros, pero si sabe que van a ser necesarias (y deseadas) futuras relecturas para captar todo lo que hay en la obra. Leer a Virginia Woolf siempre asombra. Para la gente menos interesada en la literatura, Virginia Woolf es en sí misma una leyenda: por lo que representa para el feminismo y la diversidad. Tan fuerte es su figura que ha sido capaz de eclipsar a quien la quiso en vida. El grupo que se generó en torno a ella y a sus hermanos, Bloomosbury, es conocido. Pero individualmente algunas de sus personas más brillantes solo son recordadas por su relación con la escritora, como su marido, Leonard Woolf, su amante, Vita Sacklville-West, y su hermana, Vanessa Bell.

Leonard Woolf fue un pensador, escritor y político muy relevante: fue una de las mentes detrás de La Sociedad de Naciones, el germen de la ONU. Fue miembro del parlamento y director de numerosas revistas culturales y políticas de la época. Fue la cabeza detrás de Hogarth Press, la editorial que fundó con Virginia con el objetivo de darle una actividad manual que contribuyese a su bienestar, pero que acabó siendo una empresa importante que no solo publicó las obras del matrimonio: Freud, T. S. Eliot y Katherine Mansfield pasaron por sus prensas. También publicó varias novelas y libros de relatos, amén de una autobiografía en varios tomos en la que reflexiona con gran juicio y pensamiento crítico sobre su vida y su labor. El último tomo es el único que se puede leer en castellano y ha sido rebautizado como “La muerte de Virginia” aunque ese no es su título original ni el tema principal.

Vita Sacklville-West formaba parte de la nobleza británica y dedicó su vida a la escritura y al diseño de jardines, como el de su casa familiar, llegando a combinar ambas facetas en el libro “Mis Flores” en el que con una delicadeza sin par describe sus veinticinco flores favoritas sin resultar repetitiva ni cargante, todo un ejercicio de maestría. Sin embargo es en su novela “Los eduardianos” donde se consolida como escritora, una obra en la que retrata el fin del estilo de vida de la nobleza inglesa.

Finalmente su hermana Vanessa tuvo (y sigue teniendo) que lidiar con algo más que ser la hermana de Virginia Woolf: era pintora. Si en literatura era difícil que una mujer se abriera paso, en las bellas artes lo sigue siendo a día de hoy. Sin embargo ella fue la que introdujo el impresionismo en Inglaterra y pasó largas temporadas formándose en París. Pero, pese al aprendizaje en Francia, desarrolló un estilo propio en el que los rostros eran meras insinuaciones y era el entono lo que desarrollaba la psicología del personaje, una suerte de transición entre el impresionismo y el expresionismo. También pintó muebles y frescos en su casa. Sobra decir que sus obras más famosas son los retratos de su hermana y las portadas de sus libros. A día de hoy solo una galería londinense ha hecho una retrospectiva de su obra y solo existe un libro sobre su labor artística.

Y aquí concluye mi pequeño homenaje a estos artistas que fueron eclipsados por Virginia Woolf y de los que podemos disfrutar pese a “solo” ser los otros.

Publicado en Diario de Ávila el 24 de junio de 2023.

