
Hace dos semanas, en mi último artículo, acababa diciendo que algún día hablaría de Siri Hustvedt. Y pensaba hacerlo, solo que no tan pronto. Sin embargo, hace unos días recibí mensajes de varios amigos comentando que le habían concedido el premio Princesa de Asturias de las Letras 2019. Por eso, es el momento de hablar sobre ella, homenajeando el título del artículo que escribió titulado “Mi Louis Bourgeois”, a su vez inspirado en “Mi Emily Dickinson”, de Susan Howe.
A decir verdad, la noticia me alegró mucho. Lo merece, sin lugar a dudas. Mi Siri Hustvedt es una mujer brillante, luchadora, con una formación tanto en artes como en ciencias que debería ser el paradigma del conocimiento actual. Doctora en Filología inglesa con una tesis sobre Dickens, también ha estudiado psicología. En este campo, su interés vino motivado por sus fuertes migrañas, de las que habla en uno de sus libros, especializándose en neurociencia. En la actualidad, escribe en revistas científicas y médicas e imparte conferencias sobre el tema, al mismo tiempo que también ha desarrollado estudios sobre filosofía, centrados en la figura de Kierkegaard. Hustvedt es una feminista reflexiva y posee una sensibilidad artística sin límites. No en vano, además de todo lo anterior, su oficio es el de escritora y sus novelas han sido traducidas a más de veinte idiomas. Mi Siri Hustvedt es un modelo de mujer moderna y preparada, el espejo en el que quiero verme reflejada.
Sin embargo, a pesar de todo, lo normal es que siempre la mencionen con otro título: la mujer del novelista Paul Auster. Con este curriculum, es muy duro en el siglo XXI ser conocida como “la mujer de” y es algo contra lo que mi Siri Hustvedt lleva luchando desde que contrajeron matrimonio. Seamos realistas, por muy erudita que sea, siempre que se habla de ella, el nombre de su marido sale a colación, cosa que no pasa al contrario. A mí me gustan mucho los dos, y como pareja me encantan, pero de la misma manera que ella nunca ha hablado de él ni de su matrimonio en ninguna de sus obras, Auster si lo ha hecho en varias ocasiones, y nunca se le ha calificado como “el marido de”.
El verano pasado, en la universidad de Columbia, en Nueva York, alma mater de ambos, vi otro indignante ejemplo de esta situación. En su librería colgaban banderas con las caras de los alumnos más ilustres, Obama entre ellos, y también Auster, que solo tiene una licenciatura. Pero Hustvedt, con su curriculum y doctora por esta universidad, no aparecía. Es más, mientras que de Auster tenían casi todas sus novelas, de ella apenas había libros. Esto me lleva a reformular mi tesis de hace dos semanas: las mujeres brillantes que se rodean de hombres que destacan también, acaban siendo invisibles.
Sin embargo, el pasado miércoles, la cobertura de la noticia fue bastante favorecedora. Apenas mencionaron a Paul, solo para informar que son la primera pareja en conseguir este premio (Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina deberían ser la segunda) y que lleva toda su vida luchando contra el “mujer de”. Por lo demás, hablaron de muchas de las cosas que hacen grande a mi Siri Hustvedt. ¿Habrá sido un paso adelante?
Publicado en Diario de Ávila en junio de 2019.
Es muy recomendable ver el discurso que dio al recibir el premio.
Por otra parte, pese al valor que se le dio en si misma a la autora al recibir el premio, hubo un periódico que dentro de la cobertura de los premio publicó el titular ‘El novelista Paul Auster de cañas con su mujer por Oviedo’.










