CRÓNICA DE UNA MALETA PESADA 

El interior de la maleta de libros del año pasado

(CARGADA DE LIBROS, CLARO)

La maleta de los libros no es cosa menor, o como dijo un presidente, es cosa mayor. Párese usted a pensar si tiene que elegir libros para dos meses, cuánto tardará en buenas narraciones seleccionar. Pues uno nunca sabe que le apetecerá leer, si habrá historias suficientes para tanto tiempo rellenar. Yo hago listas y listas y pienso en la sombra del árbol bajo el que leeré mientras sus hojas me abanican. Cuando pienso que ya he elegido suficientes, me doy cuenta de que no es cierto, de que me faltan páginas que me refresquen. 

Hay de todo en la maleta más maravillosa sobre la faz de la tierra: la llamamos la maleta de libros, tiene ruedas, es de tela y se estira que no veas. Es increíble la cantidad de volúmenes que caben en su habitáculo y una vez cerrada puedes meter alguno de propina, pues sigue habiendo espacio. Por eso, pese a que haga muchas listas, siempre acabo metiendo más, no vaya a quedarme sin lectura. Y sobra decir que al final, siempre se me olvida algún libro fundamental, justo ese, el que no sabía que necesitaba leer pero una vez metida en harina, no puedo pasar sin él. 

O te apetece releer los libros que más te gustan, los que lees siempre, pues son como un hogar al que siempre regresas cuando la paz buscas. Yo este problema ya lo tengo solucionado: mis libros esenciales tengo por duplicado, en mi casa y en la de mis abuelos, si quiero leerlos los tengo al momento. Dirá el lector práctico: ¿no sería más fácil tener un ebook? La respuesta es: NO, el lector clásico sabe lo que digo (aunque tengo libro electrónico, de su practicidad no dudo, pero la limito).

Qué cosa tan curiosa es planificar las lecturas de los próximos dos meses, cuando no sé que leeré al acabar este libro tan bonito ni la semana que viene. Sin embargo, hay algunos que sí, que desde el inicio, sabes que quieres leerlos ahí, cuando lleguen las vacaciones y puedas perderte entre sus páginas sin más obligaciones. 

¿Les cuento la parte chunga de la historia? En casa de mis abuelos, los libros también sobran, pues tengo una biblioteca apasionante, de esas con estanterías de madera, chimenea y un cheslón bien grande. Así que también tengo lectura allí, pero es fundamental llevar lo que quiero leer desde aquí. 

Lo mejor es que da igual qué libros que elija, algunos los leeré y otros volverán sin haberse abierto, compraré muchos nuevos y el maletero volverá repleto. Igual al lector le parece que tengo un problema: no lo negaré, aunque no pienso tratarlo, pues no me importa. Puede que  a usted también le pase. Enhorabuena, es algo muy disfrutable. 

Antes de acabar este artículo, me gustaría dedicárselo a un amigo que jamás vivirá este drama, pues cuando el verano asoma sabe qué libro leerá, lo tiene previsto desde que el calor retorna. Es siempre el mismo y de esas vacaciones no pasará sin acabarlo, pero a la hora de la verdad, solo traslada el volumen de la estantería a la mesita, donde lo olvida sin piedad. Hasta yo me sé ya el argumento del ansiado ensayo con el que nos metemos con él cuando anuncia que el momento de leer ha llegado. ¿Y saben lo que les digo? Que nunca lo acabará, pero no pasa nada, pues las vacaciones, ante todo, son para descansar. La suerte que algunos tenemos es que entre las páginas nos perdemos y mientras reposamos, mil aventuras viviremos.

Publicado en Diario de Ávila en julio de 2025


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