De raíz

¿Estaban ustedes la víspera de San Segundo en el Chico, viendo a Nuevo Mester de Juglaría? Si es así, y aquí alguna de mis lectoras habituales estará asintiendo, seguro que compartieron la magia de aquella velada. Ya no solo por la calidad musical de los segovianos y el repertorio por todos conocido; la tarde del lunes pasó de concierto a fiesta como en pocas ocasiones pasa. La jornada del primero de mayo, la plaza mayor de Ávila estaba llena. La gente cantaba y disfrutaba, pero también bailaba. El encanto fue más allá de la fiesta y la diversión, tuvo que ver con lo que nos cuenta: identidad y raíces, cultura compartida.
Todos los conciertos suelen tener una conexión que trasciende a la música, que une a los asistentes y en este caso, lo que se celebraba era algo que no siempre tenemos presente: que venimos del mismo lugar y tenemos un pasado y un folclore común. El éxodo rural tuvo un efecto nefasto en la cultura popular. Por evitar una identificación con el pueblo de las personas que iban a las capitales, dejaban atrás estas tradiciones que, unidas al surgimiento de la televisión, estuvieron a punto de hacer desaparecer nuestras músicas y danzas. Afortunadamente siempre hemos contado con gente que ha entregado su tiempo no solo a la recogida de estos, sino a su difusión y, en casos como el del Mester, a la puesta en valor desde el disfrute y la fiesta. Los integrantes de la banda segoviana, lejos de molestarse porque hubiera otro foco de atención, animaban a los asistentes a unirse a la danza. Gente de diversas edades, que no siempre nos conocíamos, bailábamos juntos, nos sonreíamos y disfrutábamos. Los pocos niños que había empezaban bailando a lo loco, hasta que alguien les enseñaba cómo hacerlo bien y ponían toda su atención en ello. Pero, mientras veía el goteo de gente y me unía a él, no dejaban de saltar las alarmas en mi cabeza. La media de edad del concierto era alta y aunque había gente joven y niños, no los suficientes.
En términos musicales, el folk sigue vivo. Por un lado, la buena música es atemporal y trasciende a las modas. Por otro, hay cantantes y bandas que se dedican al género, que continúan con la tradición. También hay grupos de danza muy activos y hasta se ha propuesto la jota como candidata a Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, por lo que el futuro inmediato parece garantizado. Pero temo que la cultura del pueblo, si queda a expensas de quienes se dedican a ella, sin que la gente conozca las canciones y sepa bailarlas, aunque sea malamente, la fiesta que genera y todo lo que representa desaparecerá y ocurrirá con ella como con tantos otros aspectos de la cultura: quedará relegados a una minoría. Si no enseñamos quienes somos través de nuestras tradiciones, dejaremos de ser y perderemos nuestra propia esencia. Y será una pérdida más para la sociedad. Como hablar con cortesía a los demás. O ser agradecidos con la gente que lo merece. O el respeto al rival. O cultivar la paciencia frente a la inmediatez que parece ser obligatoria. O que nuestros representantes electos sean modélicos en el trato entre ellos y hacia los demás, independientemente de sus ideas. Será otra muestra más del declive en valores que estamos viviendo. Y, lo peor de todo, es que cuando perdemos de vista quienes somos la manera de recuperarnos es volver a nuestras raíces.

Publicado ayer en Diario de Ávila.

Imagine

Tras la vuelta de las Navidades, nos vamos adaptando de nuevo a la rutina. Por ello, hoy quiero aprovechar para hacer un alegato a la habilidad que diferencia al hombre del resto de animales: la imaginación. Podríamos pensar que son otras capacidades, pero salvo la capacidad de pensar en el futuro, no se ha descubierto otra destreza que los animales no posean, aunque sea en dis- tinto grado. Es lo que nos permite leer, escribir, investigar, desarrollar habilidades matemáticas, descubrir, inventar… Nuestro desarrollo cerebral nos permite prever qué va a ocurrir a continua- ción, a corto, medio o largo plazo en base a nuestros conocimientos. Esta predicción puede ser más o menos acertada o realista, pero en realidad, el mero hecho de poder hacerla es la mayor magia que se obra en el cerebro humano. Sin embargo, a esta magia le están saliendo enemigos.
La era digital tiene sus pros y sus contras y ha acarreado nuevas enfermedades cataloga- das por la OMS como la adicción a las nuevas tecnologías. La dependencia, da igual el nivel, de las pantallas es uno de los grandes adversarios de la creatividad. Siempre se ha dicho que la tele (y ahora el resto de aparatos electrónicos) atrofiaba la imaginación y esta frase tan manida tiene una razón neurobiológica. El cerebro funciona con estímulos y uno de los más elevados es la imagen. Cuanto más completa es, más alto el estímulo. Así pasamos de la pantalla, a los vídeos y de ahí al más alto: el videojuego. En ellos, la imagen reacciona a las órdenes del jugador. Si ex- ponemos a los niños continuamente a este impulso, todo lo que quede por debajo, que es lo normal, dejará de funcionar, pues el cerebro necesitará más para funcionar al mismo nivel. Este patrón tiende a fortalecerse, sus efectos negativos se perpetúan y a la larga produce falta de concentración, interés e imaginación.
La falta de capacidad para el aburrimiento está muy relacionada con lo anterior, pues en muchas ocasiones, cuando los niños se aburren y molestan, acaban con una pantalla entre las manos. Hoy en día hay una tendencia muy alta a condicionarlos con las nuevas tecnologías para que no molesten. Solo tienen que mirar los bares y restaurantes para ver cómo conseguimos que se porten bien. Sin embargo, los adultos necesitamos saber aburrirnos, pues es en esos momen- tos de no hacer nada cuando nos dedicamos a la introspección, pensamos en quiénes somos o en qué queremos cambiar. Por ello, saber aburrirse es imprescindible. En la infancia, los periodos de aburrimiento son igual de importantes. El aburrimiento es tiempo para nosotros mismos, e igual que a los adultos nos sirve para la reflexión, a los niños también les ayudará para conocerse a sí mismos. En estos periodos ociosos, los niños trabajan la imaginación, sueñan, crean en su mente, pero también surgen preguntas. Estas preguntas les van a llevar no solo a aprender, sino también a intentar encontrar respuestas, lo cual les ayuda a construirse a sí mismos y determinar quiénes son.
Pero en el mundo tecnológico, todo esto parece fuera de lugar. Las prisas y todas las op- ciones que se nos presentan no siempre dejan tiempo para pensar. Y mucho menos para soñar.

Publicado en Diario de Ávila en enero de 2020.

A la sombra del árbol violeta.

Este verano descubrí un libro de esos que creo que debería leer todo el mundo. O, en su defecto, ver la película si la hacen. Es una historia escrita por una narradora iraní, Sahar Delijani, que cuenta el ambiente en que nació y creció. Delijani es hija de opositores al régimen de Jomeini. Sus padres participaron en la revolución de 1979 y, al no resultar como esperaban, hicieron oposición pacífica al estado. Pero ya se sabe que las dictaduras tienden a estar reñidas con la libertad de expresión y aquellos que no estaban de acuerdo, fueron a dar con sus huesos en la cárcel. Algunos salieron, otros no y muchas mujeres, como la madre de la autora, entraron embarazadas y en prisión nacieron sus hijos. Cuando al fin consiguieron salir, se vieron forzados a emigrar de un país que los había vuelto la espalda. Y todo esto es lo que narra Sahar Delijani en su obra “A la sombra del árbol violeta”.
La historia, inspirada en los recuerdos de la escritora, pero no narrada en primera persona, va más allá de la mera descripción de situaciones. Profundiza en temas como qué implica dar a luz siendo presa, esperar el indulto o la muerte, la fuerza que da saber que tus hijos te esperan fuera o el sacrificio de los familiares para sacar adelante a esos niños. Con historias breves toca temas tan profundos como la lealtad, el sacrificio, la pérdida o la esperanza. Pero, para mí, lo más importante es la capacidad de esta obra para remover conciencias. Cuando la lees, no puedes cerrar los ojos, como acostumbramos a hacer. La realidad de Irán, que es la de muchos otros países, se hace tan brutalmente presente que es innegable. Una historia trascendente que no solo nos hace plantearnos qué hacemos desde nuestra actual posición, sino que nos enfrenta al pensamiento de lo que haríamos si estuviéramos en la situación de los protagonistas.
Enfrentarse a la realidad. Al propio ser. Cómo seríamos y cómo actuaríamos ante otras circunstancias distintas a las propias no es algo que consiga cualquier escritor. Solo las historias más auténticas, cuando están bien narradas, consiguen que nos encaremos al espejo de la verdad. La respuesta puede gustarnos o no, pero enfrentarnos a nuestro reflejo es un ejercicio que todos deberíamos afrontar. Observarnos como somos, plantearnos si nos gusta nuestra imagen, no la superficial, la que sonríe o hace muecas en el espejo, sino la interna, la que subyace. Ver qué nos gusta, qué debemos potenciar o qué hay que cambiar. Porque tarde o temprano nuestras circunstancias pueden trastocarse, como ya hemos visto, y tendremos que enfrentarnos al mundo sin conocernos bien. Por otra parte, por mucho que nos comprendamos, que hayamos contemplado nuestro reflejo, podemos hallar sorpresas, positivas y negativas. Y como el cambio es constante en el mundo, nosotros mismos volveremos a transformarnos también. Pero evolucionar es más fácil cuando sabes de dónde partes y a dónde quieres llegar. Hablando de llegar, yo ya he llegado al final de esta columna. Poco más puedo añadir, a parte de mi elogio a la literatura (y los literatos) que nos hacen pensar y nos remueven los cimientos. ¡Ah, sí! Y recomendarles que lean “A la sombra del árbol violeta”.

Publicado en Diario de Ávila en octubre de 2020.

¿Preparados para aprender a leer?

Aprender de leer es uno de los procesos más complicados a los que se enfrentan los niños a lo largo de su vida. Leer no solo implica identificar símbolos, también implica comprenderlos y para poder llevar a cabo este aprendizaje es fundamental estar listos para hacerlo y esta preparación no siempre es tenida en cuenta por los programas educativos.
La adquisición de la lectura supone la integración de procesos lingüísticos y visuales, así como el empleo de mecanismos de asociación con representaciones previamente instaladas en el cerebro. En un primer momento el ojo capta la imagen visual y, a través de un neurotransmisor pasa a cerebro, que desentraña el signo escrito y lo dota de significado. Leer consiste en un complejo conjunto de procesos cognitivos. Cuanto más compleja es la lectura, más zonas del cerebro participan en su elaboración. Los procesos cognitivos implicados en la escritura se corresponden y complementan con los de la lectura.
Habitualmente los niños llegan a la educación primaria sabiendo leer y escribir, aunque no es obligatorio, pues el nivel de maduración cerebral en los niños es desigual. Esta madurez no es más que el nivel de mielinización de las neuronas. Esta mielinización es el proceso por el cual se crea la mielina, una capa aislante alrededor del nervio, que favorece que los impulsos nerviosos ganen en velocidad y se produzca una mayor sincronización en las neuronas para llevar a cabo el proceso de comunicación de mensajes. Este proceso comienza durante la gestación y tiene su periodo de mayor desarrollo en los dos primeros años, disminuyendo progresivamente a medida que nos vamos haciendo mayores, pero estando presente hasta los 20 años. El aprendizaje de la lectoescritura es distinto en cada niño ya que depende del estado de este proceso por un lado, pero también de la adquisición de diversas destrezas. El momento más habitual suele ser en torno a los cinco o seis años, pero hay niños en que aparece antes y en otros después. Un adelanto o retraso en este proceso no tiene porque tener relevancia a nivel cognitivo. O dicho de otra manera, que aparezca antes no tiene porque significar que el niño tenga altas capacidades y que aparezca después no tiene porque significar dificultades, aunque en ambos casos se pueda dar la situación.
Para comenzar con éxito la enseñanza de la lectoescritura, se requiere que el sujeto posea una serie de capacidades y habilidades que hacen que una persona pueda aprender con facilidad a traducir oralmente el signo escrito. Muchas veces no nos paramos a pensar todo lo que implica aprender a leer y a escribir, pero son procesos mentales complejos y con la adquisición de la misma alcanzamos una serie de funciones mentales que nos acompañaran toda la vida. Algunas de estas son: transformar el grafismo en su equivalente sonoro, atribuir significado al grafismo o desarrollar el pensamiento propio. Tampoco nos paramos a pensar en todas las destrezas que son necesarias para poder enfrentarse a este aprendizaje. Para poder hacerlo con éxito el niño debe haber adquirido factores como la agudeza y discriminación visual y auditiva; la habilidad fono articulatoria, conocimiento del esquema corporal o la localización y la orientación espacial y

temporal. Por no hablar de lo fundamental que es el desarrollo de la motricidad fina y la coordinación visomotriz,
Por todo ello, el aprendizaje de la lectoescritura tiene que tener siempre muy presente el desarrollo del niño. ¿Cuál es el problema? Que desde que los alumnos pasan a primaria el sistema educativo está basado en que sepan leer sin respetar estos plazos. Es cierto que lo normal es que durante primero se pongan al día, pero el hecho de que tarde un poco más suele generar ansiedad en los adultos que, a su vez, se lo trasladan a los niños. Aunque se puede acompañar y estimular, y por supuesto hay que estar atentos a que no haya más señales que puedan significar dificultades que necesiten un diagnostico específico, además de dar un apoyo constante si la lectoescritura se retrasa, no debemos olvidar todo lo que lleva detrás este proceso.